Joel Aguirre · 14 de agosto de 2026
Todo esto es una visión. ¡Sonría! Ya es por todos conocida la nota en donde la presidenta de la República ha puesto, nuevamente, sobre la mesa del debate público un asunto que, a todas luces, no es más que otro peculiar buscapié.
Hace no pocas semanas, la agenda noticiosa nacional fluctuaba entre la insensibilidad de la líder de nuestra nación por no recibir como se debe recibir en Palacio a las madres buscadoras, todos los fracasos de los proyectos del Estado, las macabras realidades producto de la guerra contra el crimen organizado y el insistente foco sobre importantes personajes políticos de Morena involucrados con el narcotráfico más extorsionador, secuestrador y despiadado del planeta, a raíz de filtraciones provenientes de Estados Unidos y de comprometedoras grabaciones hechas públicas por el autor de El secreto de la Noche Triste y El derrumbe de los ídolos, el periodista Héctor de Mauleón.
Luego de extinguirse el Mundial de Futbol, y de haber dejado mediáticamente bien parado a México ante el mundo, por la calidez y la hospitalidad de su gente, pero, sobre todo, seamos honestos, por ese desmadre callejero descomunal lleno de sudor, espuma, tacos y cerveza que solo aquí se puede dar y en el que todo tipo de extranjero (fuese de la nación que fuese y usara la plataforma digital que usara) pudo participar, llevándose así esa extraordinaria experiencia surrealista que, seguro, lo acompañará hasta la tumba, el gobierno morenista necesitaba pronto y con desesperación usar las características mencionadas para volver hacer sentir que el pueblo es Morena y que Morena es el pueblo.
Pensando cómo contrarrestar la avalancha de exposición narca de sus miembros distinguidos, Morena a través de la figura presidencial, una vez más, sí, se atrevió.
¿Por qué no? ¿Y si sí? Primero lo primero, meter a la cárcel a un par de personajes importantes que no son de Morena.
Sus miembros, por otro lado, estaban siendo exhibidos por doquier, esbozados en imágenes, en grabaciones y en notas bastante distorsionadas que… ¡ya!, ¡basta!.. ¡Las audiencias no podían seguir así de desprotegidas ante semejante avalancha de distorsión, de mentira y de información disfrazada de opinión!
Así, el derecho de las audiencias a ser protegidas se convirtió (en mi opinión) en la nueva estrategia salida de mentes como la de Jenaro Villamil, la de Jesús Ramírez Cuevas, pero, tal vez, sobre todo, la de Rafael Barajas, El Fisgón, quien, luego de una larga trayectoria como caricaturista, ahora es el flamante director del Instituto Nacional de Formación Política de Morena.
Por cierto, para contrastar algunas cosas, quise saber un dato que nomás nunca encontré. Le pido a usted, querido lector, que pacientemente dé con y me comparta la cifra exacta del presupuesto 2026 que está ejerciendo el instituto mencionado.
Regresando a la estrategia, el objetivo era, es, una vez más, tomar una bandera clásica de la sociedad civil y poner su argumento toral en boca de la presidenta de la República. De esta manera, una vez más, lo que debería permanecer en el ámbito de las verdaderas luchas sociales, el gobierno lo hurta para, así, de modo profundamente machín y paternalista, presentarlo como una necesidad que la gente le ha pedido con preocupación y urgencia satisfacer. Encarnar su defensa, pues.
La escritura de unos lineamientos en esa dirección ha provocado la reacción de no pocos periodistas, opinadores y medios, sobre todo pensando, supongo, en un porcentaje sancionador que, al final de una especie de litigio, el gobierno podría aplicar en caso de “demostrar” que se ha incurrido en algo así como faltas a la verdad.
¡Huele a autoritarismo y a dictadura! Pensar en términos como autorregulación, ombudsman de las audiencias o códigos de ética suena definitivamente a un poder totalitario que busca correr a presentadores, callar a opinadores, censurar a periodistas y, sobre todo, crear esas condiciones rabiosas y funadoras en donde las mismas audiencias, de rebote, terminen repudiando a los medios de comunicación, tradicionales o no. Una especie de “ciberfuenteovejuna”.
No obstante, dejo sobre la mesa un par de asuntos. ¡Qué pasa con los medios y su profesionalismo frente al hecho de seguir los mismos boletines de prensa emanados desde la presidencia de un país gigantesco! ¿No hay seguimiento de otros temas fundamentales que ellos mismos se empeñen con fuerza en poner sobre el papel y las pantallas del debate público para ampliar el abanico mediático y, así, de paso, mostrar la preocupante multiplicidad de problemas que tenemos, más allá de lo que se diga en La Mañanera?
Otro. Hubo un tiempo en México en donde la figura del ombudsman fue muy socorrida. Siendo un logro de la gente organizada, casi ningún medio quería quedarse fuera de contar con este correctísimo personaje, en aras de garantizarle a sus audiencias imparcialidad, verificación de la información o ética en las notas, sin mencionar la garantía de la mínima calidad y profesionalismo en el planteamiento y la redacción de textos (hablando de la prensa escrita). Pero, llegaron otros tiempos (regímenes) y dicha figura comenzó a ser aniquilada desde dentro, sobre todo a partir de 2013, sin que nadie apretara ningún botón de emergencia y para beneplácito, supongo, de no pocos dueños de medios de comunicación, quienes comenzaron a ver en lo fantoche, lo cirquero, lo diva, lo influencer, lo trivial, lo barriobajero y lo protagónico algo que, definitivamente, haría palidecer al mismísimo Manuel Buendía.
Hay temas que duelen, asustan, retan, hieren, horrorizan y queman. Pero, tendrían que ser abordados (por mínimo compromiso con el oficio) con real especialidad, profesionalismo y ética sin esperar lineamiento ninguno. ¡Algún día!♦
—∞—