Ayotzinapa: 43 nombres en silencio y sin respuestas

Redacción Animal Político · 26 de septiembre de 2025

Me senté a escribir este texto con hechos y narrativas colisionando en mi cabeza, tratando de ordenar las ideas para comenzar a tejer un artículo. ¿Realmente qué pasó la noche del 26 de septiembre? Y tras todas las versiones y especulaciones existentes, el pensamiento en el que me estaciono involuntariamente es “no es posible que a 11 años sigamos sin respuestas concretas”.

La mañana del 27 de septiembre de 2014, unas semanas después del regreso a clases de la mayoría de estudiantes en México, las noticias se inundaron con la historia de la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas. No pasó mucho tiempo antes de que otras comunidades estudiantiles comenzaran a exigir respuestas, a formar ríos de mantas, carteles y gritos de exigencia por las calles de nuestro país. La trágica ironía de que estos estudiantes hayan desaparecido mientras se dirigían a la conmemoración de otra matanza masiva estudiantil a manos del Estado en 1968 se convirtió rápidamente en rabia e indignación.

A inicios de septiembre de este año, padres de los normalistas desaparecidos se reunieron con la presidenta Claudia Sheinbaum en búsqueda de información y actualizaciones sobre la investigación que sigue llevándose a cabo para descubrir realmente qué pasó con los 43 estudiantes. El grupo de padres y madres se quedó con la misma frustrante respuesta de siempre: “estamos en trámites”. A más de una década de irregularidades y versiones contradictorias, las familias de estos estudiantes y el país entero seguimos esperando justicia, cada vez con más cansancio.

Una de las primeras versiones de estos sucesos afirmaban que el grupo no estatal, Guerreros Unidos, había sido el responsable de estas desapariciones, pero la implicación y participación de las autoridades federales se volvió inevitablemente visible. En México, la guerra contra el narco sigue siendo una perfecta narrativa de encubrimiento, la cual permite generar un enemigo público al que hay que temerle, digno de nuestra rabia y responsable de todos los males del país; pero las fronteras entre ellos y el Estado son cada vez más difusas.

Las desapariciones como una constante

Hace algunos meses, la bióloga Becky Bios creó un Kit Forense pensado en funcionar como herramienta en caso de una desaparición. Ella comenta que este kit debe resguardarse en un lugar donde otros miembros familiares puedan encontrarlo, con elementos que apoyen un proceso de búsqueda tras una desaparición forzada. Algunos ejemplos para elaborar el kit incluyen una prenda que hayas usado todo el día y que huela a ti, uñas o pelo que contienen tu ADN , fotografías actualizadas de tu rostro, tatuajes en caso de tenerlos, señas particulares, entre otras cosas.

Planear un kit para que nos encuentren en caso de desaparecer es innovador y al mismo tiempo desgarrador. ¿Qué pasa en Latinoamérica para que la desaparición forzada sea una realidad tan cercana, al punto de que tengamos que prepararnos para ella? ¿Cómo es posible que las autoridades cooperen tan poco que han sido las madres buscadoras quienes toman liderazgo y encuentran más personas desaparecidas que el Estado, como fue el caso de los restos y pertenencias de más de 200 personas encontradas en el Rancho Izaguirre, en marzo de este año?

Las desapariciones forzadas no son casualidad,  son control social. El temor latente a desaparecer en México (sobretodo si se vive como mujer, disidencia, o en vulnerabilidad) nos sigue como una sombra helada, nos recuerda el mensaje de los territorios de impunidad que habitamos, de la desidia del gobierno, de la militarización como otra pieza perfecta para la violencia.

Cuando nos inunda la desesperanza, que se oiga más fuerte

El discurso de las autoridades prevalece a través del tiempo. “Estamos trabajando en ello”, “no hay respuestas aún”, “faltan trámites”, enjuague y repita. ¿Qué se hace cuando la impotencia puede más que la esperanza? ¿Cómo enfrentamos vivir en un país donde al menos 40 personas son desaparecidas cada día?

Un minuto de silencio no es suficiente. Nos queda seguir gritando cada uno de los 43 nombres de estos estudiantes, ¡vivos los queremos! Continuar caminando por las calles con sus rostros en mantas, jamás dejar que se nos olviden. Resistir y abogar para que la justicia se haga efectiva, cuestionar los roles de las autoridades y Fuerzas Armadas, construir visiones críticas e informadas sobre el contexto político de nuestro país.

Hasta que la represión estudiantil deje de ser una norma en Latinoamérica, que dejemos de vivir con miedo de no volver a casa, que la militarización deje de ser un modo más para abusar del poder. Nuestra rabia sigue presente.

* Pol Rodríguez es diseñadora multidisciplinaria por el INBA y maestra en Prácticas de Desarrollo de Regis University. Le apasiona compartir información sobre políticas de drogas y modelos de reducción de riesgos y daños por uso de sustancias, así como dignificar a las personas usuarias en sus distintas interseccionalidades. Actualmente es encargada de Comunicación y Redes Sociales en Instituto RIA.