Apuntes para una negociación México vs. Trump

blogeditor · 17 de febrero de 2017

Apuntes para una negociación México vs. Trump

Por: Mara I. Hernández (@maraihdez)

A unos días de la toma de posesión de Trump, México quedó en la mira del mundo en lo que parecía una estrategia de negociación que hacía oídos sordos a recomendaciones clave que los expertos en conflicto y negociación coinciden en destacar en disputas caracterizadas por marcadas asimetrías de poder. Esperemos que de cara a la visita de los altos funcionarios de Trump, Rex Tillerson y John Kelly, se estén considerando al menos las siguientes tres:

1. Evitar entablar una negociación en un contexto de extrema asimetría de poder

Los expertos en conflicto y negociación coinciden en la recomendación de evitar negociar en estas condiciones. El poder se reconoce como un factor dinámico y multidimensional que puede construirse en el tiempo, aun cuando se tengan menos recursos económicos y poder militar, por medio de alianzas con diversos actores y en la identificación de alternativas a la negociación.

2. Construir un mandato claro unificador que oriente la estrategia del representante y active aliados internos

En las negociaciones que involucran equipos, fracciones o naciones, uno de los principales obstáculos para la construir acuerdos es la ausencia de una negociación interna efectiva. Sin mandato claro, el representante está condenado a navegar entre la espada y la pared. Cualquier acuerdo al que llegue será cuestionado por los representantes y será difícil ratificarlo, e incluso mantener la representación. México necesita construir una agenda de Estado para navegar esta coyuntura. Es un paso adelante que el Presidente haya corresponsabilizado al Senado y a la CONAGO.

3. Buscar aliados poderosos para equilibrar el poder

México tiene una larguísima trayectoria de multilateralismo sobre la cual se podría construir; no obstante, el enfoque de la actual estrategia es tratar este conflicto desde una perspectiva bilateral. En el pasado reciente existió una voluntad de colaborar y construir acuerdos de ganancia mutua, por lo que este enfoque permitió generar importantes acuerdos entre los dos países. Hoy que no existe esa misma voluntad, pensar de ese modo nos subordina a la buena voluntad del presidente Trump.

Para trabajar sobre estas recomendaciones no basta encerrarse en la cancillería o en presidencia en una reunión de planeación. La posición de poder, las alianzas y la construcción de un mandato, en el mejor de los casos, tomará tiempo. De ahí que sea importante que nuestros negociadores utilicen la visita de la próxima semana para explorar a fondo los intereses de la administración de Trump y dejar solamente esbozada una posible agenda para la nueva relación bilateral. No es momento de llegar a acuerdos. El gobierno mexicano necesita comprar tiempo para reposicionarse en la negociación.

Ahora bien, el futuro no depende enteramente de lo que haga México. Mientras nos preparamos, existe el riesgo de una escalada de conflicto que derive en una guerra de aranceles y hostilidades mutuas, con altísimos costos económicos, relaciones diplomáticas erosionadas o suspendidas, menos colaboración de México en asuntos de seguridad relevantes para Estados Unidos, graves violaciones a derecho humanos de los migrantes, y hasta cierre temporal de fronteras. A este escenario lo denominaremos perder-perder. Por fortuna, el escenario perder-perder es suficientemente malo para ambas partes como para pensar que buscarán evitarlo. Al mismo tiempo, en este momento, los presidentes de ambos países enfrentan fuertes presiones para escalar las medidas unilaterales, por lo que no será fácil propiciar un escenario conciliador.

Aquí ocho recomendaciones para que México transite hacia un escenario conciliador, desde una posición de menor asimetría de poder:

  1. Generar un espacio de diálogo estratégico que integre a líderes de distintos partidos políticos y sectores en un terreno neutral, para construir consensos y acordar acciones coordinadas de México para encarar a la nueva administración de EU.
  2. En conexión al punto anterior, facilitar el surgimiento de un espacio autónomo de actores no estatales que articule una estrategia de diplomacia ciudadana con las siguientes características:
    • Orientado a la construcción de puentes y alianzas con actores de distintos sectores del otro lado de la frontera y a nivel internacional;
    • En interlocución con actores estatales pero autónomo, a fin de poder constituirse en un contrapeso efectivo a las voces que pugnen por medidas unilaterales tendientes a propiciar el escenario perder-perder.
    • Basado en evidencia y datos duros que generen conocimiento compartido sobre las problemáticas de la relación bilateral de un lado y otro de la frontera.
  3. En el inter, el estado mexicano debe denunciar aquellas acciones unilaterales arbitrarias y abusivas, evitando amenazas y ofensas, subrayando siempre la necesidad de construir sobre bases de respeto mutuo. Las denuncias deben ser en lenguaje mesurado para evitar contribuir al escalamiento del conflicto, pero pueden apoyarse en aliados de sociedad civil y academia que hagan eco de ellas en tonos más combativos –nunca de odio- en alianza con actores civiles y académicos del otro lado de la frontera y en distintas partes del mundo.
  4. Nombrar a Luis Videgaray como enviado presidencial permanente, comisionado de tiempo completo para estrechar lazos con el vecino y mantener abiertos los canales de comunicación con todos los sectores en Estados Unidos.
  5. Instrumentar con apoyo de sociedad civil la anunciada política de convertir a embajadas y consulados en “auténticas defensorías” de migrantes en alianza con sociedad civil, academia y despachos de abogados. El actual canciller está lejos de ser idóneo para liderar estos esfuerzos. En su lugar, lo ideal sería nombrar a algún mexicano que tenga experiencia en la defensa de derechos y con probado poder de convocatoria entre distintos sectores.
  6. Mantener y diversificar interlocución de bajo perfil con cuantos actores sea posible, incluida la administración de Trump, congresistas, diáspora de latinos, empresarios, ONGs.
  7. Profundizar la relación diplomática con América Latina, Europa y China, de una forma discreta que no se constituya en declaración de guerra, pero donde sí se analicen alternativas de asociaciones comerciales y se construya lenguaje común orientado a neutralizar el discurso de odio y segregación.
  8. Profundizar la participación en organismos multilaterales como la OMC, OEA y ONU, tanto para visibilizar los criterios internacionales que prevalecen en temas como comercio internacional, derechos humanos y cooperación ambiental, como para mapear los mecanismos de solución de controversias existentes y las estrategias para activarlos.

Tendrá que ser una estrategia multiactor y multinivel en la que deberán corresponsabilizarse actores diversos y compartirse los réditos. El escenario electoral es el mayor riesgo, el Presidente y su Partido hará bien emular a Zedillo en el 2000, colocando al país por encima de su partido. Lo otro será darse balazos en el píe, como lo está haciendo el mandatario de nuestros vecinos.

 

* Mara I. Hernández es investigadora y coordinadora de Programa de Negociación, Mediación y Diálogo del CIDE. Doctora por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), especializada en negociación, democracia y resolución de conflictos. Es egresada de la Maestría en Administración Pública de Harvard, donde también se certificó como mediadora. Es miembro fundador del Consensus Building International Global Network. Autora del libro Un Congreso sin Mayorías: Mejores Prácticas de Negociación y Construcción de Acuerdos.