blogeditor · 27 de agosto de 2020
Conocí a la hermana Consuelo hace algunos años cuando yo trabajaba en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington. En uno de esos días agitados de un período de sesiones, terminamos cenando juntas mientras me contaba la dimensión de la tragedia de las personas desaparecidas en el norte de México. Su relato iba acompañado con una voz inquebrantable, así como su voluntad y su firmeza.
Desde que regresé a vivir a la Ciudad de México nos hemos encontrado varias veces, yo siempre le recuerdo que sigo conservando el regalo que me entregó al tiempo que nos abrazamos para despedirnos. Me dio una Virgen de Guadalupe diciéndome “para que te cuide”. Yo, la verdad, en medio de la tragedia pensé, “que la Virgen la cuide a usted”.
Hace algunas semanas hablamos por teléfono, nos poníamos al día de cómo estábamos. Me contó −con la misma voz con que siempre la recuerdo− que las familias que se encuentran en búsqueda de sus seres queridos apenas tenían comida. Que ella se encontraba en apuros para conseguir dinero para suplirles despensas, y con la agilidad mental de una computadora me hizo las cuentas de los costos de las mismas, detalló la estrategia de distribución que tiene y el número de personas beneficiadas.
Después de hablar con la hermana le llamé a Claudia Portela, coordinadora del Desayunador Salesiano Padre Chava, que ofrece albergue y alimentos a cientos de migrantes cada día. “Desde la pandemia, la situación en Tijuana es muy grave, aquí tenemos arroz y frijoles para la gente que llega, pero necesitamos poner más proteína y un poco de más variedad en cada plato”.
El de Claudia era otro relato desesperado que narraba cómo, desde el cierre de la frontera con Estados Unidos, hay miles de personas migrantes necesitadas de servicios básicos. Gracias a las aportaciones voluntarias el desayunador ofrece, además, servicios de peluquería, asistencia médica y psicológica y comunicación con las familias de origen.

¿Qué sería de miles de personas sin el cobijo de las organizaciones como CADHAC o como el desayunador del Padre Chava? Dos ejemplos concretos que encarnan algunas de las acciones que hacen las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSCs) en México.
Somos miles las personas que trabajamos en OSCs. Los afanes que ocupan nuestras agendas son variados y complejos. Nos ocupan las causas de las mujeres privadas de su libertad; de las mujeres que sufren violencia en sus hogares; de las personas indígenas; las personas que buscan a familiares desaparecidos o desaparecidas; personas migrantes y solicitantes de refugio o personal de salud, que requiere equipo de protección y condiciones laborales adecuadas para atender debidamente a las personas enfermas por COVID-19.
Seguir al pie de la causa de los derechos humanos en el contexto de la pandemia por la COVID-19 ha sido un desafío. Nos hemos tenido que repensar, ser creativas, estar más unidas, con el único propósito de no dejar a las víctimas bajo la sombra del abandono de un Estado que con frecuencia se muestra indiferente ante el dolor.
Uno de los primeros temas que ocupó la agenda de Amnistía Internacional al iniciar la pandemia en México, estuvo vinculado con la necesidad de que las decisiones de política pública del gobierno para atender la enfermedad, tuvieran como eje a los derechos humanos. Para ello emitimos una serie de recomendaciones, con el objetivo de proteger de la mejor manera a las personas en situación de mayor riesgo. También hemos estado atentas a que los recortes en el Presupuesto de Egresos de la Federación no afecten la atención que deben recibir las mujeres inmersas en la pandemia del machismo que las maltrata.

Una campaña urgente y necesaria
Esta situación motivó que diversas organizaciones emprendieran la campaña #AsíRespondimos. Su objetivo es visibilizar el trabajo que realizan y recaudar fondos que serán destinados a varias de ellas, para que continúen con su labor de apoyo a las personas en situación de vulnerabilidad en el contexto de la pandemia.
La intención de la campaña es también que las organizaciones tengan la oportunidad de fortalecer sus estrategias de incidencia ante las autoridades, de tal forma que sean capaces de exigir la intervención de éstas en las comunidades más necesitadas, con programas institucionales sustentables que tomen en cuenta las voces de sus habitantes.
La forma de sumarse a la campaña incluye desde la aportación de donativos, hasta hacer trabajo voluntario con alguna de las organizaciones incluidas en la iniciativa, e invitar a familiares y amigos a difundir la campaña en sus redes para que más personas la conozcan y se sumen a ella.
No hemos de olvidar que las OSCs son relevantes en la historia de México. La crisis económica, política y social de 1994 fue el contexto en que surgieron las “organizaciones no gubernamentales u ongs1”. En ellas confluyeron los movimientos ciudadanos que se habían conformado con antelación, principalmente a raíz del terremoto de 1985.
La gran mayoría surgió con propuestas “diversas y complejas”2. “Algunas organizaciones fueron recogiendo parte de la memoria y de las demandas colectivas de amplios sectores de la población, potenciando su capacidad de acción en defensa de la dignidad ciudadana y de los derechos económicos, políticos y sociales de los mexicanos, y dando pasos hacia el campo de lo público”3.
Y así ha sido, las organizaciones sociales hemos contribuido al análisis y discusión de temas fundamentales para la sociedad mexicana, que van desde la despenalización del aborto, la aprobación del matrimonio igualitario, la paridad de género en el poder legislativo, la atención de personas migrantes, la búsqueda de personas desaparecidas, así como en materia de seguridad pública.
Las organizaciones sociales hemos demostrado con creces que somos un contrapeso muy importante para las decisiones del Estado mexicano y un parámetro de causas urgentes. Nuestro trabajo ha sido fundamental para apoyar a las personas más necesitadas en los lugares donde el Estado está ausente por inacción u omisión, así como para crear memoria sobre hechos que han vulnerado los derechos humanos y para exigir justicia y garantías de no repetición.
Desde Amnistía Internacional invitamos a las personas lectoras a conocer y sumarse la campaña #AsíRespondimos, para que juntas y juntos fortalezcamos a las organizaciones que trabajan por la causa de los derechos humanos, que en mucho han contribuido a que nuestro país sea un lugar más digno para quienes aquí habitamos.
* Tania Reneaum Panszi (@TaniaReneaum) es Directora Ejecutiva de @AIMexico.
1 Reygadas Robles Gil, Rafael, Abriendo veredas. Iniciativas públicas y sociales de las redes de organizaciones civiles, Editor Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia, 1998, México.
2 Ibid.
3 Ibid.