Entre la autonomía y la desigualdad: escuchar a quienes participan en la gestación por sustitución

Opinión y Análisis · 2 de noviembre de 2026

Entre la autonomía y la desigualdad: escuchar a quienes participan en la gestación por sustitución

Por Mariana García Crisóstomo y Verónica Esparza*

¿Es posible hablar de una decisión libre sin analizar las condiciones materiales en las que se toma?

A partir del análisis obtenido a través de una metodología de escucha digital creada por GIRE para conocer las conversaciones que circulan en las redes sociales y los medios de comunicación en torno a la justicia reproductiva, se identificó que un patrón se repite en las narrativas sobre la gestación por sustitución. Las personas gestantes ocupan un lugar paradójico, entre la autonomía que se les reconoce sobre su cuerpo y la desigualdad estructural que suele condicionar su decisión.

Las gestantes son parte indispensable del proceso, pero su experiencia rara vez ocupa el centro del relato. Aunque sus voces están presentes, no siempre se traducen en una participación efectiva en la discusión sobre cómo se desarrolla el proceso de gestación por sustitución y las condiciones que atraviesan, incluidas las desigualdades estructurales, la responsabilidad del Estado y las garantías necesarias para el ejercicio de sus derechos.

Esta paradoja se observa en discursos que, aunque opuestos, terminan por desplazar a las gestantes al margen de la discusión sobre sus propias decisiones. Por un lado, la narrativa que promueve la práctica las incluye como parte de un servicio integral que destaca la eficiencia y el acompañamiento. Por otro, ciertas posturas críticas solo se refieren a ellas como víctimas de explotación o engaño.

Ambos extremos, a pesar de partir de posturas contrarias, reproducen la misma operación de convertir a la gestante en objeto del debate, no en sujeto del mismo. Se habla sobre ella, rara vez con ella.

Por ello, es necesario cuestionar un falso dilema frecuente en la conversación pública. Se piensa que aceptar participar en estos acuerdos descarta la posibilidad de que exista explotación, o bien, que toda persona gestante es siempre una víctima. Ambas afirmaciones parten del error de reducir el consentimiento a un hecho aislado, fuera de contexto.

El análisis no debería limitarse a determinar si existe un documento firmado en donde se exprese el consentimiento, sino que también tendría que considerar las condiciones en las que se toma esa decisión. Para que realmente sea libre e informada se requiere, entre otros elementos, contar con acceso a información independiente, atención médica adecuada, asesoría jurídica propia y claridad sobre los acuerdos que se firman.

El camino de escuchar a las personas gestantes 

El consentimiento mismo es un asunto complejo. En El sentido de consentir, Clara Serra plantea que no siempre sabemos con certeza lo que queremos ni logramos expresarlo con claridad. Esta ambigüedad, que los marcos legales deberían reconocer y considerar, refleja, para la autora, “la contingencia que atraviesa a todo encuentro humano y la interdependencia de toda relación social”.

Por ello, a las condiciones necesarias para tomar una decisión reproductiva como la gestación por sustitución debe sumarse la posibilidad de retirar o modificar el consentimiento y asegurar la protección de los datos personales, así como el seguimiento y acompañamiento antes, durante y después del embarazo. Todo esto, para que un cambio de decisión no implique consecuencias negativas para quien gesta.

La ausencia de estas condiciones aumenta los riesgos para quienes gestan. GIRE ha documentado falta de información, conflictos de interés y abusos por parte de agencias y clínicas que las colocan en desventaja frente a quienes intermedian el proceso.

La falta de información sobre las condiciones en que participan las gestantes puede ser funcional a una lógica de mercado. Como advierte la feminista Amrita Pande, mantener esas condiciones opacas facilita la circulación de narrativas idealizadas sobre estos procesos y reduce la fricción en la comercialización del servicio.

Además, existe un estigma sobre la práctica, lo que dificulta que las personas gestantes hablen abiertamente sobre sus experiencias. Presentarlas ya sea como víctimas, en un extremo, o como personas motivadas por el amor y el altruismo, en el otro, deja poco espacio para profundizar sobre lo que ocurre.

Entre estos dos relatos quedan invisibilizadas las experiencias contradictorias, las inconformidades, las expectativas económicas legítimas y las valoraciones —positivas o negativas— que cada persona gestante tiene sobre su propio proceso.

Frente a este panorama, la tarea pendiente no es elegir entre defender la autonomía en un sentido abstracto o condenar la práctica en su totalidad. Se trata de construir una mirada que considere las condiciones económicas, sociales, jurídicas y médicas en las que se toman estas decisiones reproductivas y de establecer garantías para que puedan tomarse de manera libre e informada.

Esto exige un cambio de perspectiva: dejar de hablar por las personas gestantes y empezar a escucharlas. Es decir, reconocer que tienen un lugar central en la discusión, toman decisiones propias y que sus experiencias e intereses deben formar parte del debate. Esta escucha, sin embargo, no es suficiente si el entorno en el que toman sus decisiones sigue estando organizado por quienes intermedian estos procesos.♦ 

 *Mariana García Crisóstomo es Investigadora auxiliar y Verónica Esparza (@esparza2602) es coordinadora de Investigación en GIRE México.

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