¡Ahí madre!

blogeditor · 7 de mayo de 2013

¡Ahí madre!

Como todo mexica promedio, el día de las madres es una de las fechas más importantes del calendario. Es en ese día en que se le puede destinar a nuestras cabecitas de algodón toda nuestra atención, energía, tiempo y algunos billetes disponibles. El objetivo, halagarlas y agradecerles no sólo el hecho de traernos al mundo (mundial), sino también de habernos criado (o mal criado) durante largos años, con paciencia, ternura, amor y una que otra cachetada guajolotera bajo la frase “a mí me duele más, hijo mío”.

Pero valdría la pena preguntarnos: ¿qué es una madre mexicana?

A lo largo de los años, el papel de las féminas en la sociedad mexicana ha ido cambiando poco a poco y las ha convertido en súper mujeres, ya que de ser las encargadas de cuidar a los chamacos y a los ancianitos (rol de cuidado), pasaron también a chambear recibiendo dinero (trabajo remunerado). El punto no es que hayan dejado de hacer una cosa por hacer otra (algunas sí lo han hecho), sino que la mayoría de las mujeres que se han dedicado a trabajar fuera del hogar, no renunciaron a su chamba como mamás, por lo que tienen que dobletear turnos. En cambio, los padres de familia, por lo general se han dedicado sólo a ser los que llevan el chivo a la casa (proveedores) y en muy pocas ocasiones se han encargado del cuidado y la crianza de los hijos. De hecho, cuando llegan a participar en la crianza de los hijos, o la limpieza del hogar afirman estar “ayudando” a su esposa. Es más, es muy probable que cuando el padre de familia se jubile de su trabajo, la mamá continúe atendiendo a su marido, y en algunos casos a los hijos y a los nietos por mucho más tiempo. Esto nos lleva a pensar que mientras los hombres trabajan entre 25 a 35 años, las mujeres dejan de hacerlo hasta que se mueren.

Es probable que digan que así son las cosas aquí en México y que no hay mucho que hacer. Pero, ¿qué pasaría si las mujeres decidieran jubilarse de sus actividades de esposas y madres? ¿Estaríamos los hombres dispuestos a pasar de ser proveedores a ser los encargados de atender a su pareja? Es probable que esta idea pueda ser más aceptada entre las nuevas generaciones que empiezan a tener contacto con nuevos conceptos como la equidad de género, pero por desgracia, aún son muy pocas las personas (en especial jóvenes) que empiezan a cambiar su sistema operativo en el que el cambio en los roles sociales y de género que desempeñamos sea posible. De hecho, en mi generación, la llamada “generación X”, las crisis existenciales derivadas del cambio en los roles sociales son la constante: “Ella ya trabaja e inclusive gana más que yo”, “No me puedo ni imaginar quedarme en casa cuidando de los niños y limpiando la casa mientras ella trabaja”, “Eres un mantenido”, “¿Cómo es posible que esa mujer deje a los niños al garete y se vaya todo el día a trabajar?”

Creo que debemos de empezar a esforzarnos un poquito más en pensar cuál debe ser el nuevo rol de las mujeres y los hombres en una sociedad que está cambiando, aunque no lo queramos, y por tanto, cuál debe ser el sentido de la celebración del 10 de mayo. ¿Celebramos a las mujeres que nos planchan, nos lavan y nos dan de comer? Entonces sí, regalémosle una plancha, una lavadora o un procesador de alimentos. ¿Celebramos a la mujer que nos dio la vida y nos formó como personas mínimamente sensatas? Démosle amor, reconocimiento y respeto no sólo el día de las madres, sino todo el año.

El papel de las mujeres y de las madres ha cambiado, mucho. Es hora de comportarnos en consecuencia, ¿o no, madre mía, madre adorada?

Bonus Track

Como casi todos saben, la semana pasada visitó nuestro país el carismático Barack Obama, presidente de los Estados Unidos. Además de las visitas de trabajo con el presidente mexicano y su gabinete, el Departamento de Estado (espero no equivocarme) organizó un encuentro con jóvenes mexicanos en el Museo de Antropología. Como es de esperar, no sólo acudieron jóvenes, sino también colados provenientes de la clase política e intelectual y del sector empresarial mexicano, quienes se apostaron en una zona “roja” o VIP. Lo interesante de esa audiencia era que al llegar a la zona confinada para ellos y ellas, permanecieron de pie durante todo el tiempo previo a la participación del presidente Obama, para que pudieran ver y ser vistos. Interesante fue ver por ejemplo, a Denisse Dresser codeándose con los miembros de la clase política y empresarial que tanto ha criticado y satanizado (inclusive saludó de beso a Luis Téllez), o el hecho que el ritual político continúa intacto, pero ya no es la chiquillada panista la protagonista, sino los veteranos priístas quienes dominan la alfombra roja.

En cuanto a Obama, creo que es un genio de la retórica y es capaz de hablarle al mismo tiempo, en un mismo espacio a distintas audiencias. Igual emocionaba a los chavos, que se comprometía con la clase política mexicana; igual prometía colaborar en la formación de nuevas generaciones de mexicanos, que en aprobar este mismo año la reforma migratoria en su país. Dijo claramente y emotivamente lo que queríamos y necesitábamos escuchar: reforma migratoria; control de armas en su país; colaboración con el gobierno mexicano, independientemente del color partidista que tenga; impulso a la productividad y la competitividad del país, y sobre todo, considerarnos un socio comercial en igualdad de condiciones, es decir, ya no ser vistos con folklore o como su patio trasero.

Ahora para cumplirnos, el presidente Obama tendrá que convencer a los suyos, en especial los que chambean en el Congreso norteamericano. Obama propone y el Congreso gringo dispone. Le deseamos la mejor de las suertes, por nuestro bien.