Redacción Animal Político · 2 de junio de 2023
Hace poco más de un mes tuvimos la oportunidad, en Tejiendo Pueblos, de invitar a comer a un grupo de cuatro trabajadoras sexuales tanto trans como cisgénero, para entregarles a cada una una despensa que les reunimos gracias a las donaciones, producto de un llamado especial que realizamos en nuestras redes sociales. Y es que todas ellas son adultas mayores que sufren distintas enfermedades que les impiden trabajar en la calle como lo venían haciendo. En un inicio, íbamos a apoyar a cinco trabajadoras; sin embargo, en lo que reunimos los donativos, Orquídea falleció.
Una de las pláticas que surgió ese día fue sobre el camino tortuoso que para sus compañeras significó recuperar su cuerpo y poder enterrarla, ya que sin un comprobante de parentesco familiar las autoridades no lo entregan aunque este no sea reclamado por alguien más, y entonces terminará en una fosa común. “Queremos mínimo la oportunidad de tener un entierro digno como nos lo merecemos”, nos decía Alma Delia, quien también es trabajadora sexual trans y que a sus 65 años es una gran activista en la defensa de los derechos para este sector de la población.
Los retos que enfrentan en el mundo las trabajadoras sexuales, tanto mujeres cis y trans, son muchos. Por ello cada 2 de junio desde 1975 se conmemora el Día Internacional de la Trabajadora Sexual. Es decir, llevan 48 años intentando convencer a todo el sistema con una fecha especial, de su derecho a vivir sin estigmatización ni discriminación, sin violencia y mayor seguridad jurídica, sanitaria, por mencionar algunos; como cualquier ciudadano lo merece.
Al leer el informe del año 2022 “Indicadores de violencia de género en el mundo laboral de las trabajadoras sexuales en México”, desarrollado por Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez A. C., se pueden conocer 30 distintos tipos de violencia física, económica, psicológica y sexual que sufren las trabajadoras sexuales, como pérdida de patria potestad por dedicarse al trabajo sexual; ausencia del trabajo sexual asalariado; violencia policiaca; feminicidios y asesinatos llevados a cabo por el crimen organizado, tratantes, autoridades, parejas o vecinos; campañas de linchamiento en medios de comunicación y redes sociales, entre otros.
Algunos de estos indicadores se intensificaron como consecuencia de la crisis generada por la pandemia, ya que sin ningún tipo de seguridad social o programa gubernamental para apoyarles se hizo más evidente que enfrentan sus problemáticas solas, tanto en México como en otras partes. Fue en este contexto que Amnistía Internacional urgió a los Estados a garantizar los derechos de las trabajadoras sexuales cis y trans, al ser mujeres que en su mayoría sostienen sus hogares y que solventan sus gastos de lo que ganan al día en las calles.
En este escenario, desde Tejiendo Pueblos elaboramos una iniciativa para apoyar a trabajadoras sexuales independientes de Ciudad de México entregándoles despensas, comida, condones y otro tipo de insumos, así como organizando talleres y pláticas para brindarles un apoyo más horizontal. Como un grupo cívico conformado por personas ajenas al trabajo sexual, uno de nuestros grandes objetivos ha sido que nuestras redes sociales se conviertan en un canal de concientización del trabajo sexual, con la responsabilidad y el compromiso de ser un eco fiel de su voz al involucrarnos con ellas y sus historias. Uno de sus clamores es promover que ningún político tenga la autoridad moral de legislarlo sin sentarse a escuchar sus peticiones y trabajar en conjunto con ellas; otro es lo importante de seguir educando sobre la existencia del trabajo sexual y que no lo debemos confundir con la trata de personas; la necesidad de eliminar esas figuras caricaturescas de la mente colectiva en las que las faldas cortas, enfermedades y la criminalidad las definen, entre muchos más.
Considerando que la pobreza y la violencia son factores determinantes para el incremento del trabajo sexual, como lo muestran los números que también brinda Brigada Callejera sobre cómo durante la pandemia pasaron de 7,700 a 15,200 en la Ciudad de México, urge meditar en los distintos ámbitos de la sociedad el cómo vamos a integrar más a las trabajadoras sexuales en nuestra cotidianeidad. Aunque la Organización Mundial de la Salud haya decretado el fin de la emergencia sanitaria por el Covid-19, las problemáticas para las trabajadoras sexuales permanecerán ya que aún hay muchos caminos por recorrer.
Muchos de los desafíos para las trabajadoras sexuales cis se replican para las trans, pero para estas últimas existen otros que se generan por las variantes de discriminación y violencia de género que se suman. En México se estima que el 90 % de la población trans carece de oportunidades laborales por lo que el trabajo sexual es para muchas su única opción de supervivencia. Apenas un par de semanas atrás, la activista Kenya Cuevas anunció la construcción del Mausoleo Tiresias en la alcaldía de Iztapalapa, que ayudará a que trabajadoras sexuales trans como Orquídea no sufran violencia y discriminación después de morir. Este mausoleo será un espacio para mujeres trans en el que puedan reposar sus restos, se redignifique su vida y se reconozcan sus identidades.
Como ciudadanía debemos sensibilizarnos de que al hablar de las trabajadoras sexuales estamos abriendo una conversación ligada a un tema de derechos humanos. Hay mucho por hacer para sacarlas de la invisibilidad y que puedan vivir en plenitud, por lo que se vuelve esencial tomar una postura informada para el reconocimiento del trabajo sexual. Convirtámonos en sus aliados y alcemos la voz como ellas lo hacen, al grito de “¡Trabajo sexual es trabajo!”.
* Raúl Velázquez Pompa es director de Aldebarán Comunicación, cofundador de Tejiendo Pueblos. Instagram y Facebook: @TejiendoPueblos.