blogeditor · 30 de marzo de 2015
Carmen Aristegui divide las aguas del periodismo y la política. Es un hecho. Su participación en los medios de comunicación es polémica desde hace varios años. Su estilo periodístico produce fanáticos y adversarios casi en la misma proporción. Esa forma muy suya de hacer periodismo le ha ganado sin duda un nombre dentro de los espacios radiofónicos existentes.
[contextly_sidebar id=”HkNqVWuYXcypdahzklkp5INHipqevOWI”]Esos monólogos editorializados son su sello particular. Esa forma inquisitiva de entrevistar a sus invitados le han hecho fama de ser una dura entrevistadora, cuando encuentra una rendija no la suelta hasta que obtiene una confesión o arrincona al entrevistado. Se aferra como nadie más a temas que pocos quieren abordar. Los persigue durante semanas, hasta que alguien se agota… cualquiera, menos ella. Toma batallas que parecen perdidas y las lleva a sus últimas consecuencias. Nadie más hace eso hoy en los medios, donde lo que dicta la agenda mediática es la oportunidad (o el oportunismo) de la nota fugaz, que se pierde rápidamente entre miles de notas más.
A continuación intentaré esbozar algunos puntos del por qué me parece que vale la pena recuperar el espacio noticioso de Aristegui:
Finalmente, MVS Noticias conoce la importancia de Aristegui y aún así prefiere pagar el costo social y económico de despedirla que mantenerla en su programa. Solo hay una lógica económica que puede explicar esto, que el costo de dejarla ir sea mucho menor al costo de mantenerla al aire. O quizá, lo que gana MVS y Los Vargas al terminar con Aristegui debe ser mucho mayor a la ganancia que ella aportaba a su estación de radio, siendo uno de los programas con mayor rating en esa barra noticiosa. No puedo pensar que ninguna otra lógica explique la decisión de dejarla ir.
Con la pérdida de este espacio radiofónico perdimos todos, la audiencia, la estación, Carmen Aristegui y su equipo, la democracia, el país, y el presidente también. La falta de credibilidad en este gobierno ya está asentada en cada frase gubernamental, no depende de una estación, de un periodista o de un reportaje; es masiva y generalizada, y al igual que el sol, no se puede tapar con un dedo o con un manotazo a un programa de radio…