Rubén Aguilar · 16 de diciembre de 2011
Carlo M. Cipolla
Biblioteca de Bolsillo
Barcelona, 2001
pp. 99
El historiador italiano Carlo M. Cipolla (1922-2000) publicó “oficialmente” sus famosos ensayos “El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media” y “Las leyes fundamentales de la estupidez humana” en 1988. Desde 1973, y 1976, respectivamente, habían circulado limitadas ediciones en inglés y antes se habían hecho infinidad de fotocopias de los mismos, que circulaban por muchos países. El profesor Cipolla enseñó por años historia económica en las universidades de Pavía y Berkeley.
En la cuarta de forro, comparto esa opinión, se dice que: “Parodia de divertissement dieciochesco, juega con la paradoja y el absurdo para construir una auténtica metodología del ridículo. En la primera de las dos partes de que consta el libro Cipolla razona con una argumentación paródica de los estudios de historia económica más sesudos y utiliza, con aparente seriedad, fórmulas cliométricas deliciosamente absurdas para llegar a las más estrafalarias relaciones de causa a efecto. En la segunda parte se usa un modelo matemático parecido a los de la sociología para enunciar “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”, que demuestran cuán abundante es el número de los estúpidos que nos rodea y cuán grande es su poder. Sólo que al terminar de leer este libro breve, divertido y explosivo nos asalta la duda; lo que hemos leído ¿era una inocente parodia o hay que tomarlo como una advertencia acerca de la deshumanización y vaciedad de mucho de lo que se enseña en nuestras universidades e instituciones académicas?”.
Los dos ensayos son agudos y divertidos, pero nunca agresivos. En la introducción Cipolla plantea su idea del humor: “El humorismo es, claramente, la capacidad inteligente y sutil de poner de relieve y destacar el aspecto cómico de la realidad. Pero es también mucho más que eso. En primer lugar, tal como escribieron Devoto y Oli, el humorismo no debe suponer una posición hostil, sino más bien una profunda y a menudo indulgente simpatía humana. Además, el humorismo implica la percepción instintiva del momento y del lugar en que puede ser expresado. Hacer humorismo sobre la precariedad de la vida humana cuando uno está junto a la cabeza de un moribundo no es humorismo. En cambo, cuando aquel gentil hombre francés, que subía las escaleras que lo conducía a la gillotina, tropezó con uno de los escalones y dirigiéndose a los guardias exclamó: “Dicen que tropezar trae mala suerte”, aquel hombre bien merecía que se le perdonara la cabeza”.
Versión original: Escrita en italiano y publicada con el titulo de Allegro ma non tropo (Il Mulino, Bolonia, 1988). La traducción es de María Pons y la primera publicación en español es de 1991 de la Editorial Crítica, Barcelona.