Apostarle al petróleo es mala inversión

blogeditor · 14 de agosto de 2020

Apostarle al petróleo es mala inversión

Por muchos años, México fue uno de los principales productores y exportadores petróleo crudo; sin embargo, su posición se ha fragilizado en años recientes. Las inversiones a Petróleos Mexicanos (PEMEX) son insuficientes para contrarrestar la caída en la producción, de más de 1 millón de barriles de petróleo al día desde 2004.

Frente a esto, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) considera como máxima prioridad salvar a PEMEX e incrementar la producción de petróleo en un tercio, para alcanzar los 2.4 millones de barriles de petróleo al día para 2024. A pesar de la austeridad anunciada por el gobierno -inclusive en los planes de rescate económico postcovid y pese a que de acuerdo con las cifras más recientes se estima que 12 millones de personas en México han dejado de percibir ingresos– AMLO ha prometido una inversión de 15 mil millones de dólares para rescatar a PEMEX, y otros 8 mil millones para la construcción de la refinería de petróleo en Dos Bocas, Tabasco.

México tiene una de las matrices energéticas más dependientes de combustibles fósiles del mundo, con una dependencia del 97.7%. Para enverdecerla, la reforma energética de 2013 tenía como principal objetivo abrir la puerta a participación privada en México y a proyectos de energías limpias, principalmente a través de subastas de energía a largo plazo y certificados de energía limpia. Las dos primeras subastas se llevaron a cabo en 2016, y demostraron el gran apetito de los inversionistas por los proyectos de energía solar fotovoltaica y generación eólica en el país.

Hoy en día, las subastas han sido canceladas. A esto se le suma el anuncio del 29 de abril del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), de suspender 44 plantas de energía renovable a la conexión a la red eléctrica nacional, poniendo en riesgo inversiones de US$ 6 mil millones y también, casi 30,000 empleos. Por el momento y frente a los numerosos amparos interpuestos por las empresas de energías renovables, el CENACE ha dado marcha atrás en las suspensiones que impedían a estas centrales realizar las pruebas preoperativas para poder conectarse a la red. Sin embargo, el futuro es incierto para los inversionistas de proyectos de energías limpias.

Este anuncio fortalecía desproporcionadamente a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), al darle prioridad a la electricidad generada por la CFE con combustóleo. La decisión está en línea con el compromiso de AMLO de que el 54% de la generación de electricidad provenga de la CFE. Ese combustóleo viene del excedente de petróleo mexicano que ya no encuentra compradores internacionales. Y es que el mercado se encoge para el crudo pesado, aquel que se procesa en las viejas refinerías de México, debido a su alto contenido de azufre. En enero, la Organización Marítima Internacional prohibió que las embarcaciones marítimas siguieran utilizándolo. Como PEMEX se ha negado a refinar su crudo en Estados Unidos, la empresa se ha quedado con combustóleo que nadie quiere comprar. Los recientes acontecimientos en la CFE dejan pensar que se encontró una solución: utilizar el combustóleo para la generación eléctrica, con todas las implicaciones que esto conlleva en los compromisos climáticos asumidos por México, y las consecuencias catastróficas en salud pública. Para dimensionar, la contaminación atmosférica es el noveno factor de muerte prematura en México: en nuestro país mueren cada año unas 48,000 personas por la mala calidad del aire.

A nivel global, como respuesta a la pandemia, los precios del petróleo han caído abruptamente. Desde hace algunos años, la producción de petróleo mexicano también va en picada, pues los pozos más productivos se han ido secando. Para reactivar e incrementar la producción, tal y como prometió AMLO, PEMEX tendrá que explorar las aguas profundas. Aguas desconocidas para la compañía que cuenta con poca experiencia en el sector. Esto conlleva también costos de producción elevados, que ya se han triplicado en México en los últimos años. Tomando en cuenta otros costos, como las pensiones y los impuestos, Pemex requeriría de un precio de 70 dólares para alcanzar un punto de equilibrio. Actualmente, la mezcla mexicana de petróleo está a menos de 30 dólares. A esto se le suma la pérdida de PEMEX por 23 mil millones de dólares en los primeros tres meses de 2020.

A nivel mundial la transición energética ya está en curso. El futuro será verde, pero todo parece indicar que México llegará tarde a la conversación.

@andreabizberg