Avalancha de cuidados: una carga desigual

Opinión y Análisis · 26 de octubre de 2026

Avalancha de cuidados: una carga desigual

Termina la jornada laboral, pero todavía falta preparar la cena, revisar qué hace falta comprar, ayudar con las tareas escolares o acompañar a un familiar a una consulta médica. Para muchas mujeres, salir de la oficina no significa dejar de trabajar. Una tarea se suma a otra hasta convertirse en una avalancha de cuidados.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, las mujeres dedican en promedio 41.8 horas semanales a actividades domésticas y de cuidados, mientras que los hombres destinan 20.2 horas. Es decir, ellas le dedican más del doble de tiempo.

¿Por qué estas responsabilidades recaen principalmente en las mujeres? ¿Qué relación tienen con las decisiones reproductivas?

El trabajo que sostiene la vida

El trabajo reproductivo, que incluye todas las actividades necesarias para la subsistencia, el cuidado y el bienestar de las personas, suele pasar desapercibido porque se realiza dentro de los hogares y no está asociado con un salario. 

Según datos del INEGI, en 2024 el trabajo del hogar no remunerado representó 26.3 % del producto interno bruto (PIB) nacional, por encima de la venta de productos en tiendas (18.7 %) o la producción de ropa, automóviles y electrodomésticos (20.1 %).

Históricamente, estas labores se han asignado a las mujeres bajo la creencia de que tienen un supuesto “instinto maternal” que las hace responsables del bienestar familiar, mientras que a los hombres se les ha atribuido el trabajo remunerado.

Esta distribución no desapareció con la incorporación de las mujeres al mercado laboral. Muchas continúan pendientes de las necesidades familiares incluso durante su jornada, cuando deben organizar una cita médica o resolver quién recogerá a sus hijas o hijos de la escuela.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 muestra que las mujeres que cuidan a infancias de cero a cinco años dedican, en promedio, 9.4 horas semanales a cuidados directos. Al considerar también los que realizan simultáneamente con otras tareas (cuidados pasivos), la cifra casi se duplica.

Cuando la posibilidad de gestar se convierte en obligación

La posibilidad de gestar se ha confundido con la obligación de hacerlo, bajo la idea de que las mujeres y personas con capacidad de gestar deben tener como proyecto de vida convertirse en madres.

Pero este rol no se limita a la crianza. Incluye asumir las tareas domésticas y de cuidados también como una obligación, dedicando la vida al bienestar de otras personas. Así, la posibilidad de gestar se transforma en un destino impuesto y cada responsabilidad se suma a la siguiente hasta formar una avalancha que parece inevitable si no se cuestiona quién debe asumir esas tareas.

Sin embargo, tener la posibilidad de gestar no significa estar obligada a hacerlo. Y decidir ser madre tampoco implica asumir todas las responsabilidades de cuidado: la autonomía reproductiva reconoce el derecho de las mujeres y personas con capacidad de gestar a tomar decisiones libres sobre su cuerpo y su vida, de acuerdo con sus convicciones y valores.

Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023, 31.1 % de las mujeres de entre 15 y 49 años que cursaban un embarazo no deseaba embarazarse o hubiera preferido esperar más tiempo para hacerlo.

Garantizar la posibilidad de decidir si se desea asumir la maternidad es fundamental, pero también se necesitan condiciones para ejercer esa decisión sin sacrificar el bienestar ni el proyecto de vida.

El cuidado es un derecho

Todas las personas necesitan cuidados en distintos momentos de su vida, pero también los brindan a otras y necesitan dedicar tiempo a su propio bienestar. El derecho al cuidado reconoce estas tres dimensiones: cuidar, recibir cuidados y atenderse a sí mismas.

Esto significa que quienes se encargan de atender las necesidades de otras personas también deben contar con tiempo, espacios y recursos para descansar, cuidar su salud y desarrollar sus proyectos de vida.

En agosto de 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció el derecho al cuidado mediante la Opinión Consultiva 31. Este reconocimiento es importante porque el cuidado no debe quedar solo en manos de las familias: el Estado tiene la responsabilidad de establecer políticas públicas para que las labores de cuidado no recaigan únicamente en las mujeres de las familias.

¿Cómo evitar que los cuidados se conviertan en una avalancha?

Es necesario garantizar que decidir si se desea o no asumir la maternidad sea un acto libre, sin presiones familiares, sociales ni culturales. Para ello es fundamental contar con un marco jurídico que proteja el derecho a decidir, incluido el acceso al aborto gratuito y seguro.

También se requieren condiciones para ejercer esa decisión: servicios de salud sexual y reproductiva, métodos anticonceptivos, atención prenatal y aborto seguro. A ello se suman las licencias de maternidad y paternidad remuneradas, que permitan cuidar de una infancia sin perder ingresos ni seguridad laboral.

Por su parte, el Estado debe establecer políticas públicas que apoyen el cuidado y la autonomía, como estancias infantiles accesibles, servicios de salud de calidad para toda la familia, programas de apoyo a personas cuidadoras y facilidades laborales que permitan equilibrar trabajo y cuidado.

Que las personas puedan desarrollar su proyecto de vida sin imposiciones requiere que existan las condiciones necesarias para hacerlo, y eso incluye garantizar la autonomía reproductiva y el derecho al cuidado. Conoce más sobre lo invisible de las decisiones reproductivas en Avalancha de cuidados.♦ 

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