blogeditor · 10 de abril de 2014
Por: Jacobo Dayán (@dayan_jacobo)
Ahora en Morelos y Puebla, la misma discusión que hubo hace casi dos años cuando en Chihuahua y Sinaloa pretendían controlar las presentaciones de grupos que interpretaban narcocorridos o de Movimiento alterado.
Unos argumentan libertad de expresión mientras otros buscan no “contribuir” a la cultura de la violencia, lo que eso signifique.
En agosto de 2011, escuché un discurso de Javier Sicilia frente al Senado de la República en el que expresaba: “…nos encontramos en una emergencia nacional que puede llevarnos del nihilismo al autoritarismo: dos formas de lo inhumano que no sólo nos harán perder nuestra incipiente democracia, sino que instalan por muchas décadas el horror que padecemos”. Estas frases conectaron de inmediato con múltiples referencias acerca de cómo el nihilismo desembocó en los horrores de ambas guerras mundiales y particularmente en el fracaso de una incipiente democracia como la que se pretendía consolidar en la Alemania de entreguerras.
Las similitudes comenzaron a multiplicarse en mi mente: la atmósfera de esos años en Alemania era sofocante y violenta, los asesinatos eran cosa cotidiana, la corrupción gubernamental y empresarial era inmensa, era difícil encontrar la línea que separaba crimen y Estado, se vivía una gran agitación política mientras que el electorado fragmentaba su voto, un gran número de mujeres eran violadas y posteriormente asesinadas, había una gran crisis moral, una enorme impunidad y un alto índice de desempleo, sólo por mencionar unas cuantas.
[contextly_sidebar id=”ec62fba1d859f04ef45e55a8f23098ae”]Este complejo caldo de cultivo encontraba desahogo y crítica en distintas manifestaciones artísticas: la violencia cruda (El gabinete del Dr. Caligari de Robert Wiene de 1920); el papel del crimen organizado (Las arañas de Fritz Lang de 1919. Espías de Fritz Lang de 1928. M de Fritz Lang de 1931); el caos, el poder fuera de control, el vínculo entre riqueza y delincuencia (Doctor Mabuse de Fritz Lang. 1922); la gran brecha entre un sector acomodado y otro empobrecido (Metrópolis de Fritz Lang. 1927). La ópera de los 3 centavos (Kurt Weill y Bertolt Brecht de 1928) deja de manifiesto el vínculo entre bandas del crimen organizado con empresarios y autoridades de gobierno, y en Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (Kurt Weill y Bertolt Brecht de 1930) se hace una crítica a la corrupción del estado, la decadencia moral de la sociedad y la inoperancia del sistema judicial. Todo esto parece ser un retrato de la realidad de nuestro país. Nuestro cine ha plasmado de muy distintas maneras el mismo diagnóstico que se hizo en Alemania hace casi un siglo.
Bajo la misma lógica, si se canceló la presentación de un grupo musical para “no abonar a una cultura de violencia”, ¿no se tendrían que prohibir películas como El infierno de Luis Estrada? La respuesta es evidente: No. El problema es la realidad no su manifestación artística o cultural.
El gran personaje creado por la pluma de Bertolt Brecht y musicalizado por Kurt Weill es Mackie Messer (Mackie alias el navaja o mejor conocido en inglés como Mack the knife). Un criminal despiadado que toma la forma de héroe, sus hazañas son relatadas en La ópera de los 3 centavos (Versión 1931).
En un muy buen análisis, Luis Astorga escribe: “En México, el corrido ha sido un medio frecuentemente empleado para difundir los múltiples aspectos de la vida social que no tienen cabida en los discursos oficiales, o que se perciben sólo desde la perspectiva del poder en turno… En algunos de los corridos de traficantes el bandido-héroe convive aún con el traficante-héroe y a veces ambas categorías se confunden”. De este imaginario surgen personajes como Jesús Malverde o Nazario Moreno, ambos se han convertido no solo en figuras míticas sino incluso en santos venerados.
La convención americana sobre Derechos Humanos establece en su artículo 13: “…4. Los espectáculos públicos pueden ser sometidos por la ley a censura previa con el exclusivo objeto de regular el acceso a ellos para la protección moral de la infancia y la adolescencia… 5.Estará prohibida por la ley toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, idioma u origen nacional”.
En este caso, el problema se encuentra en la violencia, la impunidad, la corrupción, la inoperancia, la descomposición social y no en las letras de canciones o guiones de películas. La violencia y las distintas manifestaciones artísticas y culturales son subproductos de este complejo y podrido escenario.
Para terminar, los dejo con una canción de Molotov que según la lógica de los funcionarios morelenses y poblanos, tampoco podría ser presentada.
Molotov – Ánimo delincuencia
* Jacobo Dayán es analista internacional. Derechos Humanos. Difusión cultural y artística.