Lecciones de Anabel Ochoa: hablar de sexualidad sin miedo a las palabras

Redacción Animal Político · 1 de septiembre de 2025

Lecciones de Anabel Ochoa: hablar de sexualidad sin miedo a las palabras

A propósito del Día Mundial de la Salud Sexual y Reproductiva, reflexiono y me considero una persona afortunada, porque cuando era adolescente Anabel Ochoa, sexóloga de origen español, aparecía en los programas de televisión y de radio y hablaba de sexualidad. En mis vacaciones, antes del acceso masivo a internet, escuchaba la radio donde se retransmitía el programa de Anabel que se transmitía en vivo a la una de la tarde. Compuesto por diversas secciones, la que tenía más espacio era la de las dudas que hacían llegar de viva voz al aire o por llamadas previas.

En las llamadas se exponían diversas dudas, unas más complejas que otras. Se trataban desde temas como infecciones hasta masturbación. Recuerdo una pareja que practicaba sexo anal y luego vaginal sin cambiar de condón. Esta práctica representa un riesgo latente pues existen microorganismos que habitan naturalmente en el ano, pero en el canal vaginal generan un espacio propicio para que las bacterias proliferen. También llamaban mujeres que no habían tenido un orgasmo, por lo que Anabel, con toda tranquilidad, les sugería que se masturbaran, pero no así de tajo, sino que les recomendaba en dónde, en qué posición y cómo tocarse.

Había explicaciones más “teóricas”; por ejemplo, sobre la orientación sexual. Ella decía que prefería utilizar el término “orientación” (aún está en debate si es preferencia) ya que hay brújulas que se orientan hacia el norte, otras hacía el sur. No es que estén descompuestas o estén mal, sólo son así. Como un adolescente gay, yo me acerqué a información sobre sexualidad, y disipaba dudas sobre lo que estaba viviendo. Pero no sólo eso, en el programa también se daba voz a personas que buscaban con quién pasar el tiempo. Hombres y mujeres daban sus características, dónde vivían, para que otras personas interesadas pudieran llamarles. Es decir, Anabel también la hacía de cupido antes de que existiera tinder, grinder o cualquier otra aplicación.

Por supuesto, durante mis años escolares este tipo de contenidos no fueron parte de mis clases. Aunque tuve algunas buenas profesoras que explicaban los temas (clásicos) del condón y algunos otros métodos anticonceptivos, nada se comparaba con escuchar tres horas de lunes a viernes a una sexóloga que no tenía pelos en la lengua. El lema de su programa era: “aquí hablamos sin miedo a las palabras, porque el silencio nos está matando”. Y es que no hablar de temas como VPH, VIH, orgasmo, placer o consentimiento, nos mantuvo en un entorno violento que nos impedía explorar nuestro potencial.

El escuchar a Anabel, quien era doctora, psicoanalista, sexóloga y muchas otras cosas más, me hizo interesarme en la sexología, por lo que decidí estudiar la maestría en el Instituto Mexicano de Sexología (IMESEX), recomendado por una gran amiga de Anabel, Luis Pérelman. Noté que mi experiencia en derechos humanos y el programa de radio me permitieron entender un montón de temas (salvo los biomédicos, en los que siempre batallé). Al llegar al Instituto me sentí en un mundo donde encontré colegas con quienes hablaba el mismo idioma.

El IMESEX es un espacio sin igual, me enseñó que la sexualidad va del nacimiento a la muerte; por ello, la educación sexual desde la infancia no es opción, es un deber como sociedad. Hablar de sexualidad es tan vital, como enseñar a caminar. Paulina Millán, directora del IMESEX, dice que cuando se propone hablar de educación sexual a niñas y niños se piensa que les vamos a enseñar el Kama Sutra en un juego de la lotería. Ojalá yo me supiera tan bien el Kama Sutra, porque para el arte del amor (y sobre todo de parejas o triejas o +) la creatividad jamás debe limitarse. Pero no, la educación sexual en la infancia y adolescencia es más complejo que eso.

“Cuidar un huevo no es educación sexual”. No es que no sea necesario desincentivar el embarazo en adolescentes, pues continúa como un tema pendiente: de acuerdo con el INEGI, las cifras muestran que, durante 2022, 108 mil 760 niñas adolescentes entre 10 y 17 años se convirtieron en madres. Pero la educación sexual en la infancia y la adolescencia incluye esto y más cosas: se trata de aprender a reconocer en nosotrxs esa parte integral, a cuidarla desde la higiene, pero también desde la salud mental, a saber cuándo mi cuerpo sí quiere y cuándo no, cómo comunicarlo para prevenir situaciones de abuso y, en general, violencia a la que estamos expuestxs desde la infancia. Por ejemplo, en 2021, 41.8 % de las mujeres de 15 años y más manifestó haber vivido alguna situación de violencia en su infancia (antes de cumplir 15 años).

Como decía Anabel Ochoa, “el silencio nos está matando”, porque callar sobre placer, VIH, consentimiento o diversidad no sólo nos priva de conocimiento, también nos expone a la violencia. Hoy, en plena era de TikTok y de pódcasts, seguimos necesitando voces que hablen sin miedo de placer, consentimiento y diversidad. Este es un breve tributo a algunas de las muchas personas que me hablaron sin tapujos, porque sólo al nombrar sin miedo podremos vivir la sexualidad como lo que es, parte esencial de nuestra libertad y de nuestra vida.