blogeditor · 9 de abril de 2015
Este escrito es una afrenta, y un llamado.
Es una afrenta porque en él abordo un tema poco discutido por los economistas en México, un tema que apenas comenzamos a entender: que el crecimiento económico no necesariamente se traduce en reducir las desigualdades de ingreso entre los que más y los que menos tienen. Es una afrenta porque muestra que, para el caso de México, no existe una relación clara que muestre que crecer económicamente necesariamente se traduce en mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen.
Este escrito, sin embargo, es también un llamado. Un llamado a notar que si bien el crecimiento no siempre genera reducciones en la desigualdad, es muy difícil reducir la desigualdad sin crecimiento. Existen algunos estados que han logrado reducir la desigualdad de manera bastante efectiva y ninguno de ellos lo ha hecho sin crecer por arriba del promedio nacional. Este escrito es un llamado simple: un llamado a que juntos nos demos a la tarea de investigar cuáles son las razones por las que en algunos estados el crecimiento se traduce en mejorar las condiciones de los ciudadanos, y en otros no.
Hay tres cosas que debemos saber sobre la desigualdad en México y que aquí discuto: (1) que es muy difícil medirla, pero con los datos de encuestas de ocupación y empleo parece ser que la diferencia entre los que más tienen y los que menos tienen ha disminuido marginalmente de 2006 a la fecha, (2) que esta tendencia a la reducción se ha dado de manera más marcada en algunos estados, y (3) que si bien el crecimiento económico no necesariamente reduce la brecha entre los ricos y los pobres, sin crecimiento es muy difícil poder reducirla.
Primero, de acuerdo a las encuestas de ingreso del INEGI, la desigualdad de ingresos laborales en México ha disminuido constantemente desde 2006. El país ha pasado de tener un Índice de Gini de 0.44 en 2006 a tener uno de 0.40. Esto es equiparable a haber sido tan desigual como Turquía en 2004 (0.43), y alcanzar casi el lugar de Estados Unidos en 2014 (0.39).
Esta disminución puede explicarse de dos formas. Para los más optimistas, esto es evidencia de una verdadera disminución de la brecha que existe entre los ingresos de los que más ganan y los que menos. Para los menos, la disminución es fantasma, sólo explicada por una incremental dificultad para capturar a través de encuestas los ingresos de los que más ganan. Es decir, si las personas que más ganan tienden a reportar cada vez menos sus ingresos, por miedo o por querer proteger su identidad, la reducción en desigualdad será explicada sólo porque los ricos están dejando de contestar las encuestas.Esto no sería de sorprendernos, de hecho, de acuerdo a los datos de la OCDE, el Gini de México ha pasado de ser 0.47 en 2004 a 0.48 en 2012, un incremento. Los datos de OCDE y de INEGI, sin embargo, no son enteramente comparables ya que los de INEGI sólo se refieren a ingresos laborales, mientras que los de OCDE se refieren a todo tipo de ingreso.
Si bien es imposible saber cuál de estas dos razones está detrás de la reducción desde 2006, lo que sí es posible determinar es si la desigualdad ha crecido más o menos en ciertos estados. Ello se debe a que, aún asumiendo el peor escenario (que la reducción se debe sólo a que los ricos han dejado de contestar las encuestas) todavía es posible determinar qué ha pasado con la desigualdad entre estados si asumimos que los ricos de todos los estados han dejado de contestar las encuestas en la misma proporción y que la proporción de ricos en cada estado es aproximadamente la misma (realicé un análisis preliminar que parece indicar que los ricos se distribuyen más en ciudades y que los universitarios son los que más han dejado de reportar su ingreso, sin embargo no existen diferencias extremadamente marcadas)
Al analizar cómo ha cambiado la desigualdad en distintos estados, la conclusión es simple. Quien diga que en nuestro país no se puede luchar contra la desigualdad no conoce a Querétaro, ni a Jalisco, ni a Quintana Roo. Todos estos estados han disminuido su desigualdad de ingresos de forma bastante marcada y en mucho mayor medida que el nivel nacional. El campeón ha sido Querétaro que de 2006 a la fecha ha logrado reducir su desigualdad en de 0.41 a 0.33. Al contrario, existen casos como el de Guanajuato que pasó de tener una desigualdad de 0.36 a una de 0.39.
Las razones detrás de este crecimiento tan diferenciado de la desigualdad son difíciles de encontrar, pero hay dos que debemos rechazar de entrada.
Un argumento tentativo pudiera ser que estados manufactureros (Querétaro y Jalisco) y turísticos (Quintana Roo) son los que han logrado reducir la desigualdad. Sin embargo, esta conclusión no se sostiene. Han sido estados turísticos (Baja California Sur) y manufactureros (Guanajuato) los que han incrementado más su desigualdad a través del tiempo.
Otro argumento tentativo es que los estados que más han crecido son los que han sido los más eficaces reduciendo las brechas de ingreso. Sin embargo, esta conclusión tampoco se sostiene, al menos no del todo. Si bien es cierto que todos los estados que han logrado reducir su desigualdad de manera significativa han crecido a tasas mayores que el promedio nacional (2.4%), todos los estados que más aumentaron su desigualdad también han crecido por arriba del promedio. El caso de Jalisco es notorio. Jalisco ha crecido en promedio al 2.8%, mucho menos que Baja California Sur (3.6%), sin embargo logró ser el tercer estado con mayor reducciones en la desigualdad.
Nota: Se marcan con verde los estados que más han reducido su desigualdad y con rojo los que más han aumentado su desigualdad de 2006 a 2014.
De hecho, el estado que más ha crecido (Aguascalientes) y el que menos (Campeche) han tenido tendencias muy similares en su desigualdad, ambos lograron reducir su desigualdad de 2006 a la fecha en tendencias similares.
Así, dos deben ser las conclusiones -muy tentativas- de este análisis. Primero, que si bien crecer no necesariamente reduce la desigualdad, la falta de crecimiento sí hace más difícil reducirla. Segundo, que un mejor análisis de la desigualdad sólo será posible cuando contemos con mejores estadísticas (del SAT, no de INEGI) para poder identificar tendencias reales en los ingresos. Queda mucho por hacer para poder seguir entendiendo a México.
* Viridiana Rios (@Viri_Rios) es Doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard y Directora de México ¿Cómo Vamos?