blogeditor · 25 de agosto de 2015
Por: Bernardo Baranda Sepúlveda
La renovación de Avenida Chapultepec es deseable, en especial para incrementar el espacio para modos de movilidad sustentables, es decir, para caminar, usar la bicicleta y el transporte público. De igual manera, la realización de ello, sea bajo fondos privados, puede estar justificado siempre y cuando demuestre su beneficio social, ante otros tipos de financiamiento. Es por ello que en el proyecto de Corredor Cultural Chapultepec existen cuestionamientos importantes, que deberán de considerarse y atenderse antes de su ejecución.
El cuestionamiento más obvio e importante es ¿porqué hacer puentes elevados para que los peatones caminen y abajo los autos circulen? Generalmente los puentes peatonales están concebidos como una “solución” para incrementar el flujo y velocidad de los automovilistas. Para favorecer la movilidad peatonal y ciclista, las soluciones a nivel de piso son las más recomendables pues los pasos elevados generan desincentivos para su uso, ante el incremento de esfuerzo, tiempos y distancias de traslado, así como las dificultades que pueden representar para personas con discapacidad o con limitaciones físicas de algún tipo.
[contextly_sidebar id=”GffSnajbAG9MCNmNeRdnuWct3nG0U31f”]Otro factor que puede inhibir su uso son el deficiente mantenimiento de los puentes peatonales así como la percepción de que pueden ser inseguros (Veáse por ejemplo: “Motivos de uso y no uso de puentes peatonales en la Ciudad de México: la perspectiva de los peatones”). Por todo esto, no resulta claro el por qué de una solución elevada, sobre todo cuando el reporte de Steer Davis para el proyecto no es concluyente respecto a la solución presentada. Es claro que se requiere un análisis menos concluyente y más abierto respecto de las diversas soluciones para favorecer la movilidad y la permeabilidad peatonal entre las colonias, así como su conexión con el transporte público existente (Metro) y el propuesto (Metrobús).
Por otro lado, el modelo de financiamiento mediante Asociación Público Privada no queda del todo claro. ¿Por qué se escogió éste y no otro método de financiamiento? Por ejemplo, se pudo llevar a cabo mediante un mecanismo de contribución de mejoras, si bien no establecido para Av. Chapultepec, sí para el enorme desarrollo que hoy sucede en Av. Reforma a cambio de reducir el número de cajones de estacionamiento ó para construir el potencial constructivo. Tampoco es claro el por qué se basa el modelo de negocios en la instalación únicamente de comercios. Sería interesante imaginar que la nueva edificación propuesta sobre el camellón hoy usado como estacionamiento de SSP podría utilizarse para albergar otra serie de servicios o espacios destinados al público, como podrían ser servicios médicos, viviendas de interés social, oficinas gubernamentales, entre otros.
Tal y como está planteado, pareciera que lo mejor es eliminar del proyecto los segundos pisos peatonales y facilitar la solución a nivel de calle. También se antoja necesario replantear la evaluación de negocios buscando diferentes alternativas incluyendo mecanismos compensatorios de la generación de ingresos que se dirijan a vivienda social y transporte sustentable.
Asimismo ante la polémica generada y la enorme cantidad de cuestionamientos razonables generados por diversos sectores, lo ideal sería incrementar al menos tres meses los tiempos de consulta, que sea vinculante y permitir que estos incluyan modificaciones arquitectónicas al espacio público y del plan de negocios. Si bien es necesario un mejoramiento a la histórica Avenida Chapultepec, también lo es que se lleve a cabo garantizando los mayores beneficios sociales. Para ello la participación ciudadana bien informada y con propuestas es indispensable.