Alimentación ética

blogeditor · 18 de junio de 2013

Alimentación ética

En los años recientes se conoce como “alimentación ética” aquella que, entre otras cosas, se prepara a partir de productos de temporada, utiliza alimentos producidos a corta distancia de donde se ingieren, la carne viene de animales que no han sido maltratados y se privilegia la preparación de la cocina tradicional.

El número de quienes apuestan por este tipo de cocina crece cada día en todo el mundo, pero de manera particular en los países más desarrollados. Esta concepción se opone y choca con los intereses de la gran industria de los alimentos. Es evidente que las dos propuestas caminan en direcciones opuestas.

La alimentación ética privilegia la producción familiar y en pequeña escala. Proponen, entre otras cosas, que todos los alimentos que se compren con recursos públicos, en particular los de las escuelas, se obtengan de productores ecológicos locales que también garantizan la proximidad.

Quienes practican la alimentación ética tienen especial cuidado en el trato que se da a los animales. Rechazan todo tipo de maltrato. Por lo mismo exige garantías de que los animales que llegan al mercado, para ser consumidos, hayan sido bien tratados en su vida y a la hora de ser sacrificados.

Una demanda de los que apoyan la alimentación ética es que todos los productos deben tener indicaciones exactas de su procedencia. Esto es algo que con facilidad pueden garantizar los agricultores, ganaderos y pescadores locales, pero que no resulta fácil, por eso se niega, a la gran industria alimentaria.

En principio la alimentación ética se opone a las importaciones, sobre todo las que vienen de miles de kilómetros, que necesariamente implica un enorme gasto energético y por lo mismo producen una contaminación considerable. Su planteamiento es que esto se puede evitar si se recurre a la producción de proximidad.

Algunos de los problemas de la alimentación ética son que todavía existen pocas alternativas para hacerse de los productos que hacen parte de su canasta, aunque es cierto que en los países más desarrollados cada vez hay más posibilidades para hacerse de ellos. Está también que los productos de su canasta son más caros a los que ofrece la gran industria alimentaria.

“Podemos cambiar la sociedad transformando el carro de compra de una forma pacífica en un carro de combate. Comprando de manera que el producto sea bueno, limpio medioambientalmente y justo, sin trabajo esclavo y respetando la identidad cultural que también está en la comida”, plantea José Esquinas que trabajó 30 años en la FAO y ahora es profesor de la cátedra de Estudios de Hambre y Pobreza en la Universidad de Córdoba en España.

Nota: Para la redacción de este texto se ha utilizado información del artículo “El consumidor ético y el dilema del ‘foie’” , de Carmen Morán.