blogeditor · 17 de junio de 2019
La historia que Juan Rulfo cuenta en “Pedro Páramo” es una historia no sólo hecha de tiempo. Es una historia que no tiene límites en el presente y el “vivo”.
De todos los personajes del cuento, hay dos en particular que sirven para la base del argumento: el padre y el hijo, Pedro Páramo y Juan Preciado.
Juan, hijo de Pedro, termina con un destino que lo lleva a la miseria, la desgracia y la condenación debido al abandono de su padre. Entre muchos otros aspectos.
Resulta extraño observar cómo muchos niños y jóvenes no saben nada de sus abuelos o de algunos de sus abuelos o de otros familiares, por ejemplo, aquella tía o aquel tío.
Quizá una tuvo amantes o varios matrimonios, el otro murió en un manicomio, quizá otra u otro tuvo ideas políticas o religiosas desaprobadas por la familia. En general, estos niños y adolescentes no muestran asombro por no saber nada de esas personas. Es natural. Es lo que viven.
Muchas veces, los niños tampoco saben nada de alguno de sus padres porque viven con el otro.
Los padres, lamentablemente, olvidan al separarse que su pareja no es sólo su pareja, un ser ajeno a ellos mismos, sino también los padres de sus hijos.
De repente en el contexto familiar donde la niña o el niño conviven diariamente con uno de sus padres desaparecen las fotos del otro, incluso las de la familia del otro, o se quedan en un álbum, en un armario con llave y en un estante muy alto, difícil de alcanzar por un niño.
Cuando el hijo es varón y la madre niega al padre diciendo que fue bebedor, vago, etc., es probable que el hijo se vuelva aquello que dicen del padre o incluso que realmente fue. Se convertirá en su fantasma… De algún modo, asume la parte que de él tiene. Y sin lograr liberarse de la trampa, se mantiene el resto de su vida negando a ese padre y viviendo con la madre, a veces, de manera totalmente dependiente.
No siempre la historia pone en el poder esos tristes ejemplos… Y muchos niños encuentran en su camino personas en las que confiar y aprenden a amar. Cuando la madre encuentra un hombre capaz de darle amor, buenos consejos y ejemplo a un hijo que naturalmente no es suyo, se logra ese pequeño milagro que más tarde se convertirá en una historia de éxito.
Porque, así como hay padres que dejan para siempre y se olvidan de un hijo, hay otros que, aunque no comparten los mismos genes biológicos con el niño, son figuras paternas al 100% que desean brindar su amor, enseñanza y formación al niño o niña de su pareja.
Toda familia sea nueva o reconstruida -como son comunes hoy- enfrentan durante su conformación y desarrollo altos y bajos que más que problemas, constituyen retos a ser superados con amor, paciencia, sabiduría y en unidad.
Hace poco me tocó ver una escena que me conmovió mucho, un niño le preguntó a su padre “no sanguíneo” que cual era su mejor consejo para la vida. Ese padre “no sanguíneo” le contestó que en alguna ocasión había leído algo que dijo el Dalai Lama una vez:
“Que no pueden hacer que nadie los ame, sino dejarse amar, que lo más valioso en la vida no es lo que tenemos, sino a quien tenemos”.
“Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro”.
Feliz día del Padre a todos aquellos que han logrado con su amor, presencia y compromiso formar espíritus valientes, honestos y llenos de amor.