Redacción Animal Político · 20 de marzo de 2024
“El desarrollo insostenible está claro que no sostiene a la democracia”.
Giovanni Sartori
Tal vez la pandemia, los cambios climáticos, las guerras, la velocidad en la que, en general, aumenta nuestra dependencia de la tecnología en la vida diaria, entre otros temas, han provocado una sensación de acercamiento del fin del mundo. Esta es una percepción que se justifica de alguna forma, pues el mundo ya no es ni será como lo conocimos, y todo cambio implica la muerte de algo y el nacimiento de otra cosa.
De alguna forma hay conceptos que ya no pueden contener los mismos significados, estos se derrumban porque no hay otra alternativa y el sentido de aparente seguridad en el que hemos estado instalados/as, es desafiado día tras día. Esto está sucediendo en muchos temas, como el nuevo papel de las mujeres en las sociedades, el reconocimiento de la diversidad sexual y el cuestionamiento a las religiones, a las tradicionales formas de componer una familia, a la manera en que nos relacionamos con el medio ambiente. A esto se suma un fuerte cuestionamiento a las instituciones políticas y, por supuesto, también sabemos que está en crisis el concepto de la democracia en occidente.
En nuestro país, las emblemáticas elecciones presidenciales del año 2000 -a partir de las cuales después de más de 70 años las diferentes fuerzas políticas pueden alternarse en el ejercicio del poder político a través del voto popular- paradójicamente se convirtieron en el punto de quiebre; es decir, en el momento en que se percibe un real desencanto democrático que ya se venía gestando. La razón: los poderes fácticos impiden la generación de políticas que favorezcan a grupos mayoritarios de la población.
En efecto, ha crecido la insatisfacción con la democracia en muchos países, como lo ha sido en el nuestro, y si a partir de la raíz etimológica se puede inferir que la democracia es el poder popular, hoy por hoy, a nivel mundial hay gobiernos que parecen estar dirigidos no por el poder del pueblo, sino por la voluntad de dichos poderes fácticos; el poder económico como uno de los más influyentes. Esto ha originado muchos problemas, pero dos especialmente graves: las desigualdades sociales extremas y los problemas ambientales que ya parecen irreversibles.
Esta situación por supuesto provoca que gran parte de la población se sienta desprovista de su poder originario, que en teoría le corresponde, y genera enojo, provoca desinterés y un sentimiento de lejanía de la clase política hacia ellas y de una desesperanza de que sean atendidas sus necesidades. La población presiente, de alguna forma, que el sistema está diseñado para que jamás recupere ese poder.
Las personas que pertenecen a estos grupos excluidos que han sido explotadas y despojadas pareciera que han sido desposeídas también de su fuerza para exigir, o tal vez, muchas de ellas están pulverizadas en la vida de las redes sociales o quizá solo pueden ocupar su energía vital en poner atención emergente en su subsistencia, y su actuar es de desafección de la política, es probable que por estas razones posterguen el “YA BASTA” a los efectos de la manera en que se ejerce el poder.
Por ello, no debe extrañarnos que haya una insatisfacción a nivel internacional con la democracia y que, ya en ascenso -no es cosa menor- la democracia, con este diseño parece estar en agonía.
Corregir el rumbo de la democracia parece complejo; sin embargo, lo más valioso que enseñó la pandemia y que se instaló en la psique de la humanidad entera es esa capacidad muchas veces desconocida de adaptarnos a un modelo de vida cotidiana, totalmente desconocido, con pérdidas, con ganancias, algunas personas con más retos que otras, pero al final, conocimos un movimiento colectivo proveniente de algo desconocido y no calculado. Seguramente esta experiencia favorecerá a que los movimientos pendientes e inminentes sucedan con menos temor al cambio. Tendríamos que tomarlo en cuenta y apresurarnos a crear nuevos contenidos en la forma del ejercicio del poder en las democracias occidentales.
Si seguimos postergando como sociedad encontrar soluciones radicales a las grandes deudas es probable que el rugido de hartazgo y el ¡YA BASTA! surja del planeta, que también ha sido explotado y despojado. Pero como este tiene fuerza propia, tal vez las consecuencias sean irremediables.
* Mónica Lozano Ayala es magistrada en funciones de la @TEPJF_Esp.
Corporación Latinobarómetro. (2023, 21 de Julio). Informe Latinobarómetro 2023: La recesión democrática de América Latina. Santiago de Chile.
Sartori, Giovanni. (2023). ¿Qué es la democracia? Taurus, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.