Redacción Animal Político · 21 de junio de 2025
Recientemente, la Secretaría de Educación Pública dio a conocer el calendario escolar para el ciclo escolar 2025-2026, en el cual los días de clase se redujeron de 190 a 185 días para dar una semana más de vacaciones para el personal docente. Mientras para algunos esta fue una decisión acertada, en otros generó desaprobación: más vacaciones para el magisterio cuando ya tienen muchos días de descanso, problemas para las familias que ahora tendrán que resolver qué hacer con sus hijas e hijos; en fin, más tiempo libre para maestras y maestros, pero no mejora en su salario o sus condiciones laborales.
¿Afecta esta medida a la garantía del derecho a aprender de niñas, niños y adolescentes que cursan la educación preescolar, primaria o secundaria?
La cuestión de la duración del ciclo escolar se relaciona con el tiempo que se dedica a la enseñanza en las aulas. Dentro de este tema entra también la duración de la jornada escolar, es decir, cuántas horas se dedican por día o por semana al desarrollo de los aprendizajes. La pregunta acerca de cuál es la duración idónea o cuánto es el tiempo ideal para la enseñanza en la escuela ha sido tema de debate a lo largo de varias décadas en distintos países. En México el debate sobre la ampliación de la jornada escolar se ha dado con las Escuelas de Tiempo Completo. Sin embargo, la relación entre el tiempo escolar y los resultados de aprendizaje de los estudiantes es compleja.
La duración de la jornada escolar, el número de días de trabajo efectivo del calendario escolar anual y el uso eficaz del tiempo en actividades con sentido educativo son factores que en su conjunto pueden influir sensiblemente en el buen desarrollo de los aprendizajes. En los años sesenta el psicólogo norteamericano John B. Carroll (1916-2003) se hizo una pregunta: ¿cuánto tiempo toma a un estudiante aprender determinado contenido? Con este cuestionamiento, Carroll descartaba la idea, entonces vigente, de que las diferencias en las aptitudes de los estudiantes explicaban los distintos resultados de aprendizaje y sus trayectorias educativas. Pero, más importante aún, es que introdujo el concepto de “oportunidades de aprendizaje”, que definió como la cantidad de tiempo que se le dedica a un estudiante en atención pedagógica, con el objetivo de que alcance un determinado aprendizaje. Esto implica a su vez dos factores: la calidad de la enseñanza y la capacidad del estudiante para comprender el lenguaje en que se presentan los contenidos educativos —lo que hoy se denominan competencia lectora o comunicativa, razonamiento verbal, etc.
Las ideas de Carroll fueron más adelante retomadas por Benjamín Bloom (1913-1999), psicólogo y pedagogo estadounidense, quien sostenía que es un error tratar al tiempo como una constante, mientras tratamos al logro de aprendizaje como una variable. En cambio, señalaba que el logro de aprendizaje tendría que tratarse como una constante y el tiempo de enseñanza como una variable, dada la potencial capacidad de todos los estudiantes para aprender cualquier contenido; es decir, para optimizar el aprendizaje hay que permitir que el tiempo de enseñanza varíe.
Por consiguiente, el número efectivo de días de clase quizá no sea tan determinante para garantizar el derecho a aprender de las y los estudiantes que cursan educación básica. Más bien cabría preguntarse si hay las condiciones apropiadas para que el tiempo que se dedica a la enseñanza en las aulas ofrezca oportunidades de aprendizaje a todas y todos los estudiantes, sin dejar a nadie atrás, de manera que se garantice su pleno ejercicio de este derecho.
En 2021 en su Panorama de la Educación en el Mundo, la OCDE reportaba que el año escolar entre los países miembros de esta organización tenía una duración promedio de 186 días. Ahora en México la duración será de 185 días. Días más, días menos… ¿Es esto más importante que asegurar oportunidades de aprendizaje con equidad para las y los estudiantes en todas las regiones y escuelas del país?
Numerosos estudios en distintos países muestran que la ampliación del tiempo de enseñanza puede tener efectos favorables en el aprendizaje, especialmente para las y los estudiantes que viven en situación de pobreza o de marginación social. Por contraste, la reducción del calendario escolar favorece el bienestar docente. Sin embargo hay que preguntarse por las condiciones en que se lleva a cabo el proceso de aprendizaje, por la medida en que durante el tiempo de enseñanza se desarrollan efectivamente los aprendizajes fundamentales que incluyen comprensión lectora, competencia comunicativa, resolución de problemas con base en las matemáticas, comprensión de fenómenos naturales a partir de los conocimientos y el razonamiento científicos, así como la gestión de las emociones para la formación integral de niñas, niños y adolescentes.
En nuestro país hay innumerables factores que afectan la eficacia del trabajo docente. Uno de ellos, reiteradamente mencionado por maestras y maestros, se refiere a la considerable carga administrativa que deben atender, otro más es el relativo a las condiciones de las escuelas, desde su mobiliario, equipamiento, instalaciones o infraestructura hasta la disponibilidad de recursos tecnológicos y didáctico-pedagógicos (por ejemplo, disponibilidad oportuna de libros de texto gratuitos). A esto habría que añadir las circunstancias del entorno que a menudo afectan el ambiente para el aprendizaje como son los desastres naturales o la violencia en las localidades y alrededores de las escuelas.
En este contexto, las decisiones que tome cada maestra y maestro serán decisivas para ampliar las oportunidades de aprendizaje de cada estudiante. ¿Cómo usar de la mejor forma el tiempo para desarrollar determinados aprendizajes? Mientras que a las autoridades educativas competentes les atañe dotar a las escuelas de lo necesario para favorecer ambientes de aprendizaje propicios, a maestras y maestros, como profesionales del aprendizaje, les corresponde decidir de qué forma usar el tiempo. El modelo educativo que propone la Nueva Escuela Mexicana les ofrece un marco flexible para que el personal docente de cada escuela decida lo mejor para asegurar a cada estudiante, sin discriminación alguna, que pueda estar, aprender y participar en la escuela y así garantizar plenamente su derecho a aprender.
*Maura Rubio Almonacid es directora de Investigación en Mexicanos Primero.