¿Cuánto vale una alianza? La aritmética que los partidos no quieren hacer

Jorge Avila · 29 de abril de 2026

¿Cuánto vale una alianza? La aritmética que los partidos no quieren hacer

El PRI lleva semanas pidiendo que la oposición se una. El PAN no solo dice que no: el 21 de marzo formalizó su apuesta por competir en solitario abriendo el 100% de sus candidaturas a la ciudadanía. Movimiento Ciudadanotampoco contesta —o más bien ya respondió—: descartó alianzas de forma categórica y arrancó su propio proceso interno con miras a gubernaturas clave. Mientras tanto, el bloque que gobierna observa la disputa desde la comodidad de quien no necesita hacer nada para ganar.

El 8 de abril, la Cámara de Diputados aprobó el Plan B de la reforma electoral con 377 votos a favor. El dato que nadie esperaba: Movimiento Ciudadano votó con Morena, Partido del Trabajo y Partido Verde Ecologista de México en lo general, aunque en las reservas particulares cambió su postura y votó en contra. Para el 14 de abril, 20 congresos estatales ya la habían ratificado y la Cámara la declaró constitucional.

El episodio avivó acusaciones cruzadas y el PRI acusó a MC de “quitarse la máscara” y convertirse en el “nuevo satélite de Morena”, lo que complica aún más cualquier conversación de alianza opositora.

La discusión pública sobre alianzas rumbo a 2027 se ha desarrollado casi enteramente en el terreno de la retórica: que las alianzas son una debilidad, que cada partido debe competir con su propia marca, que unirse al PRI es un error histórico. Lo que ningún partido ha puesto sobre la mesa es el cálculo concreto. ¿Cuántos distritos vale una alianza? ¿Para quién? ¿Bajo qué condiciones?

Eso es exactamente lo que hicimos.

El modelo

Lo que está ocurriendo en México en este momento tiene nombre en la ciencia política: un problema de coordinación. Gary Cox, en su obra Making Votes Count (1997), argumenta que los sistemas de mayoría relativa en distritos uninominales imponen a los partidos y votantes la necesidad de resolver un dilema colectivo: para ganar, no basta con tener votos; hay que concentrarlos.

Cuando dos o más fuerzas con electorados afines compiten por separado, se cancelan mutuamente y entregan la victoria a quien sí resolvió el problema. Esta lógica está detrás de la Ley de Duverger, que predice que los sistemas de pluralidad relativa tienden a producir competencia bipartidista, precisamente porque la fragmentación del voto es castigada de forma sistemática.

México es un caso peculiar: tiene un sistema de mayoría relativa en 300 distritos, pero convive con múltiples partidos que no han logrado —o no han querido— resolver ese problema de coordinación. El resultado de no hacerlo es cuantificable, y eso es lo que este análisis mide.

Construimos un modelo de simulación distrital sobre los 300 distritos federales de mayoría relativa. La base son los resultados electorales de 2018, 2021 y 2024, calibrados con encuestas de febrero de 2026. No es una predicción de lo que va a pasar: es una radiografía de lo que pasaría según cada decisión de alianza que los partidos aún no han tomado.

El sistema electoral mexicano hace que esta pregunta importe más de lo que parece. Cada uno de los 300 distritos uninominales funciona bajo el principio de mayoría relativa simple: gana el candidato que obtiene más votos que cualquier otro competidor, sin importar si obtiene el 28% o el 65% del total del distrito. No se necesita mayoría absoluta: basta con ser el primero.

Aquí entra la lógica de las alianzas. Según la Ley General de Partidos Políticos, una coalición electoral es un acuerdo formal entre dos o más partidos para postular un candidato común en un distrito. Los votos que ese candidato recibe, sin importar bajo qué emblema los emitió el elector, se suman todos para el mismo competidor. Esa suma es lo que cambia la aritmética distrital.

Un ejemplo concreto: si Morena tiene 38% en un distrito y la oposición está dividida —PAN con 20%, PRI con 12% y MC con 15%— Morena gana con 38%, aunque la suma de los votos opositores sea 47%. Ahora bien, si PAN, PRI y MC van en alianza y postulan un solo candidato, ese candidato acumula el 47% frente al 38% de Morena y gana el distrito. Ningún partido creció en votos. El único cambio fue la coordinación.

Ese mecanismo, multiplicado por los 300 distritos, es lo que produce los resultados de este análisis.

El punto de partida: Morena gana, pero no aplasta

Si cada partido compitiera solo —sin ningún tipo de coordinación— Morena obtendría 215 de los 300 distritos en disputa. El PAN ganaría 55, MC 24, el PRI apenas 2 y el PVEM 4, concentrados en San Luis Potosí y Chiapas, donde tiene redes de poder local consolidadas. El PT no ganaría ningún distrito en solitario.

215 de 300 es una ventaja clara, pero no es invencible. Es el punto de partida, no el destino inevitable.

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Lo que pasa cuando la oposición se une: el único escenario que cambia todo

Aquí está el número que cambia la conversación.

Cuando PAN, PRI y MC van juntos contra el bloque Morena+PT+PVEM, el resultado es 158 distritos para el bloque gobernante y 142 para la oposición unida. Una diferencia de 16 escaños sobre 300.

En el escenario más favorable para la oposición —menor aprobación presidencial y mayor penalización de la elección intermedia— esa diferencia se reduce a cuatro distritos: 152 contra 148. Un empate técnico.

Es el único escenario del análisis donde la elección es verdaderamente competitiva. El único donde el resultado no está decidido antes de que arranquen las campañas.

Y el mecanismo no es misterioso. La coordinación opositora no requiere que ningún partido crezca en votos. El efecto se produce porque, en lugar de que el voto del PAN, el del PRI y el de MC se repartan entre tres candidatos distintos —cancelándose mutuamente— se concentran en uno solo. Coordinarse vale más que crecer.

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El costo de no incluir al PRI: 61 distritos

Aquí viene el hallazgo más incómodo para el PAN y MC. Si la oposición forma una coalición bilateral —PAN y MC juntos, pero sin el PRI— el resultado no es 142 distritos. Es 81. Prácticamente el mismo número que si cada partido fuera completamente solo.

¿Por qué? Porque en los distritos donde la diferencia entre el bloque gobernante y la oposición es pequeña, el voto priista es precisamente el que inclina la balanza. Sin él, la suma PAN+MC no alcanza para superar a Morena en esos territorios. Con él, sí.

La coalición PAN+MC es insuficiente porque, en la mayoría de los distritos competitivos, los tres partidos juntos son necesarios para cruzar el umbral de la pluralidad.

Dicho de otra forma: si el PAN y MC hacen alianza sin el PRI, el resultado es casi idéntico a ir cada quien por su cuenta. Los 61 distritos que se pierden al excluir al PRI no se recuperan de ninguna otra manera: no hay candidatos extraordinarios ni campañas que compensen esa aritmética. Lo único que produce los 142 distritos del escenario bipolar completo es la suma de los tres.

El PRI, por su parte, gana un distrito en cualquier escenario. Su voto no produce representación por sí solo: solo existe como factor determinante cuando se integra a un bloque más amplio. Es un partido que necesita alianza para ser relevante y, al mismo tiempo, es el actor sin el cual la alianza opositora no funciona.

La pregunta política relevante, entonces, no es si el PRI quiere ir en alianza —ya dijo que sí, en su aniversario 97, en conferencias y en comunicados—. La pregunta es si PAN y MC están dispuestos a sentarse con él. Y esa decisión tiene un costo de oportunidad cuantificable: 61 distritos. Rechazar al PRI produce prácticamente el mismo resultado que no hacer ninguna alianza.

La distancia entre la estrategia nacional y la realidad local se hace cada vez más visible. Mientras la dirigencia del PAN reitera en Ciudad de México que no habrá alianzas, el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla, confirmó el 10 de abril sus aspiraciones para la gubernatura defendiendo la necesidad de sumar fuerzas con el PRI, MC e incluso con militantes de Morena. El senador Marko Cortés advirtió que imponer una estrategia uniforme en todo el país podría resultar contraproducente.

La postura de MC tampoco es tan nítida como parece: a nivel federal rechaza alianzas, pero su voto con Morena en la reforma electoral generó recriminaciones de sus potenciales aliados opositores. El debate de alianzas no ocurre solo entre partidos: ocurre dentro de ellos.

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Lo que más le conviene al bloque que gobierna: que nadie se coordine

El escenario más favorable para Morena+PT+PVEM no requiere que hagan nada. Solo requiere que la oposición siga como está.

Cuando PAN, PRI y MC compiten de forma completamente independiente mientras el bloque gobernante mantiene su coalición, el resultado es 250 distritos para Morena/PT/PVEM. El 83% del total. Sin que Morena haya ganado un solo voto adicional.

Ese número explica por qué la fragmentación opositora no es solo un problema de los partidos de oposición: es la variable que más incide en la composición final de la Cámara. Y es una variable que depende enteramente de decisiones que se tomarán —o no— en los próximos meses.

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Un dato que sorprende: la batalla PAN-MC solo existe en 12 distritos

Una narrativa recurrente en el análisis político es que PAN y MC compiten por el mismo electorado y que una alianza entre ellos sería naturalmente conflictiva. Los datos sugieren que esa narrativa, en este momento, está sobredimensionada.

En todo el territorio nacional, solo hay 12 distritos donde PAN y MC ocupan simultáneamente el primero y el segundo lugar; es decir, donde su competencia es directa y bilateral, sin que otro partido se interponga. Los 288 restantes tienen a Morena, el PRI u otro partido como primer o segundo lugar.

Y esos 12 distritos no están repartidos por el país: seis están en Jalisco y seis en Nuevo León. La batalla PAN-MC es un fenómeno estrictamente regional. En el resto de México, los dos partidos no compiten entre sí de forma relevante.

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Lo que el modelo no puede decir

Este análisis asume transferencia perfecta de votos en coalición: que el 100% del electorado del PAN votaría por un candidato del PRI si van en alianza, y viceversa. La realidad es más compleja. La literatura especializada estima que entre el 10 y el 15% del electorado no transfiere su voto a un candidato de otro partido, aun cuando su partido vaya en alianza. Los 142 distritos del escenario bipolar son un techo, no una certeza.

El modelo tampoco incorpora candidaturas específicas, eventos de campaña ni coyunturas que todavía no existen. Un candidato extraordinario puede ganar un distrito que el modelo da por perdido. Un escándalo puede costar cinco. La simulación establece el terreno de juego, no el marcador final.

La conclusión que los datos sí permiten

Tres cosas son claras.

Primero, la fragmentación de la oposición es por sí sola suficiente para garantizar una ventaja amplia al bloque gobernante. No se necesita que Morena crezca. Solo se necesita que PAN, PRI y MC sigan sin coordinarse.

Segundo, el único escenario que genera una elección competitiva requiere a los tres principales partidos de oposición juntos. No dos. Los tres.

Tercero, la decisión más cara que hay sobre la mesa no la tiene el PRI. La tienen el PAN y MC. El PRI ya decidió: quiere alianza. PAN y MC son quienes tienen pendiente responder si están dispuestos a pagar el costo político de sentarse con él o si prefieren pagar el costo electoral de no hacerlo.

Los números no dicen cuál de esas opciones es la correcta. Eso lo decide la política. Lo que sí dicen es cuánto cuesta cada una.

Lo que los números dicen, en cinco puntos

  • Si no hay alianzas, Morena gana 215 distritos en solitario. El bloque gobernante (Morena+PT+PVEM), aunque suma más partidos, obtiene menos: 158. Sus aliados aportan poco volumen y la oposición fragmentada les da ventaja solo en pluralidad, no en coalición.
  • Si la oposición va unida —PAN+PRI+MC— obtiene 142 distritos, a solo 16 del bloque gobernante. En el escenario más favorable para la oposición, la diferencia se reduce a cuatro distritos. Es el único escenario verdaderamente competitivo.
  • Si solo van PAN y MC, sin el PRI, el resultado es 81 distritos, prácticamente igual que ir separados. Sin el PRI, no hay alianza opositora que cambie el resultado.
  • El PRI puede inclinar la balanza. Su voto solo gana uno o dos distritos en solitario, pero es el factor que separa los 81 distritos de la alianza incompleta de los 142 de la coalición plena. 61 distritos dependen de si PAN y MC están dispuestos a incluirlo.
  • La batalla PAN-MC existe solo en 12 distritos. En 288 de 300 distritos, Morena, el PRI u otro partido interrumpen la competencia directa entre ambos. La narrativa de que PAN y MC compiten por el mismo electorado a nivel nacional está sobredimensionada: el fenómeno es estrictamente regional, con seis distritos en Jalisco y seis en Nuevo León.

Mientras la oposición debate si ir junta o separada, Morena ya tiene fechas: coordinadores para gubernaturas el 22 de junio y para diputados federales el 3 de agosto. La oposición discute la estrategia. El bloque gobernante ya puso el calendario sobre la mesa. El reloj corre.