Redacción Animal Político · 8 de agosto de 2023
Arnulfo Cerón Soriano nació el 18 de julio de 1972 en la comunidad náhuatl de Coyahualco, municipio de Huamuxtitlán, Guerrero. Eran tiempos aciagos donde el revoloteo de los zopilotes anunciaba sólo tragedia y hambre. Las familias indígenas sobrevivían de “puro milagro” porque no había maíz. Arnulfo desde niño acompañaba a su papá a Tlapa para comercializar el poco producto que cosechaba del campo, quedaba sentado por unas horas en el atrio de la iglesia. Cuando el sol quería calentar la tierra seguían el camino a su comunidad. Un día su papá y su hermano fueron a comprar un marrano en la comunidad de Cualac, pero al regreso la desgracia cayó de repente cuando hombres armados los asesinaron en la Barranca de Coyahualco. Su mamá Rosalía tuvo que trabajar en el campo para sembrar un poco de maíz y frijol para no morir de hambre.
La muerte de su papá marcó la vida de Arnulfo. En sus recuerdos aún estaban esos viajes a Tlapa porque su papá le compraba una nieve y lo sentaba en el atrio de la iglesia. “Aquí me esperas hasta que yo vuelva”, le decía. Tuvo que estudiar para “salir de pobre”. Fue a la primaria y la secundaria en la cabecera municipal porque en su comunidad no había escuelas. En temporadas de lluvia tenía que pasar el río crecido para llegar a las aulas. En las tardes ayudaba a su mamá en la limpia de la milpa.
En los atardeceres sólo el canto de los grillos aliviaba su dolor por la muerte de su papá. Nadie pudo darle continuidad al comercio de cerdos. Doña Rosalía iba a trabajar a las casas para sortear los gastos de la escuela de sus hijos e hijas. Arnulfo creció en medio de la pobreza. Trabajó muy duro al lado de su mamá para poder salir adelante. Nunca dejó de estudiar. Terminó la preparatoria en Huamuxtitlán y entró a la escuela de derecho en Chilpancingo. Con muchas dificultades económicas pudo terminar sus estudios.

Al concluir sus estudios se integró como asesor jurídico de su cuñado, quien era presidente municipal del ayuntamiento de Metlatónoc en ese tiempo. Asesoró y acompañó a la población na savi de la región de la Montaña. Siempre permaneció con una postura de izquierda ante los problemas sociales que había en la región y en el estado de Guerrero. Tenía la esperanza de que el PRD pudiera constituir una alternativa para los pueblos indígenas.
Prestó servicio en el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. Aquí forjó su temple de defensor. En el 2010 y 2011 destacó en la lucha popular, en la organización independiente y autogestiva, aunque siempre mantuvo la tendencia de la lucha parlamentaria. En el 2018 contendió por un partido independiente para la presidencia municipal de Tlapa, creía que ayudaría a conformar un movimiento que luchara por los derechos humanos en la región.
En 2013 Arnulfo participa en el movimiento que emerge contra la reforma educativa del presidente Enrique Peña Nieto. En el país las maestras y los maestros se levantaban en protestas; Guerrero, Oaxaca y Chiapas serían los estados emblemáticos de la resistencia. La demanda del magisterio caló hondo contra la reforma energética, la de telecomunicaciones y la educativa.
En Guerrero la lucha magisterial logró conectar con muchos sectores populares en Guerrero y se detonaron manifestaciones enormes de 200 mil personas en varias ocasiones. La Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (CETEG) aglutinó a varias organizaciones y creó un referente que se denominó Movimiento Popular Guerrerense (MPG). Así se conformó el Movimiento Popular Guerrerense de la Montaña y uno de los dirigentes fue Arnulfo Cerón y Antonio Vivar.
En 2014 se vuelve a cimbrar Guerrero con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En esta eclosión en el estado que sacuden las estructuras del poder, Arnulfo renuncia radicalmente a los partidos políticos. Se suma a las movilizaciones sociales de gran trascendencia en la Montaña. La plataforma del MPG ya establecido en varios municipios presionó para exigir la presentación con vida de los jóvenes. En junio del 2015, el MPG y la Asamblea Nacional Popular (ANP) que dirigen los padres de los 43 llamaron a boicotear las elecciones porque la mayoría de los candidatos que participaban a puestos de elección popular tenían nexos con la delincuencia organizada. Suspender las elecciones era una forma de protesta por la desaparición forzada. La ola represiva del Estado llegó el 1 y 5 de junio, y su clímax fue el 7 de junio con la ejecución extrajudicial de Antonio Vivar a manos de la policía federal.

La organización se fragmenta y fue hasta 2016 que Ubaldo, Juan Sánchez y Arnulfo Cerón decidieron re-articular el movimiento en la Montaña y forman el Frente Popular de la Montaña (FPM). Arnulfo era el que conciliaba, el que tenía más visión política de largo alcance, más simpatía y carisma. Sus planteamientos políticos sociales eran claros. Aquí Arnulfo había madurado política e ideológicamente, muy sabio en su pensamiento. Sus convicciones eran muy profundas; esa formación no nada más fue en términos políticos-ideológicos teóricos, sino que hubo una apropiación de la ideología de izquierda. Su compromiso social tocaba la raíz de los pueblos indígenas. Prefería la praxis del pensamiento de los pueblos indígenas. Arnulfo ya no tenía esa bravura que caracteriza a algunos líderes sociales, sino firmeza, sobre todo; un defensor de derechos humanos íntegro. Arnulfo se convirtió en el más visible dirigente del FPM y del Movimiento por la Liberación de los Presos Políticos del estado de Guerrero (MOLPEG) que surge en 2018. Arnulfo era la bisagra que unía el movimiento social.
En el 2019 continuó la lucha con proyectos productivos, fertilizantes y con los comerciantes de Tlapa. Sin embargo, había un ambiente adverso en la Montaña porque las autoridades locales y caciques que tienen el poder económico y político estaban brindando protección y establecieron una convivencia con un grupo delictivo que tenía el negocio de la droga y empezó a actuar de manera muy violenta. Tlapa empezó a ser foco rojo no sólo por la pobreza extrema, sino por la violencia. Se sabía que la policía municipal y otros funcionarios municipales tenían vínculos, o por lo menos toleraban y permitían que este grupo actuara en total impunidad. Todo mundo sabía, pero todo mundo callaba.
Se conjugó este contexto de violencia que despliegan los grupos de la delincuencia organizada en connivencia con actores económicos y políticos locales con el cambio de gobierno. Había ganado Morena en 2018 en Tlapa. El FPM empezó a exigir transparencia a este gobierno del ejercicio de los recursos económicos, particularmente reclamaban un excedente de recursos destinados a obras públicas de las comunidades de la administración pasada. Ahí empezó la agresión contra Arnulfo.

El presidente municipal, Dionicio Merced Pichardo, y el jefe de gabinete -una figura que crearon de facto, pero que no existe en la ley orgánica- Marco Antonio García Morales, desplegaron una campaña muy fuerte de descalificación contra los compañeros dirigentes del Frente, tachándolos de “lucradores”, de “vendidos”, de “corruptos”, de “vividores” y sacaron en los medios locales figuras de rata comparando a Arnulfo y sus compañeros.
En septiembre de 2019 el FPM tuvo que movilizarse en tres ocasiones por fertilizante, por obras públicas y en la última movilización relacionada con el tema de los comerciantes que reivindicaban el derecho al empleo y espacios adecuados para vender sus productos fueron desalojados.
En un intento desesperado el Frente Popular de la Montaña, donde Arnulfo no fue, los comerciantes por su propia voluntad bloquearon la tienda de Marco Antonio García. Las tensiones fueron muy fuertes. Ese mismo día Arnulfo recibió amenazas de muerte de manera directa del grupo de la delincuencia organizada que estaba operando en Tlapa. Después vendrían otras amenazas hasta que el día 11 de octubre del 2019 fue desaparecido, no se supo más de él hasta el 20 de noviembre cuando fue encontrado en una fosa clandestina en el lugar conocido como Los Tres Postes.


Dentro de las investigaciones se detectó que hubo seis llamadas de un mismo número que Arnulfo recibió la noche de su desaparición. En el análisis telefónico resulta que la dueña de ese teléfono era una mujer, quien sacó a Arnulfo de su casa y lo llevó a un lugar a las orillas de Tlapa. Ahí llegó el grupo delictivo para llevárselo a una casa de seguridad donde fue asesinado. Después, su cuerpo lo fueron a tirar a una fosa clandestina. El dueño de la máquina era un tío del jefe de la banda delictiva y tenía nexos con el ayuntamiento para hacer fosas y enterrar personas. Fueron detenidas seis personas acusadas como autores materiales y una persona que era el jefe de gabinete como autor intelectual. Es decir, hay 7 detenciones al día de hoy. El 3 de julio empezaron las audiencias de juicio oral contra el autor intelectual y se reanudan este 8 de agosto, pero hay una preocupación porque cuenta con poder económico y político para torcer la ley y comprar la justicia.