Anular no

blogeditor · 10 de abril de 2015

Anular no

Soy anulista de corazón. Estoy convencido que debemos sustituir por completo a los ocupantes de las estructuras del Estado. Durante el año 2009 promovimos el voto nulo activamente. Hoy pienso que es una buena manera de darle sentido político a la frustración y dotar de acción la apatía. No escatimo las consecuencias de una organización efectiva del movimiento, en aquella ocasión se logró articular la Asamblea Nacional Ciudadana que impulsó en un primer momento la reforma política que años después se concretaría a medias; las iniciativas de reforma al sistema político de todos los partidos reconocieron en la protesta del voto nulo el motor que las impulsaba.

Una de las lecciones de aquel tiempo fue comprender que los ciudadanos mandan sobre los gobernantes, ahí reside la soberanía nacional. El problema es que el sistema nos ha despojado de ello, nos ha hecho desapropiarnos de lo que nos corresponde. De allí que el camino de la construcción de una ciudadanía activa siga siendo lento, largo y lleno de obstáculos. El regreso del PRI supone mayor cohesión y resistencia estratégica para no retroceder lo andado.

[contextly_sidebar id=”PyWHvZvbDl1AdPIcs3GNrgSdq9nYgUfL”]Las elecciones son el momento clave del ejercicio del poder ciudadano sobre quienes ocupan la estructura del Estado. Si bien nuestro voto no nos garantiza una vida democrática en sentido amplio, el sistema electoral nos permite verificar el proceso democrático en el que elegimos, premiamos y castigamos a quienes ocupan el Estado. Los ciudadanos no son -como se ha hecho creer- la suma de individuos sujetos de derechos y obligaciones, sino una comunidad política heterogénea que disputa sus intereses en lo público. De allí la importancia de pensarnos como una comunidad cuyos actos políticos tienen consecuencias políticas concretas.

La elección del 2015 no es la de 2009. Si en aquélla protestar anulando significaba enviar un mensaje claro a la clase política, en esta no sucederá lo mismo. De entrada, este gobierno ha demostrado despreciar los actos simbólicos, sin embargo le temen a los resultados concretos. Hoy la decisión estratégicamente útil es derrotar a la coalición de gobierno. Es decir, configurar un congreso que le dificulte a la coalición actual (PRI, PVEM, parte del PAN y parte del PRD) seguir gobernando como hasta ahora. Darle vigencia al sistema electoral castigando a quienes gobiernan hoy.

Algunos dirán que “todos son corruptos”, “todos son iguales”, y por lo tanto “da igual quien gane”. Pero se equivocan: ni todos son iguales ni da lo mismo quién gane. La prueba incontestable –verdad de Perogrullo— es que no todos gobiernan igual. Es cierto que la independencia de los partidos entre sí es relativa. La primera agenda debería ser identificar cuáles consideramos que son los obstáculos para un buen gobierno y, a partir de esa agenda mínima, votar por aquéllos que son independientes de esos obstáculos.

Abril y mayo nos esperan con unas campañas probablemente insufribles. Propongo ignorarlas y usar ese tiempo en reflexionar la mejor forma de asumir nuestro poder sobre la esfera pública. Si en 2009 anular era participar, hoy votar es protestar. ¿Queremos que el verde pierda el registro? Promover que nadie vote por ese partido puede ser más efectivo que firmar en Change. El artículo 39 de nuestra Constitución dice: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. todo poder publico dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este. el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Hay que tomarnos en serio nuestro poder.

 

@antoniomarvel