blogeditor · 13 de marzo de 2012
Para ti, Daniel, para que sepas que no se nos olvida.
Alicia y yo nos contábamos todo o, al menos, eso yo creía. Teníamos una relación muy cercana, pero cuando se casó con Daniel, sentí que se guardaba cosas, nunca me atreví a confrontarla por temor a perderla, hasta que un día la tuve que ayudar a desaparecer.
Cuando estábamos en la Ibero me gustaba su fascinación por el estudio y me llamaba la atención que visitaba con frecuencia la capilla de la universidad. Construyó su carrera profesional con éxito, además siempre siguió estudiando, pero en el ámbito privado era otra persona. Aceptaba cualquier amistad o relación sin importar los costos emocionales, con tal de recibir algo de cariño a cambio.
Luego vino su boda y con el tiempo Daniel la aislaba; ella fue cediendo hasta quedarse en una burbuja donde su mundo era sólo él. Su familia dejó de saber de Alicia y nuestras pláticas se volvieron superficiales.
Se refería a Daniel como el hombre exitoso al cual admiraba, como su alter ego, como el hombre que la enseñó a disfrutar la sexualidad y de ahí no salía. Me distancié y me refugié en otros amigos.
Un sábado, después de mucho no saber de ella, llamó desesperada. Me pidió que la recogiera en un parquecito cerca de su casa. Se veía muy descuidada, pero también aliviada. “Necesito escapar”, me dijo, “estoy decidida a volver a empezar. ¿Me puedo esconder en tu casa?” ¡¿De qué rayos estaba hablando?!, ¿esconder?
Alicia sentía que Daniel la perseguía. Volteaba para todos lados, no quería salir de mi departamento. Decía que si él la veía caminando por la calle, la iba a atropellar con el coche. Me contó que la trataba como tonta hasta que un día se la creyó; le decía que él era el único que la quería y después de tanto sentirse sola, lo aceptó como una verdad; le repetía que todo lo hacía mal, a tal grado que cada paso que daba lo consultaba primero con él. Mientras tanto, Alicia había seguido trabajando y estudiando, así que por eso nadie sospechaba.
El día antes de pasar por ella al parque Alicia había abortado y Daniel enloqueció con la noticia. La amenazó, le gritó, quería castigarla y entonces ella salió corriendo.
Después de haber abortado, que más me puede decir mi mamá, me comentó. ¿Tú mamá?, ¿qué tiene que ver tú mamá?, le pregunté. Alicia había intentado refugiarse en ella, pero le dijo que no contaba con su apoyo si quería divorciarse, “todo mundo va a andar diciendo que fracasaste, además cuando uno se casa, no hay vuelta de hoja, yo digo que le veas lo bueno, no hay hombre perfecto”.
Alicia siguió: “yo le decía a Dios que él sabía por qué había abortado, de por sí ya sentía que mi vida estaba muerta, un hijo con Daniel hubiera sido mi aniquilación total. Además, no me hubiera perdonado que el bebé viviera en un ambiente de violencia”.
Un día llegué a mi casa y Alicia estaba sentada junto a la ventana. Le daba la luz del sol en la cara y se comía un racimo de uvas. Se veía bonita, traía esa cara de gusto con la que la conocí. “Sabes, me dijo, hoy salí a caminar y pude disfrutar los árboles, los pájaros, la gente. Sentía que podía respirar a mis anchas y el aire no me faltaba”.
Estoy segura de que Alicia me buscó no sólo porque nos queremos, sino porque sabe que a pesar de nuestra educación católica tradicional, yo consideraría primero su salud física y mental, así como su derecho a elegir si quiere ser madre o no.
Acaba de ser el día de la mujer y vi en los periódicos páginas dedicadas a la equidad de género, a la protección de las mujeres, bla, bla, bla. En la vida de todos los días, no en la publicada, Alicia tuvo que esconderse, fue estigmatizada, rechazada. Después de denunciar los abusos de su esposo, debido a la falta de testigos y pruebas de la violencia psicológica, su caso se cerró. ¿Cómo funciona la justicia para ella?, ¿qué tenemos que hacer para que nuestra sociedad con ideas discriminatorias tan arraigadas deje de excluir a las otras Alicias?
Pienso en las mujeres que viven donde los prejuicios son más pesados que en el DF; pienso en las legisladoras del PAN María Joann Novoa y Paz Gutiérrez que buscan proteger la vida desde la concepción y que parecen no haber notado que las mujeres también estamos vivas y que nuestra vida también debe ser respetada, ¿por qué rechazaron la iniciativa del diputado César Augusto Santiago para la educación sexual y la planificación familiar? ¿No se dan cuenta de que sólo al proteger la vida de las mujeres, se protege la vida en gestación?, si se imparte educación sexual, se dan métodos anticonceptivos y de planificación familiar, se reducen los embarazos no deseados. ¿Por qué no piensan en mi, en Alicia, si ustedes también son mujeres?
Ana Ávila.