Gonzalo Ortuño · 12 de julio de 2023
De acuerdo con Susana Xóchitl Barcena Gaona, doctora en psicología de la Salud por la UNAM, y educadora sexual por la Asociación Mexicana de Salud Sexual A.C., “la asistencia sexual es una figura intermedia entre la asistencia personal y el trabajo sexual”, ambas orientadas a apoyar a las personas que, debido a una movilidad muy reducida de su motricidad, no pueden acceder a su propio cuerpo, y por tanto, la asistencia sexual consiste en prestar apoyo para acceder sexualmente al propio cuerpo, o al de otra persona. La persona asistente no es alguien con quien tener una interacción o práctica sexual, sino que se convierte en una persona que te brinda apoyo para realizar prácticas sexuales, ya sea contigo misma o con otras personas.
Figura que ha desatado gran polémica y debate alrededor del mundo, pues existen muchas personas que en la actualidad no reconocen al trabajo sexual como un trabajo (situación que no profundizaré en este texto), y tal práctica se sigue criminalizando a tal grado que no se ha garantizado el acceso al propio cuerpo, y el de otras personas (bajo consentimiento, claro está) de aquellas personas que viven con discapacidades que les reducen en gran medida su motricidad.
En la actualidad Holanda y Dinamarca, países donde existe una figura legal sobre el trabajo sexual, son también las únicas naciones en todo el planeta donde existe una figura sobre la asistencia sexual en todo su territorio nacional. Sin embargo, eso ocurre sin una distancia clara entre la asistencia sexual y el trabajo sexual, lo cual deja un vacío respecto a su concepción y ejecución.
El activista, docente y creador audiovisual de origen español, Antonio Centeno, propone un método para alcanzar su autonomía en las tareas cotidianas, al que ha llamado OMMD, lo cual significa “Otras Manos y Mis Decisiones”. Esto dado que, a pesar de que él requiere de un asistente personal para sostener un vaso para beber agua, él bebe a su manera, decide qué, cuándo, dónde, cómo y cuánto. Y es ahí donde entra el dilema de por qué hemos construido una distancia tan larga entre, por ejemplo, que exista una persona que te ayude a asearte después de excretar (hay, sin duda, una aceptación social siempre que el contacto se haga bajo una intención higiénica), pero ese consenso colectivo deja de aprobarse cuando involucra un contacto con intención erótica, como la masturbación.
“Las formas de la persona asistente sexual pueden ser englobadas en dos categorías: Modelo Terapéutico y Modelo Autoerótico. Aunque hay quiénes también conciben que existe un Modelo Erótico”.
En el Modelo Terapéutico participan la persona asistida, una persona asistente sexual y una pareja subrogada. En el caso de esta última, su función es asesorar, ayudar o facilitar conductas sexuales con la persona asistida. Esta experiencia incluye interacción y contacto sexual entre la pareja.
El Modelo Autoerótico consiste en que la persona asistente acompaña a la persona asistida, de tal forma que pueda practicar consigo misma una masturbación o auto erotización. Es importante aclarar que la persona asistente no se involucra sexualmente con la persona asistida.
Hay quienes, por su parte, consideran que existe un Modelo Erótico, donde la persona asistente sexual sí tiene prácticas sexuales con la persona asistida. Sin embargo, debido al planteamiento y definición de la asistencia sexual por sí sola, muchas personas consideran que en este modelo ya estaríamos hablando de trabajo sexual dirigido a personas con discapacidad.
Actualmente, México no reconoce la figura legal de la asistencia sexual, pese a que, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, habitamos un estimado de 6,179,890 personas con alguna discapacidad. Si bien se desconoce la cifra exacta de aquellas con alguna discapacidad más limitativa, es fundamental que se reconozca que hoy existe un derecho no garantizado que afecta a cientos de miles de personas diariamente.
Y es importante reconocer que, a pesar de que en 2018 el Instituto de las Mujeres emitió una Cartilla de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos de las Personas con Discapacidad, no incluye en ningún momento el derecho a la asistencia sexual.
El pasado 18 de mayo, la diputada Ana Francis López impulsó una iniciativa titulada “Ley de Salud de la Ciudad de México en materia de regulación de la asistencia sexual consentida e informada para personas con discapacidad”, para reformar la Ley de Salud de la Ciudad de México con la intención de que se reconozca este derecho para las personas habitantes de esta ciudad. Aún tiene que pasar por un proceso de consulta previa a su votación en pleno.
Históricamente, la sexualidad de quienes vivimos con alguna discapacidad nos ha sido negada, omitida y arrebatada. Y aunque estoy consciente que esa figura no me atraviesa del todo, debido a mis habilidades motrices, también me encuentro en la plena facultad de abogar por mis pares. La sexualidad es un espectro inherente a todas las personas y resulta muy cómodo infantilizarnos y negarnos el acceso a la misma desde una posición de privilegio. Va siendo hora de cuestionar el capacitismo que rodea a la sociedad mexicana (y a la sociedad mundial, en general) y prestar atención a nuestras demandas. La asistencia sexual es un derecho humano no garantizado que, en lugar de seguirlo debatiendo, deberíamos fomentar las condiciones para garantizarlo.
*Guz Guevara (@guzguevara) es activista, conferencista y consultor en temas de diversidad e inclusión de todas las personas, con énfasis en las personas que viven con alguna discapacidad y aquellas consideradas dentro de la comunidad LGBTTTIQA+.