blogeditor · 15 de enero de 2021
Al aumentar la densidad, aumenta la gravedad.
Stephen Hawking
En la narración sobre el camino que su personaje principal sigue hacia la oscuridad, Joseph Conrad no hace concesiones: a lo largo de todo Heart of Darkness el tema que se halla repleto, reiterado una y otra vez, es el que tiene que ver con la fragilidad de la voluntad humana y particularmente con la forma en que la moral puede ser abollada fácilmente. No solo deformada: horadada, vuelta un agujero negro de cuyo interior emerge nada de humanismo. El horror, que hacia el final de la novela paraliza al marino Charlie Marlow mientras escucha las últimas palabras del temible Kurtz, que son, precisamente “el horror, el horror”.
Un par de tentáculos ominosos se ciernen alrededor del mundo justo al inicio de este año: el primero tiene que ver con el golpe seco que asestó a la democracia Donald Trump, cuya retórica insultante y pésimos modos han recordado al planeta el peligro que las democracias corren continuamente al permitir fisuras que, en libertad, pueden dar paso al poder a personajes indeseables que, como él, se instalen solo para provocar una explosión desde dentro. En su libro “Malestar global” publicado hace un par de años (en nuestro país, por Sexto Piso), el filósofo Noam Chomsky analiza apasionadamente el tema de los sistemas democráticos que, en apariencia perfectamente construidos, son súbitamente torpedeados por los personajes que encumbra.
El daño profundo que puede hacerse —ya se vio— a cualquier democracia, dibuja con negrura uno de los tentáculos que se ciernen sobre el mundo.
El otro es el tentáculo que trae dentro la(s) vacuna(s) contra el covid-19: desde los llamados para que Israel incluya dentro de su plan de vacunación al pueblo palestino, hasta las múltiples problemáticas que los Estados más pobres del mundo están viviendo para conseguir su propia dotación de remedios, lo que se evidencia desde ya es, como se avizoraba, que los ricos van primero y después todos, realmente todos los demás.
La fila pinta muy larga. Es precisamente la longitud del turno de espera el que está comenzando a destejer la calma entre varios sectores del orbe que comienzan a buscar, con una ansiedad que seguramente se agudizará conforme transcurra el año, ser vacunados cuanto antes. Aquí, circula en change.org la petición para que se vacune lo antes posible a odontólogos particulares que no pueden detener sus tratamientos y la primera línea de doctores y enfermeras de hospitales privados que se encuentran atendiendo covid también está levantando la mano. Y los pacientes con comorbilidades. Y la gente que tiene problemas respiratorios. Y los que quieren volver a vivir la vida que antes cocíamos como “normal”. Todos quieren la vacuna, ya. Sin embargo, para llegar a ella se encuentra trazada una fila casi tan larga como los días que llevamos viviendo de modo tan extraño y son muchos quienes quieren brincar turnos a como dé lugar.
El año inició denso y no tiene para cuándo aligerar. Más allá de los llamados a la solidaridad y a la comprensión que todos proferimos desde nuestras redes, en el horizonte comienza a vislumbrarse una de las esencias más espinosas de la naturaleza humana: la impaciencia.
Así pues, libertad y solidaridad se encuentran seriamente amenazados al principio de este que promete ser, también, año inolvidable. Qué par de tentáculos amenazantes.
El horror, que decía Conrad.