blogeditor · 15 de agosto de 2011
Por: Eugenio Severín, Especialista Senior en Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
Corea del Sur es un ejemplo de rápido crecimiento económico y excelentes resultados educativos. Hasta comienzos de los años ochenta, Corea tenía un bajo nivel de desarrollo económico, comparable con el desarrollo observado, en aquella época, de los países latinoamericanos. Sin embargo, tras un crecimiento anual sostenido de 6%, hoy no es sólo uno de los países más desarrollados del mundo, sino además, uno de los de menor desigualdad.
En educación, Corea del Sur ha mejorado sistemáticamente sus resultados y en la última prueba PISA (2009) ocupó los primeros lugares entre los países participantes. Consideremos que a mediados de los años 70, sólo el 7% de los estudiantes alcanzaba la educación superior, y hoy lo hacen sobre el 70%.
Todo esto es doblemente interesante si consideramos que Corea del Sur es un país pequeño, con menos de 100 mil kilómetros cuadrados y limitado acceso a recursos naturales. Un factor central en este crecimiento ha sido la inversión en educación y fortalecimiento del capital humano, en donde las tecnologías para la educación han tenido un papel muy relevante.
Hay tres factores que destacan cuando nos preguntamos por claves que puedan servir a América latina, a partir de la experiencia coreana:
Parte relevante del esfuerzo coreano ha contado con una clara apuesta por aprovechar las tecnologías para la educación. Los planes maestros anuales han definido para cada etapa, un uso preciso de cada tecnología disponible. Por ejemplo, el plan Maestro 1996-2000, puso énfasis en la infraestructura para la conectividad a Internet y la formación de los docentes; el Plan 2001-2005, se concentró en el desarrollo de contenidos educativos (textos escolares digitales y apoyo para el hogar) y el sistema de información escolar (NEIS); el Plan 2006-2010 se focalizó en el uso de móviles para un aprendizaje ubicuo y una renovación de la formación docente para concretarla en nuevas prácticas educativas.
Recientemente, Corea del Sur ha anunciado en su nuevo Plan Maestro, que dejará de lado los textos escolares impresos, y que en adelante, los reemplazará por textos digitales, ricos en contenido multimedia y actividades interactivas, para lo cual, los estudiantes accederán a tablets conectadas permanentemente a Internet. Esta medida, como se puede apreciar claramente, no es el resultado de una improvisación de último minuto, una concesión a la moda, ni un derroche de recursos con fines electorales. Es más bien una nueva fase natural, de un empeño sostenido y sistemático.
El éxito de Corea del Sur es el resultado de este esfuerzo sostenido por políticas coherentes y de largo plazo, en donde las tecnologías juegan un rol, no como las protagonistas solitarias de un esfuerzo desesperado, sino como el apoyo necesario para producir los resultados educativos que se buscan. Es cierto que en nuestra región enfrentamos otros desafíos, desde diferentes experiencias y culturas. Pero algunas cosas tenemos que aprender desde Corea.
(Texto escrito en colaboración con Christine Capota).