blogeditor · 29 de diciembre de 2015
El pasado 18 de noviembre murió en un accidente de helicóptero Antonio Lacayo Oyanguren, que fue ministro de la presidencia de Nicaragua durante el gobierno de Violeta Chamorro (1990-1996), tras la derrota de los sandinistas que habían llegado al poder en julio de 1979 después de derrocar a la dictadura somocista.
Antonio ingresó al noviciado de la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, el seis de enero de 1966 en Santa Tecla, El Salvador, y yo el mismo día y año en el noviciado de la Provincia Mexicana, en San Cayetano, Estado de México. El pasado agosto los dos recordábamos esa coincidencia en una comida en Managua.
[contextly_sidebar id=”umKDSklKYtSFiL5BKHGjOj0cW3HTXwrb”]El último correo que recibí de Antonio, escrito el nueve de agosto, decía: “Rubén, le agradezco a Arturo me haya incluido en la lista de sus comensales ayer para conversar con Jorge (Castañeda) y el grupo, porque además me permitió comenzar a conversar contigo de lo mucho que compartimos. Me resulta increíble la coincidencia que ambos hayamos entrado a la Compañía de Jesús en enero de 1966, con 18 jóvenes años y la disposición de seguir lo que creímos era un llamado a la vida religiosa y terminó siendo un llamado a la vida, sin calificativos. En México vive mi hermano Bernardo, por lo que de vez en cuando vamos por allá, muy poco, pero la próxima vez que vaya te avisaré para vernos, y avísame tú cuando vengas por Managua porque será un gran gusto verte y continuar nuestras conversaciones. Recuerda ponerme en contacto con Alberto Enriquez. Con un abrazo y un saludo muy especial a Jorge (Castañeda), agradeciéndole a ustedes dos haber venido, Antonio”.
En 1990, a Antonio le toca negociar el proceso de transición cuando la Unión Nacional Opositora (UNO) -que lleva como candidata a Violeta Chamorro, que fuera esposa del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura somocista en 1978- vence al comandante Daniel Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). En aquella ocasión los sandinistas respetan el resultado de las urnas.
La transición ocurre en un momento muy difícil. El país está desbastado tras años de la guerra civil entre los “contras”, con apoyo de los Estados Unidos, y las fuerzas del gobierno. Los desplazados de las zonas de combate alcanzan los cientos de miles. La economía está en ruinas y la escasez de productos básicos es aguda. La inflación es la más alta del mundo, que llega a ser del 36,000 por ciento anual. A lo largo del día los precios de los productos cambian varias veces.
En esas condiciones, que explican la derrota de los sandinistas, se da la transición que encabeza Antonio. Su trabajo es fundamental. La guerra civil termina. Se lanza un plan económico que estabiliza los precios, se reduce el gasto público y se promueve la inversión privada. La economía se enfoca a la exportación de productos agropecuarios. Con estas medidas la economía se estabiliza.
El escritor Sergio Ramírez, en el momento de la derrota sandinista vicepresidente del país, dice que Toño “a pesar de su juventud, llevó adelante y con serenidad los acuerdos de transición que en su momento fueron criticados, pero que el tiempo ha demostrado que eran necesarios para Nicaragua”.
Lo sobreviven su esposa, la periodista Cristiana Chamorro, hija de la presidenta Violeta Chamorro, y sus hijos Antonio Ignacio y Cristina María. Su hijo en el funeral dijo que “todos los nicaragüenses estamos en deuda con él. Su papel en la transición fue clave para que pudiésemos superar una de las etapas más difíciles de Nicaragua”. Descanse en paz.