Aprender a conversar con China

Simón Levy · 14 de diciembre de 2011

Aprender a conversar con China

No se trata de una sugerencia lingüística ni del entendimiento de un idioma; tampoco es una ironía expresiva, ni un título sugerente que evidencie la de por sí poco lúcida relación bilateral entre México y China. De lo que se trata es de hacer referencia a un atributo enteramente básico e indispensable en cualquier relación humana; desde luego también lo es, para una relación, que buscando ser estratégica entre nuestro país y la nación asiática, merece analizar el aspecto más básico de trascendencia eficaz en la construcción de posibilidades que el presente y el futuro nos depara: la verdadera posibilidad de mantener una conversación sustentable e inteligente con China.

China es hoy para México -y para el hemisferio americano- un verdadero componente de seguridad nacional. Hay que decirlo sin cortapisas ni vacilaciones lingüísticas. Para contar con un contenido estratégico en la relación bilateral, urge provocar esfuerzos no lineales sino alineados a una estrategia de profundidad y humildad en la comprensión de lo que está sucediendo hoy en el mundo.

Estamos viviendo la cristalización de lo que evidencia ser más que una nueva guerra fría del nuevo siglo, una especie de colisión de civilizaciones no sólo entre naciones sino entre galaxias de multinacionales chinas frente a intereses occidentales. Al menos la cronología de los acontecimientos de los últimos 3 años así lo evidencian. China ha establecido su nuevo tipo de cambio en 6.35 yuanes por dólar. Cuando vivía en China hace 7 años el tipo de cambio era 8.18 yuanes por dólar. La apreciación de la moneda, la provocación estadounidense en las declaraciones bilaterales sobre el tema de derechos humanos y acerca del desarrollo de inversiones que China está manejando en el mundo, junto con el cáncer financiero que Estados Unidos tiene con China, están aumentando silenciosamente la atención de varios sectores hacia ese país, aunque el sensacionalismo noticioso no alcance a sensibilizar a las autoridades y empresarios de lo que China está representando para el mundo. Fente a ese panorama México está como el puente más cercano entre Estados Unidos y China.

2008 significó el parteaguas de un nuevo rumbo en la economía china. Decidieron salvaguardar su mercado interno renunciando a ser el gran motor de la economía mundial. Entonces, llegó una política fiscal expansiva sin paralelo que creó un incesante y preciso gasto corriente e inversiones. A esto se le sumóla decisión del Consejo de Estado chino para que sus grandes fábricas impulsaran la proveeduría del mercado interno en detrimento de satisfacer  la demanda internacional, comenzando a gestar un profundo y progresivo desabasto en países que hace 30 años comenzaron a desmantelar su infraestructura de manufactura básica apostando a comprar barato para comercializar a precios más altos, como está también resultando ser el caso de México.

Ante ese nuevo escenario, ningún país pudo reaccionar favoablemente. En efecto, China contribuyó positivamente en sus primeros 30 años de crecimiento a la economía mundial, el gran problema es que sus siguientes 30 pondrán en jaque la seguridad migratoria, de recursos naturales, energéticos y la seguridad comercial del mundo. Es claro que este es un asunto que va mucho más allá que nivelar la balanza comercial entre dos países. Se trata de entender un fenómeno que nunca antes la historia había atestiguado; el monopolio de las fuentes que le dan movimiento al mundo.

El mundo hoy depende de la decisión de China para la fijación de precios de materias primas como el hierro. El impacto del precio final de los productos también. Esto implica, entre otras cosas, que merezca la pena reflexionar sobre estos temas para rescatar y posicionar a México en el contexto global.

El desarrollo sustentable de México y Estados Unidos, el uso de la mano de obra, la estrategia migratoria regional en Norteamérica y no sólo en México; la explosión competitiva que México busca, todo ello hoy, sin regateos y aunque se reconozca o no, está y estará ligado en los próximos 50 años de manera directa e indirecta con China. La geopolítica que México quiera construir, si es que así lo desea, pasará por los asuntos que el país asiático desarrolle.

Por ello, juzgo importante y después de escuchar tantas impresiones de funcionarios públicos de México que reconocen el poco avance en una relación bilateral que flota en la mediocridad de las circunstancias, provocar en el ánimo de quien lea estas líneas, el reconocer que no hemos sabido ni sabemos desarrollar comunicaciones sustentables y estratégicas con China.

Es también opinión de muchos responsables públicos, que los empresarios somos quienes debemos impulsar la estrategia nacional y la realidad con este país. No. No nos equivoquemos: es el Estado sumado a la inteligencia ciudadana agrupada quienes deben provocar a través de su pensamiento público estratégico que los ánimos empresariales, académicos y  políticos sigan una misma línea de acción; un frente a una estrategia común para el factor de seguridad nacional llamado “China”.

Insisto, esto no es un asunto de sintaxis ni de desarrollo verbal. China y México no se colocan entre sí en el reinado de la urgencia, porque no hay un hilo conversacional de ideas ni proyectos estratégicos que le provoquen.

La improvisación estratégica reina en los asuntos bilaterales. No lo juzgo yo, lo evidencia la realidad: Las exportaciones de minerales y del sector automotriz no son provocadas por una estrategia de políticas públicas ni por el sector empresarial. La emergencia económica de Brasil y de otras naciones africanas repentinamente volvieron importante a México, como relación sucedánea y fungible mientras esas regiones respiran un poco de su crecimiento explosivo con China.

Es urgente que México cuente con un Consejo  Gubernamental de Asuntos Estratégicos y que dentro de éste genere una Academia de Altos Estudios Asiáticos, para formar estrategas de la relación regional. Urge que en la agenda de seguridad nacional se reconozca a China como lo que es, un asunto de prioridad nacional. Solo la construcción de un Estado vertical con fuerza y eficacia de sus políticas públicas sensibles a esta época lo podrá lograr.

Provocar un plan estratégico con China y Asia para la nueva administración pública que vendrá en 2012, habrá de llevar a profundas reflexiones sobre la reingeniería de un Estado Mexicano que aunque muchos defienden el romanticismo constitucional y el estado de cosas, el arquetipo de Estado Mexicano no sintoniza con las necesidades y las urgencias del Siglo XXI. Merecemos de un Estado fuerte y eficaz con atribuciones y estrategia para sentarse en la mesa con la próxima potencia del mundo.

México requiere dejar de ser una servidumbre de paso manufacturero y reconocer que es necesario transitar a una economía del conocimiento, en medio de un plan de “reforestación industrial de nichos”. Entender por ejemplo, la matriz de atraer inversiones de nichos, tener un nuevo turismo transregional norteamericano frente a China, impulsar el sector agroindustrial para abastecer la demanda de China, generar proyectos comunes energéticos y mineros, pueden ser algunos elementos que reactiven el interés de China de conversar verdaderamente con México.

Es tiempo para actuar, ya no sólo para meditar. Estas líneas no están animadas por un amarillismo sensacionalista, ni por un protagonismo deseoso de imponer ideas. Recorro simplemente a través de la urgencia de las circunstancias y los asuntos que me llevan a concluir lo inminente e imperioso que es aprender a conversar con China administrando oportunidades y no recurriendo a paliativos para aminorar una caótica realidad por la desatención y la falta de sensibilidad que ha merecido este asunto.