Ayotzinapa: el imposible proceso del duelo

blogeditor · 7 de noviembre de 2014

Ayotzinapa: el imposible proceso del duelo

Exiliados de la dictadura argentina, Estela Troya e Ignacio Maldonado, fundaron hace 30 años el Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia, A. C. (ILEF). Éstas son sus reflexiones en torno a Ayotzinapa.

Ignacio Maldonado:

Hace 40 años llegué con mi familia en calidad de exiliado político, procedente de Argentina. Comenzaban los años de dictadura militar, y, con eso, el terror y los “desaparecidos”. Desde el exilio en México logramos que organismos internacionales designaran al gobierno del país como totalitario, y a lo que estaba ocurriendo como crímenes de lesa humanidad.

México no era solamente un hermoso país que nos dio un generoso asilo, sino que nos sorprendía con sus excelentes servicios de salud, con su red de escuelas públicas en los lugares más alejados.

Hoy todo eso parece un sueño. Amanecemos cada día con informaciones que hacen pensar en ingobernabilidad. Con datos escalofriantes en diversos temas: la guerra es imparable, la miseria crece, la acumulación del dinero en pocas manos y, lógicamente, datos ineludibles de que la corrupción, siempre de la mano de la impunidad en todos los niveles, crece.

[contextly_sidebar id=”C9Vk084ZRAqIYjiaQ6tRXu7dF3AFx2Kw”]Pero en septiembre nos enteramos del crimen más espantoso: la reciente desaparición forzada de 43 normalistas, enmarcada en la crisis de más de 22,000 desaparecidos. Así como Hannah Arendt describió ese nuevo fenómeno que llamó Totalitarismo, refiriéndose a los regímenes de Hitler y de Stalin, con sus millones de asesinados, hoy asistimos a la expansión de esta nueva figura de la “desaparición forzada”.

Como trabajadores de la Salud Mental, puedo decir que se trata del crimen más cruel. No sólo priva del ser querido, (prácticamente nos asegura su indecible sufrimiento), sino que ante la incertidumbre de su destino, impide un proceso de recuperación, a través del mecanismo del duelo. Es prácticamente imposible procesar un duelo sin certeza de cuál ha sido el destino de ese ser amado. Los familiares del drama de Iguala están todos, en esa circunstancia.

Además de exigir la aparición con vida de todos ellos, y el castigo de TODOS LOS RESPONSABLES, aprendamos de la triste historia del cono sur: debemos exigir que se investigue si hay algún plan al estilo del Plan Cóndor, que en el cono sur programó la desaparición forzada de miles, así como el asesinato de cientos arrojados vivos al Río de la Plata, desde aviones de la Fuerza Aérea.

Estela Troya:

El ILEF que fundamos hace 30 años imparte una maestría en Terapia Familiar, atiende desde su Clínica a familias de escasos recursos. Nuestro eje son las familias, en plural; y en ellas, las interacciones de los sujetos que las integran, así como las interacciones que mantiene con instancias y sujetos de su mundo socio-cultural; en estas relaciones se generan sentidos y significados, personales y compartidos.

A principios de 1976, recién llegamos de Buenos Aires a esta ciudad, a este país, México. Junto con la incertidumbre, los desconocimientos, la nostalgia, los aprendizajes y el dolor, nos fue maravillosamente fácil acostumbrarnos a que las sirenas que a veces escuchábamos durante la noche silenciosa eran sólo ambulancias, o los bomberos, que los estruendos o disparos eran cohetes, hermosos fuegos artificiales; que el día de muertos era de festejo recogido y conversado, multitudinario, serio, no impuesto, no sufrido, que había catrinas coquetas y calaveritas dulces. Pasaron casi 38 años: las sirenas son otras, los disparos son disparos, los muertos son cadáveres sin nombre, los llantos son terribles, mudos y multitudinarios. El horror: Ayotzinapa.

Sabemos que la memoria reside en el individuo, que es quien posee y atesora lo que ha sido y lo que le ha acontecido. Como terapeutas familiares pensamos que la memoria y la vivencia del sí mismo se generan también en la intersubjetividad, se elaboran en la comunicación y la conversación con otros en un determinado mundo-entorno social, la memoria es relacional, social.

Por ello, la memoria y la elaboración de las experiencias traumáticas en particular, conllevan una doble articulación: la de la memoria emocional/experiencial propias del sujeto que la vivió, y la propia de la memoria compartida (familiar/social/comunitaria). La palabra, la presencia y el reconocimiento del otro, de la sociedad, son lo que permite establecer el camino de ida y regreso entre memoria individual y memoria colectiva.

“El duelo traumático de los familiares de desaparecidos se puede elaborar si se dan todas o la mayoría de las siguientes condiciones: saber la verdad de lo que aconteció con el familiar; encontrar sus restos; cumplir con los ritos y prácticas funerarias necesarios para esa familia y para lo que ellos sienten que desearía la persona perdida; que la sociedad en su conjunto haga un reconocimiento de los hechos; que se construya la memoria social estableciendo la verdad de lo que sucedió y que, por lo tanto, se pueda hacer justicia”. (M.I.Castillo Vergara, El (im)posible proceso de duelo, 2013, p.201).

El camino doloroso, incesante y admirable que transitan los padres de los 43 muchachos desaparecidos es firme y consecuente con lo que afirma esta autora desde su nutrida experiencia. Sus acciones, y particularmente sus palabras para el presidente Peña, son absolutamente sencillas, limpias, claras y contundentes, convencidas de su razón, convincentes y amorosas. Para ellos solidaridad, y gratitud por sus enseñanzas.