Claudia Calvin · 26 de mayo de 2011
Veo con sorpresa que cada calle y calle cada rincón en China, desde Beijing hasta Nanning, hablan de las tradiciones de este país de cultura milenaria, y simultáneamente, le gritan al mundo que se están adaptando a los cambios y la globalización con impresionante rapidez. Junto a los vehículos último modelo de las mejores marcas -BMW, Mercedes Benz, Audi- transitan en sus bicicletas personas de cabeza blanca, con sencillos pantalones, camisas y blusas de algodón, sin prisa, a su paso.
En la Ciudad Prohibida caminan cientos de habitantes del país, sonriendo. Posan debajo de la imagen de Mao ante la mirada gélida de los guardias del recinto. La plaza de Tienanmen está llena de personas que no se están manifestando, simplemente visitan y hacen turismo en el histórico lugar. Las adolescentes con sus menudos y característicos cuerpos cantan, se abrazan, actúan ante las cámaras fotográficas y los teléfonos celulares. Parejas jóvenes con sus pequeños hijos caminan tomadas de la mano y disfrutan que los turistas filmemos a sus niñitos vestidos en trajes típicos de diversas regiones de China.
La llegada al paso de Juyongguan, que guarda amargos recuerdos en la historia china por haber sido el punto de entrada de la invasión de los mongoles al país del dragón, es por una autopista que se encuentra en perfecto estado y podría ubicarse en cualquier ciudad europea. La famosa Muralla observa a los visitantes locales y extranjeros quedarse absortos ante la magnificencia de la obra y su contraste con el entorno montañoso.
China, el país que se ha convertido en potencia y cuyos funcionarios se niegan a reconocerlo en el discurso. La economía mundial que busca la manera de construir un camino y una propuesta propia de crecimiento. El país que está buscando instrumentar en cada acción económica y política su propuesta de Concepción Científica del Desarrollo. El Estado que busca encontrar una ruta propia hacia el socialismo, singular, original en el que convivan la propiedad de gobierno y la iniciativa privada. El país que enfrenta los dilemas de ser una potencia económica y los de la desigualdad. Potencia mundial con características del subdesarrollo. Paradoja única.
Es inevitable ver un espejo a la inversa de México y otros países en América Latina. Hace 40 años China era un país en franco atraso, hoy, es uno de los países más fuertes en el escenario internacional. ¿Qué han hecho bien? ¿Qué hemos hecho mal? Cuando ellos se plantean la necesidad de dejar de crecer a un ritmo sostenido por las devastadoras consecuencias que el crecimiento está teniendo en términos energéticos y medioambientales, nosotros rogamos tener indicadores positivos de crecimiento dos, tres, cuatro años continuos. Cuando ellos se preguntan, analizan, estudian la manera de hacer convivir la inversión extranjera con los intereses nacionales, nosotros seguimos preguntándonos si la inversión extranjera es buena para el país y si no perderemos soberanía…aunque tengamos a millones de personas sumergidas en la pobreza (¿nuestra soberana pobreza?).
La izquierda mexicana haría bien en levantar la cabeza y darse cuenta de que el mundo está cambiando y que sus rencillas partidistas no le aportan nada al desarrollo, crecimiento y futuro del país. La derecha, por su parte, debería ver qué puede aprender de otros modelos y propuestas de desarrollo para llevar a México hacia un futuro de oportunidades.
Evidentemente, el modelo chino es un modelo en construcción, no uno acabado. Si, hay mucho que hacer en términos de democracia, de participación, de autosutentabilidad. El camino del desarrollo pacífico, como le llaman sus teóricos es uno en construcción. El socialismo con particularidades chinas probablemente sólo sea aplicable a ellos mismos.
El hecho, sin embargo, es que México se está quedando atrás en el ámbito internacional y deberíamos, aunque fuera por hacer algo diferente, levantar la mirada más allá del horizonte y descubrir que hay otras maneras de hacer las cosas. Los famosos BRIC (Brasil, Rusia, India, China. Ahora BRICS por incluir a Africa del Sur) están incidiendo en los temas de la agenda del mundo. Nosotros, simplemente observamos.
Un buen paso sería que los líderes mexicanos (en el ámbito político, empresarial, comunicacional) abrieran su fronteras –principalmente mentales- y se dieran la oportunidad de conocer lo que está sucediendo en China. Tal vez, sólo tal vez, podríamos empezar a explorar un espejo diferente y construir uno propio en el que visualizarnos.