Ataque a Salman Rushdie: libertad de expresión bajo amenaza

blogeditor · 18 de agosto de 2022

Ataque a Salman Rushdie: libertad de expresión bajo amenaza

Por treinta y tres años pudo escapar a los ataques. Las amenazas. Primero vivió oculto, luego con protección permanente. Los guardaespaldas lo franqueaban, se confundían con su sombra. Por más de tres décadas, la rutina de Salman Rushdie no cambió. Era la forma de sobrevivir a la fatwa o sentencia islámica que pedía terminar con su vida. Luego llegó el viernes 12 de agosto de 2022 y un hombre de veinticuatro años lo apuñaló en el rostro, cuello y abdomen. El atentado ocurrió en el Instituto Chautauqua, en el estado de Nueva York, cuando el autor se preparaba a dar un discurso. Varios espectadores se lanzaron a detener al agresor, identificado como Hadi Matar, quien fue detenido en el Instituto por un policía estatal asignado al evento. Matar se ha declarado inocente.

Después de haber estado con ayuda respiratoria por dos días, Rushdie muestra señales de mejora y ha podido decir unas palabras. Su agente literario, Andrew Wylie, anunció que el autor ya puede respirar por sí solo. Hay un alto riesgo, sin embargo, de que Rushdie pierda un ojo. Nervios de su brazo fueron cortados de gravedad. “Su sentido del humor no ha cambiado”, dijo uno de los hijos del escritor. “A pesar de que las heridas lo marcarán para siempre.”

Ahmed Salman Rushdie nació en el seno de una familia musulmana en Bombay (actual Mumbai) el 19 de junio de 1947, dos meses antes de que la India declarara su independencia del Reino Unido. Cursó la educación básica en la escuela John Connon en Bombay, para a los catorce años continuar sus estudios en Inglaterra, primero en Rugby, Warwickshire, y luego en el King’s College, en Cambridge. Trabajó en agencias de publicidad y en paralelo escribió sus primeras novelas: “Grimus” (1975), “Hijos de la noche” (1981), y “Vergüenza” (1983). En 1988 se publicó “Los versos satánicos”, una obra de más de quinientas páginas que de inmediato desató controversia cultural y religiosa. Se desató una crisis diplomática. “Él era mi amigo, casi mentor, y mencionó que había escrito un libro que podría tener repercusiones en el mundo musulmán”, dijo el escritor Hanif Khoureishi en entrevista con la BBC. “En esa época no sabía exactamente de qué hablaba”.

Las críticas que pronto empezaron a llamar a la violencia se centraban en tres puntos del libro: en el texto se alude a la leyenda de que el profeta Mohammed decidió borrar ciertos pasajes del Corán proclamando que los versos debían ser omitidos ya que se los había susurrado el diablo (de ahí el título de la novela); dos prostitutas se dan cuenta de que al usar los nombres de las esposas del profeta, sus clientes no solo aumentan sino que eso les genera morbo y excitación; aunque el personaje central lleva otro nombre, existen paralelismos con la vida del profeta, pero Rushdie le da atributos de un oportunista que miente para obtener beneficios.

En 1989, pocos tiempo después de que se publicara la novela y a diez años del triunfo de la Revolución Islámica que derrocara al Shah de Irán, el líder espiritual ayatollah Ruhollah Khomeini dictó la fatwa en contra de Rushdie: 3 millones de dólares a quien consiguiera asesinar al autor. La sentencia se extendía no solo a Rushdie sino a todos aquellos que hubieran contribuido a su publicación. Las oficinas de la editorial Viking Penguin en Londres fueron atacadas. Amenazas de muerte contra los editores en Inglaterra y Estados Unidos llegaban por decenas. El mismo año, en la ciudad de Bradford, cientos de musulmanes se reunieron en una plaza pública para quemar el libro. Protestas en varios países del mundo islámico se multiplicaron y la novela fue prohibida en la India, Pakistan, Sudáfrica y varios países del medio oriente. Movimientos en favor de la libertad de expresión y en contra del extremismo aparecieron en distintas partes de Europa; algunos países retiraron a sus embajadores de Teherán.

Rushdie ofreció disculpas por el efecto que su libro, una obra de ficción, había causado a millones de musulmanes. Se mantuvo firme, sin embargo, y siempre rechazó los cargos de blasfemia. La violencia a la que llamó Khomeini ha cobrado vidas. En julio de 1991, el traductor al japonés de Los versos satánicos, Hitoshi Igarashi, murió acuchillado afuera de su oficina en la universidad de Tsukuba; a la fecha el asesino no ha sido identificado. El mismo mes, el traductor al italiano, Ettore Capriolo, sobrevivió a un ataque, también con cuchillo, afuera de su departamento en Milán. William Nygaard, traductor al noruego, recibió un disparo no letal en 1993 cerca de su casa en Oslo. Reacciones de la misma magnitud se observaron también en 2005, cuando el periódico danés Jyllands-Posten publicó caricaturas con la imagen del profeta, así como diez años más tarde en Francia, con similares caricaturas en la publicación humorística Charlie-Hebdo y los ataques terroristas a sus oficinas.

Autoridades en Teherán desconocieron cualquier conexión con Matar y desviaron la responsabilidad del atentado hacia el autor. Nasser Kanaani, portavoz del servicio de relaciones exteriores, denunció cualquier acusación en contra de la República Islámica y dijo que “al insultar asuntos sagrados del islam, Salman Rushdie se expuso a la furia de la gente”. Si bien la fatwa dejó de ser formalmente apoyada por el gobierno en 1998, el líder supremo actual, Ayatollah Ali Khamenei, declaró que la sentencia era una “bala que no descansaría hasta llegar a su objetivo”. Al día de hoy, la recompensa de tres millones de dólares ofrecida por el régimen sigue válida.

El atentado en Chautauqua ocurrió en un momento en que el gobierno de Biden ha tratado de reavivar las negociaciones nucleares de Irán, y los obstáculos parecen surgir uno después de otro. La semana pasada, la revista Politico reportó que el departamento de justicia estadounidense ha acusado a un grupo de inteligencia iraní sospechoso de planear el asesinato del exconsejero de seguridad nacional, John Bolton. Se cree que el gobierno de Irán busca vengar la muerte del general Qassem Soleimani, asesinado en enero de 2020, bajo el gobierno de Donald Trump.

A la fecha, Bolton mantiene su rotunda oposición a las negociaciones nucleares con Teherán, algo que después del atentado contra Rushdie ha generado eco entre los Republicanos. “El gobierno de Biden debería alejarse de las negociaciones nucleares y dar prioridad a los estadounidenses”, escribió en Twitter el diputado republicano de Texas, Mike McCaul. Muchos demócratas temen que el sentimiento de islamofobia surgido después del atentado a las Torres Gemelas en 2001 pueda resurgir. Fox News no ha demorado en sacar la noticia de que Silvana Fardos, la madre de Hadi Matar, notó que su hijo se radicalizó luego de un viaje a Líbano en 2018, cuando fue a visitar a su padre por un mes. “Después del viaje se encerró en el sótano”, dijo Fardos. “Cambió mucho. No habló conmigo o con sus hermanas en meses”. Fardos comentó que su hijo le llamó casi en cuanto llegó a Líbano para decirle que el viaje había sido un error, que quería volver.

La administración de Biden condenó el atentado, y por el momento parece firme en su intención de reabrir las charlas para desmantelar las aspiraciones nucleares de Teherán. En su discurso, Biden alabó los valores de verdad, valentía, y resiliencia que simboliza el escritor. “Esos son los fundamentos de una sociedad libre y abierta”, dijo. El secretario de estado, Antony Blinken, subrayó que Rushdie siempre ha defendido los valores de libertad de expresión, libertad de credo y libertad de prensa. “Utilizaremos todas las herramientas disponibles para enfrentar a este tipo de amenazas”, dijo.

La activista iraní Masih Alinejad, exiliada en Estados Unidos desde hace varios años, ha criticado no solo a la administración de Biden sino a varios gobiernos occidentales por la falta de un postura más enérgica en contra del régimen islámico. “A las autoridades en Irán se le deberían exigir cuentas”, dijo Alinejad en entrevista con Politico. “Y si Estados Unidos no lo hace, entonces traiciona también a sus ciudadanos”. Alinejad ha sufrido varias amenazas de muerte y su hermano, Alí, fue encarcelado por el régimen en forma de represalia contra ella. Hace unas semanas, un hombre fue arrestado en Estados Unidos bajo sospecha de que planeaba secuestrar a Alinejad para llevarla en secreto de vuelta a Irán.

Si bien las sanciones económicas no han sido suficientes para hacer cambiar de rumbo al régimen, un rechazo a las negociaciones con Teherán podría ser una bomba de tiempo. Una Corea del Norte en medio oriente podría desencadenar un conflicto mayor con Arabia Saudita e Israel, por nombrar algunos. Violencia no puede llamar más violencia. La libertad de expresión es la base de cualquier democracia, y se debe defender del terrorismo, de regímenes autoritarios que disfracen sus actos de violencia en nombre de la religión. Un segmento de fanáticos extremistas no es sinónimo de todos los devotos de una fe.

* Mauricio Ruiz (@mauricio_ruiz_z) es periodista y narrador. Es autor de las colecciones de cuento “Y sin querer te olvido” (Felou, 2014) y “Silencios al sur” (Felou, 2017).  Parte de su obra ha sido traducida al francés y al neerlandés.