blogeditor · 22 de noviembre de 2011
Pesadillas llamadas #espectaculerosecocidas, Supervías, o Segundos Pisos …
… sin posibilidad alguna, de defender Áreas Verdes
¿Se han preguntado alguna vez por qué seguimos padeciendo –casi como maldiciones bíblicas- a autoridades de todos los estratos que disponen del presupuesto sin ningún control: endeudando a sus estados y al país por los siglos de los siglos? ¿También, a Grandes Capitanes de empresa que no podrían exprimir a millones de sus clientes cautivos en otras naciones (donde están obligados a ceñirse a leyes estrictas), pero sí en México? ¿Funcionarios cínicos, irresponsables y profundamente incompetentes que en vez de purgar penas en la cárcel, son premiados por instituciones académicas ‘socialmente responsables’ o con nuevos fueros y encargos?
Si Usted quiere defenderse -como es debido, y con alguna esperanza de éxito- de empresas o gobiernos abusivos por sistema y con capacidades ilimitadas de seguir actuando contra el Interés Público, los Derechos Humanos y el Medio Ambiente, lamento decirle que vive en el país equivocado. Lo mismo, si pertenece a un grupo vulnerable: de discapacitados, por ejemplo, y desea contar con un sistema de transporte público que responda a sus necesidades de movilidad y acceso. Mujeres, indígenas, niños: la lista es interminable y el catálogo de abusos no tiene llenadera.
Los que han seguido de cerca estas luchas ciudadanas, saben que desde 2007 se intenta colocar a México en plano de igualdad con el resto de Latinoamérica en temas de acceso a la justicia colectiva en todos los ámbitos imaginables.
Apenas esta año se aprobó una ley secundaria que sólo satisfizo a los grandes proveedores y burócratas que han logrado sólo pospusieron lo inevitable. El proyecto de Acciones Colectivas amplias e incluyentes (tal como se conocen en todo el mundo, menos en México) tendrá que ser retomado cuando se instale una nueva Legislatura después de las elecciones federales de 2012.
Ha sido una batalla desigual, pero ya estamos un poco más cerca de la meta. La opinión pública conoce ya sobre los beneficios inherentes a esta herramienta jurídica, que sólo busca limitar los excesos empresariales y de servidores públicos que actúan como déspotas nada ilustrados.
Se esperaba que el gobierno en sus tres niveles rechazara de tajo estas reformas surgidas de la Sociedad Civil, porque existen pocos políticos dispuestos a nivelar una añeja relación que garantiza la corrupción e impunidad: elementos que parecerían ser consustanciales a nuestra providencial condición y rezago.
Pero déjeme contarle que alguna vez: no hace mucho, se asomó en la cuarta versión de la ALDF, una rendija de oportunidad. Una clave para que la Ciudad de México contara con procesos colectivos que de ser votados robustecerían los grandes y encomiables cambios sociales que aprobó la actual quinta Asamblea.
Se llevó una propuesta de avanzada a la consideración de diputados locales de varios partidos. Después de un arduo proceso de diálogo y socialización, logramos que este esquema ‘pasara aduana’ en comisiones.
No hubo tiempo de conseguir la aprobación en la ALDF, durante el periodo ordinario de sesiones. Por la influenza, se decretó un periodo extraordinario. Parecía ser el momento de la ciudadanía: la capital iba a estrenar mecanismos de defensa inigualables, que han comprobado su efectividad en nuestro continente durante décadas, así como en Asia, Europa, Oceanía. Incluso en África.
Era demasiada belleza: los mismos cabilderos del Consejo Coordinador Empresarial, la banca y el gobierno que reventaron el planteamiento a nivel federal, urdían la mejor manera de descarrilarlo también aquí.
A Marcelo Ebrard: salinista, ecocida consumado y seguro aspirante a la precandidatura presidencial no le iba a convenir quedar mal con sus posibles apoyadores electorales.
Gente con nulos escrúpulos como OHL: empresa amiga favorecida para construir la Supervía, el nuevo tramo del Segundo Piso y otras obras absurdas pero redituables a la persona del jefe de gobierno: Mejor amigo de la Naturaleza según sus publirrelacionistas, claro.
A las reuniones en el Palacio del Ayuntamiento se presentó Jorge Gaxiola: mercenario exrector de la Libre de Derecho y principal arquitecto del engendro legislativo. Algo digno de Ripley, que aprobaron senadores y diputados federales.
Gaxiola se ostentaba allá como empleado de las empresas que acabaron redactando el galimatías federal. Sabíamos todos quién lo había contratado.
El GDF fue mucho más lejos. Durante los trabajos con la Consejería Jurídica del Distrito Federal, Gaxiola hizo pública su condición de ‘asesor’ del gobierno de Ebrard.
Nunca tuvimos oportunidad de subir la propuesta previamente votada al Pleno de la Asamblea. Ebrard instruyó a sus incondicionales para que la congelaran
Fue una traición a todas y todos los que de buena fe, creyeron en su proyecto.
Con Acciones Colectivas que legitimaran a los afectados, el Poder Judicial hubiese detenido la construcción de la infame y nefasta Supervía. Por eso, la administración de la ciudad en movimiento nos condenó al ebrardicidio generalizado, y a la minoría de edad ciudadana..
Gracias a su equipo de producción y su compromiso con este tipo de causas, compartí mi molestia en el programa radiofónico de Carmen Aristegui. De inmediato: después de mi participación, un ‘desconcertado’ jefe de gobierno farfulló excusas que no resisten el menor análisis. Dijo que ‘presentaría una propuesta’ viable (la seguimos esperando), y que el GDF ‘no estaba en contra de las Acciones Colectivas’ (mentira descomunal).
Ebrard se irá, seguramente al Senado. Va a soñar con ser el candidato para la grande en 2018, y 2024 … Pagaremos con creces el costo de sus gestiones inmobiliarias y carreteras elevadas hacia ninguna parte: prevenibles en otras urbes, que sí creen en remedios contundentes y se toman en serio la transparencia y rendición de cuentas.
Ganó una batalla de coyuntura. Perderán él y los suyos la guerra sin cuartel emprendida contra la democracia en esta gran ciudad.
Buscaremos que haya pronto Acciones Colectivas con ‘dientes’: plenas y consolidadas, para evitar que epígonos ebrardistas del partido que sea o empresarios depredadores, continúen ultrajando al Distrito Federal y a la República Mexicana.
No es simple promesa, o buen deseo.
Será la realidad innegable: aunque les pese a Felipe, Enrique, Marcelo y compañía.