blogeditor · 14 de septiembre de 2022
Las nuevas generaciones tienen posiciones diferentes frente a la procreación, pues existe una mayor reticencia a tener hijos. Desde hace algunos años los datos muestran un descenso de la natalidad, que puede verse reflejado en la tasa global de fecundidad con una disminución constante: se ha pasado de 6.6 hijos por mujer en 1970 a dos en 2020. Según cifras del INEGI, durante 2020 en México se contabilizaron 1,629,211 nacimientos registrados en las oficinas del Registro Civil, lo cual representa una disminución de 22.1% respecto a la cifra respectiva de 2019.
La disminución en la tasa de natalidad se puede deber a múltiples factores: situación económica, nivel de escolaridad, uso de métodos anticonceptivos, estilos de vida, etcétera. Estas circunstancias se presentan en varios países.
La religión no podía quedarse alejada de la discusión sobre el tema. El papa Francisco criticó que algunas parejas decidan libremente no tener hijos o tener sólo uno, y no duden en tener un animal de compañía. Comentó que “esto es renegar de la paternidad (…). Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos. Y este hecho de renegar de la paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad”.
Partiendo de lo anterior se puede reflexionar sobre si en verdad el no tener hijos, no ejercer la maternidad o la paternidad, quita humanidad. Podemos entonces pensar en el antinatalismo como una solución para evitar el dolor o sufrimiento a un nuevo ser humano. Siempre han existido problemas económicos, políticos, sociales, de salud, etcétera, pero actualmente son más apremiantes. La pandemia de COVID-19 y el peligro de otras similares, la desestabilización económica, el cambio climático, la guerra Rusia-Ucrania, las latentes amenazas nucleares, nos llevan a pensar más en si realmente es ético tener hijos ante este panorama desolador donde la sustentabilidad y supervivencia de la especie en su conjunto son inciertas.
Desde la visión del antinatalismo filantrópico de Benatar, las personas no deben tener hijos debido a que la existencia siempre constituye un serio daño para quienes viven. Este autor señala que la mayoría de las parejas harían todo lo posible por ahorrarles sufrimientos a sus futuros hijos; sin embargo, pocas personas notan que la única forma segura de prevenir el sufrimiento de alguien es que ese alguien no exista. A pesar de que algunas personas piensan que sus hijos nacen en condiciones favorables, no están considerando que éstos, al existir, tendrán que enfrentar sufrimientos como la muerte de seres queridos, el ser víctimas de crímenes, ciertas enfermedades físicas y mentales, e inclusive la propia muerte por enfermedades crónicas. 1
Por lo tanto, una buena calidad de vida no es suficiente para demostrar que venir a la existencia es siempre algo bueno. Pero, por otra parte, tampoco se puede decir que la existencia es siempre dañina y, por lo tanto, traer hijos al mundo es siempre equivocado: si el daño de venir a la existencia fuera muy pequeño, se podría aceptar algunas veces justificándose por los beneficios que traería a la persona que nace. Así, para mostrar que tener hijos es siempre equivocado, es necesario mostrar que existir conlleva más perjuicios serios de los que comúnmente se piensa. Entonces, todo depende de lo que las personas consideren al respecto, ya que parecen no darse cuenta de que traer a un ser al mundo lo expone a muchos males que escapan de su protección. 2
¿Cómo se relaciona la Bioética con esta visión del antinatalismo? La Bioética integra los valores éticos al mundo de la Biología, promoviendo así el diálogo entre las ciencias, la vida y el comportamiento. Para tratar de abordar el problema ético de la procreación, se centra en los principios de la autonomía y el bienestar de las personas, para así proteger el derecho a la vida y a la salud; el derecho a disfrutar de la sexualidad y la reproducción, y el derecho a decidir sobre todo ello desde la autonomía. De esta forma, respalda el derecho a tener hijos o no al ejercer y respetar la autonomía y la autodeterminación.
Por consiguiente, la decisión de procrear depende de las situaciones, opciones y puntos de vista de las personas, así como de la libertad de decisión. El antinatalismo, como posición filosófica, deja en claro que traer a alguien a la existencia condiciona al sufrimiento independientemente de la calidad de vida que se experimente. Es importante reflexionar sobre si dar existencia a otro ser es más humano que no dársela, sobre si las decisiones reproductivas deben tener en cuenta los intereses de los no-nacidos. Al ver la realidad en un país y un mundo en el que la escasez de agua, las guerras nucleares, las pandemias, y la enfermedad afectarán la existencia de alguien, queda abierta la pregunta: ¿es ético traer al mundo a un ser que va a experimentar sufrimiento (y quizás incluso el fin de la humanidad)?
* Norma Alicia Ordóñez Vázquez es doctora y maestra en Ciencias de la Salud en Salud Mental Pública por el posgrado de la Facultad de Medicina y Licenciada en Psicología por la Facultad de Psicología, ambas de la UNAM. Su desempeño e interés está en la investigación social y de la salud. Ha incursionado en la docencia en el nivel medio básico, medio superior y superior. Realizó una estancia posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética.
Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.
1 Benatar, D., & Wasserman, D. (2015). Is it Wrong to Reproduce? Oxford: Oxford University Press.
2 Cantor, R. J. (2020). La moral de la procreación en David Benatar (Tesis de licenciatura en filosofía). Pontificia Universidad Javeriana.