Amar con la razón

Maricela Rosales · 19 de diciembre de 2011

Amar con la razón

La vida es de muchas formas ¿sabes?. Muchas más de las que ves, muchas más de las que te permites ver, de las que me permito vivir.

Una amiga muy cercana me dice que está cansada de sentir que está bien una semana y a la siguiente sentir que todo está mal, al punto de verse a sí misma distorsionada. Otra amiga me comenta que se siente mal, pero no sabe por qué, que quizá se encuentre “estable dentro de la gravedad” (como suelo decir cuando algo no muy agradable me ha pasado hace poco).

Mi amiga 1, que se quiere ir de su trabajo, pero no sabe bien dónde y no busca. Mi amiga 2 cree tener crisis de pánico. Mi amiga 3, se siente triste la mitad del mes. Supe por un tercero que mi amiga 4, fue a ver a un chamán y le preguntó por todas nosotras; nos trajo buenas noticias, pero ninguna cree mucho ya en esas cosas. No quiero sumar aquí mis impresiones. El caso es que de todas estas mujeres, no hay ninguna que pueda definir el origen de su tristeza con claridad. Sin embargo, son ellas las que contienen a otros aclarándoles la vida, de algunas de ellas incluso dependen personas…todas son capaces de oír y sentir con otro. Dicen que es una cuestión de género y la literatura lo avala. Literatura escrita por mujeres, hay que aclarar. Sin duda lo más difícil es distinguir qué es lo que te produce dolor y luego no avergonzarse por sentirlo. Claro que también decirlo, en especial pedir ayuda para solucionarlo son, ambas, tareas titánicas.

Para seguir en la línea, debo admitir que no sé por qué escribo esto. Llegado cierto momento de la vida, en la que creía que estaba todo resuelto, todo giró en 180 grados. Se cayeron las creencias, se acabó la fuerza y un movimiento telúrico terminó por derrumbar todo lo que parecía estable y sensato. Entonces cuando me veo señalando caminos, aconsejando acerca de la vida, sintiéndome vieja en experiencia, me da risa. Porque la vida da todas las vueltas que dice el dicho popular, porque un día tenemos 60 y al siguiente 16, porque resulta necesario que ocurran estos momentos difíciles para descubrir nuevas formas de estar en el mundo y ser felices en la medida de lo posible, porque todos y todas en mayor o menor medida experimentamos la confusión y la duda, porque es así nomás…sin tanta vuelta, porque es legítimo y no permitirlo puede ser una inhumanidad.

Hay personas que nunca sufren, hay otras que sí. Hay personas que nunca cambian, hay otras que sí. Hay personas que se encuentran en infinitas posiciones entre la primera y la segunda. La vida es de muchas formas ¿sabes?. A mi me gusta que sea así, aunque a veces me parezca incomprensible la emoción del que tengo al lado. Tal vez por eso me dedico a lo que me dedico. Tal vez es sólo eso lo que quiero decir al escribir esto.

Muchas personas suelen quejarse de no ser queridas, muchas desconocen que el verdadero problema reside en que no saben quererse.

Nos preocupamos por si nos quieren o por si nos demuestran ese amor. Aunque este tema es fecundo en la mujer, no es inherente sólo a ellas.

No aceptamos al otro como es.

Nos cerramos cuando el otro nos habla.

Nos interesa muy poco lo que al otro le interesa.

Criticamos, menospreciamos y descalificamos (así, sin vueltas, como jueces). Sentimos que amamos demasiado, que somos justos y que somos generosos y entonces le damos solo lo que queremos darle a quien decimos amar.

No nos ocupamos de saber lo que necesita, entregamos sólo por la necesidad que tenemos de dar y no por el bien, satisfacción o contención que el otro pueda requerir.

No sabemos exactamente quien es, ya que en un principio le evaluamos, le asignamos un lugar y nunca más podemos verlo de verdad.

Tendremos esa incapacidad de amar y de entregarnos a otras personas si, de prólogo, no nos queremos a nosotros mismos.

Sólo podremos amar si utilizamos la razón, sólo podremos amar si estamos dispuestos a aceptar distintos puntos de vista. Cuando ya estemos preparados para amar entonces amaremos cualquier cosita del que tengamos enfrente.

“El amor, a quien pintan, ciego es vidente y perspicaz porque el amante ve cosas que el indiferente no ve y por eso ama.” José Ortega y Gasset.