blogeditor · 22 de mayo de 2017
Solicito la ayuda del amable lector porque estoy buscando una mascota para el pobre de Naranjito Pichacorta, 45to presidente de los Estados Unidos. Creo, sinceramente, que la compañía de una mascota – perro, gato, loro, tarántula, buitre – le ayudaría a concentrarse más, abandonar su crush por Putin y manejar las prolongadas ausencias de Melania, que nomás lo visita para la foto y, al parecer, no anda mucho en la onda de la lluvia dorada.
Ya sé. El amable lector objetará, con razón, que Pichacorta ya tiene a Sean Spicer, su fiel portavoz, al que le rasca la orejita tras cada rueda de prensa. Spicer ya aprendió a hacer el muertito y a esperar paciente su tazón con retazos de pollo e higaditos. Good boy!
Pero no es lo mismo.
Pichacorta es el primer presidente estadounidense en 150 años en no tener una mascota. Piénselo. Eso dice algo. O mucho.
¿Que quiere bombardear Corea del Norte? Pues que en vez de eso saque al perro a que haga sus necesidades afuera de la Sala de Prensa. ¿Que quiere construir un muro? Pues que le tire la pelotita a ver si la cacha y se la regresa sin que lo arreste la migra. ¿Que quiere correr a un alto funcionario? Que agarre una bolsa de plástico con sus manitas y recoja la boñiga.
Ahora bien, ¿cómo seleccionar la mascota ideal? Y, sobre todo, ¿cómo seleccionarla a tiempo, antes de que los rusos le inserten un micrófono y una cámara de vídeo? A la mascota, no al presidente.
Yo le recomendaría a Pichacorta, ya que tiene el teléfono tan a mano, que busque entre alguna de las nuevas aplicaciones que enlazan animales con dueños potenciales. Hay muchas.
En efecto, así como hay Tinder para usted, hay aplicaciones para que animales y humanos hagan clic.
Entiendo que la manera en que éstas funcionan es que usted busca una mascota, pasea por los perfiles de varias hasta que encuentra la que mejor le funcione por su raza, características, y por el tipo de hogar que usted le pueda ofrecer.
¿Qué mascota buscaría Trump? Me imagino que él se ve a sí mismo con un perrazo, un Presa Canario, o un Pitbull, o un Gran Danés; pero con el problema de su obsesión por el tamaño imaginado y su tamaño real quizás le convenga más un Shihtzu psicótico y chillón, con delirio persecutorio y melena desordenada y pajiza.
Pero eso me lleva a otro tema. ¿Tienen las mascotas opciones en este asunto? Si usted va a Tinder en busca de un calorcito, usted escoge entre varios perfiles, y va descartando los “no, ni madres”, los “ni aunque no quedara otra persona viva sobre la faz de la Tierra”, y los “¿te cae?”, y guardando para otra ocasión los “ya picados”. Y, de la misma manera, hacen otras personas que buscan y pueden toparse con su perfil, lector.
¿Puede un perro, un gato, un hipopótamo gozar del mismo privilegio? Yo voto porque sí, porque vean la aplicación y digan, “uy no, éste tipo es un baquetón que nunca me va a sacar a hacer mis necesidades”, o “esta señora me va a dar albóndigas de pavo sin gluten en vez de hamburguesa”, o “en esa casa hay un niño con tendencias de asesino en serie”.
¿Y qué tal si, como en las aplicaciones para humanos, hubiese aplicaciones para affaires entre mascotas y humanos?
“Gato de angora, pelaje lustroso, sin operar; a mi humano ya no se le levanta (el trasero del asiento) y no me da mi latita de atún. Busco encuentros discretos con humano que aprecie los ronroneos melodiosos”.
“Rottweiler, vigoroso, poderoso. Mi humana baja la mirada cuando la reto; busco humana con jardín propio que aguante la vista para que imaginemos las posibilidades. Al corriente en todas mis vacunas”.
“Solterón calvo, 58 años; atrapado por años en una relación inoperante con un siamés que no sabe o no le importa que soy alérgico y que no hace más que bostezar y arañarme. Busco desesperadamente un Golden Poodle, el tamaño no importa, nomás que no eche caspa, para correr juntos por los prados los fines de semana y días de asueto”.
Y así.
Opto porque, en el breve espacio que queda entre sus viajes de cortesía a Arabia Saudí, sus encuentros tórridos y secretos con Putin en algún departamento pagado por Netanyahu, y su obligada y ojalá próxima renuncia antes que lo procesen judicialmente, Naranjito buscará un perro ‘presidencial’, un Poodle, un Golden Retriever, un Labrador. Para la foto. Como Melania.
Y secretamente, en el app, buscará citas clandestinas con un oso ruso.
Al tiempo.
@ElGerryChicago es escritor y periodista mexicano, reside en Chicago. A ratos le prestan un perro para que no chille.