Joel Aguirre · 4 de septiembre de 2026
Por Andrea Covarrubias Pasquel*
En memoria de Gabriel Rossi, secretario general de la Junta Nacional de Drogas
de Uruguay, que siempre caminaba con gran convicción y congruencia
Te has preguntado: ¿por qué el alcohol es una sustancia que acompaña nuestra cotidianeidad?
La aceptación social de las sustancias psicoactivas (SPA) está muy relacionada con la prohibición o no de estas, así como con el tabú y los estigmas que existen sobre cada una de las sustancias y las personas que las consumen. El alcohol es el caso perfecto para problematizar sobre la normalización y aceptación social de ciertas SPA, porque es una de las sustancias más consumidas a nivel mundial (después de la cafeína) y, además, su consumo está normalizado. Esto quiere decir que la mayoría de las personas no percibe que haya un problema en torno a su uso. La campaña “Evidencias Familiares” visibilizada en agosto de 2026 en Uruguay es un ejemplo de esto, y nos invita a problematizar la naturalización del consumo de alcohol así como a plantear los cuidados como un eje central dentro de la socialización.
Tomar alcohol no es un problema en sí mismo. Sin embargo, la normalización del consumo de esta sustancia nos puede llevar a invisibilizar sus usos problemáticos. Entendemos por uso problemático de las sustancias psicoactivas cuando el patrón de consumo afecta la salud física y mental de las personas, teniendo un impacto en su vida personal, laboral, escolar o familiar. También se puede adquirir tolerancia y sentir malestar físico y mental en periodos donde la sustancia no se usa; este malestar es conocido comúnmente como síndrome de abstinencia.
El alcohol es una sustancia psicoactiva particular desde sus características sociológicas e históricas. Como seres humanos la consumimos desde hace milenios. Desde la biología hay quienes argumentan que nuestro consumo tiene como preámbulo la afinidad con el etanol de algunos primates. Es la hipótesis del “mono borracho” que postuló Robert Dudley en 2014 y que después Christina Campbell reforzó al demostrar que los primates salvajes consumen etanol por medio de frutas maduras por su cantidad calórica, sin descartar sus efectos placenteros y relajantes.
El registro más antiguo de producción alcohólica se halló en vasijas de hace 10,000 años en Jiahu (China), con fermentos de arroz, miel y frutas. A lo largo de la historia, las bebidas alcohólicas se vincularon con la convivencia, rituales y ceremonias religiosas: desde Mesopotamia con la cerveza y el vino, pasando por Egipto, hasta Grecia y Roma donde se difundió el hábito cultural de beber de manera social. De hecho, simposio en su origen griego significa “beber juntos”. En el cristianismo, el vino conserva significados profundos desde los relatos bíblicos hasta la eucaristía.
Asimismo, históricamente la embriaguez corrió en paralelo con prácticas curativas, pues hasta el siglo XVIII era más seguro beber vino que agua, ya que la fermentación mataba gran parte de los gérmenes presentes en el agua disponible.
Estamos llenas de símbolos alrededor de beber alcohol como acto ceremonial, de convivencia y de expresión cultural e intelectual.
Es por esta carga cultural y social que es pertinente poner atención al consumo problemático del alcohol, pues muchas veces pasa desapercibido por su normalización y estatus legal.
En sí, sabemos bien que esta legalidad responde más que al bienestar y la salud integral de la población, a motivos económicos, políticos y muchas veces hasta morales. No hace falta argumentar de manera muy profunda para dar cuenta de esto, las muertes asociadas al consumo problemático de sustancias legalizadas (como el alcohol y tabaco) superan por mucho las de algunas sustancias ilegalizadas.
Con este contexto, desde nuestra afinidad natural y heredada con el alcohol (de nuestros ancestros primates), hasta los significados culturales que le hemos atribuido, nos toca problematizar las formas regulatorias y pensar, como lo menciona Campbell, cómo lidiar con las consecuencias adversas del consumo problemático de esta sustancia.
*Andrea Covarrubias Pasquel es socióloga por la Universidad de Guanajuato, maestra en Ciencias Sociales y doctora en Investigación en Ciencias Sociales con mención en Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México (FLACSO-México). Candidata al SNII, actualmente es investigadora en Instituto RIA.♦
Referencias:
—“Evidencias Familiares”, una nueva campaña de prevención del consumo de alcohol. 2026.
—Pivetta, Marcos. “El alcohol acompaña a la humanidad desde el surgimiento de las ciudades y la adopción de la agricultura”. Revista Pesquisa FAPESP, n.o 327 (mayo de 2023).
—Rodríguez, Héctor. “Esta es la razón científica por la que a los humanos nos gusta el alcohol”. National Geographic España, febrero de 2023.