Autodefensas: si la saca es para usarla

blogeditor · 15 de enero de 2014

Autodefensas: si la saca es para usarla

Por: Julio Juárez Gamiz (@juliojuarezg)

Ésa ha sido la única lección sobre armas de fuego que me ha dado mi padre. Muchas veces en mi adolescencia hicimos el trayecto en coche para visitar su tierra natal, Uruapan, con una 38 especial enterrada bajo el asiento. Afortunadamente nunca tuvimos necesidad de sacarla. Y porque poseer un revolver hace latente la posibilidad de usarse con todas sus consecuencias, nunca he tenido ni pienso tener uno.

Para los grupos de autodefensa en Michoacán, haber decidido enfrentar con las armas a una pandilla de criminales debe haber sido muy duro, aunque dejar de hacerlo será más difícil aún. Una vez que compruebas que la violencia, generada por ti mismo, tiene un efecto directo en tu entorno (‘reconquistando’ territorios, sometiendo policías, bloqueando carreteras, asustando gavilleros) es muy difícil entregar ese poder a quien, en principio, omitió ejercerlo.

[contextly_sidebar id=”500489c7f7d4ad370974ef3007135c63″]Hilvano los retazos informativos acerca de lo que sucede en Michoacán y encuentro en el papel del Estado mexicano al actor más perverso. Los villanos se dibujan con la claridad estereotipada de sus propias declaraciones. Ellos solo quieren hincharse de billetes vendiendo droga a quien se deje sin que nadie los moleste. Recurren a la violencia, sostienen, solo porque ‘otros’ (el gobierno, los militares, los medios, los zetas, organizaciones civiles) se meten en donde no deben. Su argumentación es dócilmente predecible. Ellos hacen el bien (por eso son una ‘Familia’ o se consideran ‘Caballeros’) pero el problema es que nadie más los ve así, acusan. La aburrida y pestilente sociopatía del marido golpeador.

En el lado opuesto, las autodefensas se definen, inicialmente, como la respuesta espontánea al caos. Contemporáneos, quizá compañeros de aula en la primaria, compas contra los que han jugado fútbol o asistieron a algún baile de secundaria en tiempos menos aciagos, ven operar a los criminales en su tierra con plena libertad. Quienes hoy se defienden al margen de la ley sostienen que han sido abandonados a su suerte por el gobierno local, que se declara rebasado, y por el federal, que se declara actuando, revisando y jugando con todos los gerundios posibles de la jerga política disponible. Su corunda-western convence. Pero muy pronto la argumentación de superhéroes se muerde la cola. ¿Y quién parará todo esto? ¿Quién distinguirá a la víctima del victimario al calor de la balacera? ¿Cómo nos contamos luego el cuento de la impartición de justicia? Más inquietud que tranquilidad.

Seamos francos, ¿usted entregaría de buenas a primeras su cuerno de chivo después de andar rafagueando narcotraficantes? El riesgo más grave de la formación de grupos armados independientes siempre ha sido legitimar, colectivamente, la convicción de que nadie más que uno puede velar por sus derechos. Una vez cruzada esa frontera es imposible el regreso al redil ciudadano de denunciar, esperar y presionar. Hay un cambio identitario en las personas, un antes y después. Esa línea ya se cruzó en varios puntos del país.

En cuanto a los gobiernos estatal y federal, haber tolerado e incluso protegido a las guardias comunitarias y a sus líderes resulta profundamente contradictoria. Han claudicado ante el mito de que tomar las armas y audofenderse puede, efectivamente, ser una solución al problema. Falso. Sin un Estado que procure justicia el futuro solo puede ser más violento. Con o sin plomo de por medio. Y ahora quieren quitarles las armas que, en principio, jamás debieron de haber usado, particularmente las de uso exclusivo del ejército (qué inofensivo se ve aquel viejo revolver de mi padre junto a un lanzagrandas). Quizá sea impopular y anticlimático decirlo, pero no por ello deja de ser cierto.

Claro que todo podría ser al revés. Las autodefensas son, en realidad, células espejo de los propios grupos criminales que buscan retomar el control de sus rutas comerciales con un delicado cambio de imagen. El gobierno avanza en su lucha contra el crimen tan eficazmente, dijera Calderón y repitiera Peña, que ciertas regiones se salen de control como resultado de su éxito. La teoría de la pus que abandona una herida como síntoma de la curación. La sanación del cuerpo victimado. Lo dudo.

Leído cronológicamente, el enfrentamiento actual con los grupos de autodefensa para que entreguen sus armas ilustra una atropellada ruta de toma de decisiones, locales y federales, incongruente con la magnitud del problema. Si a ello le sumamos muertes de civiles en el proceso de desarme podemos anticipar una mayor radicalización de las autodefensas. Algo tengo claro, más adelante, si las sacan, será para usarlas. Y ahora la pregunta será: contra quién.

 

* Julio Juárez Gamiz es investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH-UNAM)