blogeditor · 20 de abril de 2020
Entre personas privadas de la libertad en condición de hacinamiento, y el personal adscrito de los centros penitenciarios que se localizan en municipios con altas tasas de contagio de COVID19, hay por lo menos 29,893 personas más sus familias en riesgo de contraer el virus y por consiguiente de incrementar la curva de contagios y muertes.
Este número seguramente es mayor, si consideramos que “puede haber cárceles que sin estar hacinadas no aseguren condiciones dignas de reclusión”.
Los datos disponibles1 al 15 de abril muestran que la tasa de contagio por cada cien mil habitantes en México es de 4.2 y la tasa de mortalidad por cada mil contagios de COVID19 de 75.2, 30.7 puntos mayor que la USA (44.5) y 9.9 mayor a la mundial (65.3). En México hay más de 2,868 casos latentes (el segundo registro más alto hasta la fecha) y la presente semana lleva un promedio de 388 nuevos contagios diarios (el más alto hasta el momento); las autoridades sanitarias proyectan el fin de la pandemia en el Valle de México para el 25 de junio. Para México el fin de la pandemia no está cerca.
La pandemia no afecta a todos por igual, afecta en mayor proporción a los más vulnerables como las personas privadas de la libertad, sector de la población que además sufre de fuertes estigmas sociales, a pesar de la evidencia de la mala ejecución del sistema de justicia en México y de impunidad de los grandes crímenes.
Pero incluso en el caso de que las personas privadas de la libertad fueran culpables, aún de los crímenes más terribles, eso no debe negarles derechos humanos ni someterlos a situaciones crueles de encierro. La historia reciente nos ha mostrado que las sociedades que respetan los derechos de sus presos con el paso del tiempo logran la reducción de crímenes.
Por si esto no fuera suficiente, y pensando únicamente en el objetivo mundial primordial a corto plazo que es reducir el contagio, debemos recordar que los reclusos están en contacto directo e indirecto con el personal de las prisiones, y estos a su vez con sus familias y el resto de la sociedad. Por lo que cuidar la salud la población privada de la libertad también es cuidar a la sociedad en su conjunto.
Considerando esta situación el Estado mexicano emitió el “Protocolo de Atención del COVID – 19 al Interior de los Centros Federales de Reinserción Social”, que incluye elementos como la libertad condicionada de personas que están en prisión por delitos sin violencia condenadas a menos de 5 años, preliberación de adultos mayores o con enfermedades crónico-degenerativas.
Este protocolo, así como la estrategia nacional y mundial para combatir el COVID19 tiene un elemento básico, sin el cual el resto de acciones no tienen sentido: la sana distancia. Algo simplemente imposible en condiciones de hacinamiento, como nos muestra el relato de Paola Zavala.
En toda crisis el tiempo es un elemento tan importante como el espacio, sobre todo en condiciones de pocos recursos y débil economía como el mexicano. Por esto, además de preguntarse ¿qué prisiones tienen hacinamiento de prisioneros? también es necesario preguntar ¿dónde?, pues será más urgente prevenir contagios en las prisiones con hacinamiento rodeadas de un contexto de alta dispersión comunitaria del virus.
Comencemos a dar respuestas. Si revisamos los datos agregados parece que desde 2017 prácticamente no hay hacinamiento en ningún sistema penitenciario, pero al analizar las condiciones específicas de cada centro encontramos que hay problemas enormes en este tema.
Según los datos del Censo Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario Estatal 2019 (INEGI) de los 255 centros penitenciarios estatales 24.3% (62) tiene más población que espacios físicos para los reclusos, en decir, está en condiciones de hacinamiento, el 49.4% (126) sin hacinamiento, pero 26.3% (67) no entregaron datos al Instituto por lo que no podemos saber sus condiciones.
De los 59 Centros de Internamiento para Adolescentes, según la misma fuente, 3.4% (2) están en condiciones de hacinamiento, no se dispone de datos para 13.6% (8), y 83.1% (49) no tienen este problema, al igual que ninguno de los 19 centros penitenciarios federales.
Ya que identificamos estos 64 centros penitenciarios bajo esta condición, que habitan 85,455 personas privadas de la libertad, debemos ubicarlos y diferenciarlos según el nivel de dispersión de coronavirus.
Para poder acercarnos a conocer el nivel de dispersión del virus de COVID-19 en los municipios en este momento, usamos los datos abiertos de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud, actualizamos al 15 de abril. Para hacer comparaciones válidas entre los municipios, debemos calcular la tasa de contagio por cada cien mil habitantes en los municipios donde residen las personas con diagnóstico positivo confirmado.
Una vez que tenemos las tasas de contagio, las diferenciamos en tres categorías, que en términos muy agregados podríamos definir como contagio bajo, medio y alto. Para esto calculamos una optimización llamada Rupturas Naturales (o Jenks) que permite establecer rangos para las tasas.
Al ubicar espacialmente estas variables obtenemos el siguiente mapa de los 42 centros penitenciarios con hacinamiento y que se ubican en espacios con algún nivel de dispersión de COVID19.
Si consideramos el nivel de hacinamiento de los centros penitenciarios, y la tasa de contagio del municipio en que se ubica, las mayores probabilidades de que ocurran focos de contagio se presentan en los siguientes ocho centros penitenciarios (sin ningún orden en particular):

La población privada de la libertad y personal adscrito a estos 8 centros penitenciarios se concentra en los estados de CDMX, Baja California, Puebla, Quintana Roo, Sonora y Baja California Sur, como vemos en la siguiente gráfica.
Hay varias alternativas para comenzar a solucionar este problema. José Luis Gutiérrez de AsiLEGAL explora algunas, seguramente también hay buenas experiencias internacionales.
No todos saldrán vivos de esta pandemia, algunos morirán por el virus, muchos más por las desigualdades del sistema económico. La pandemia terminará y el sistema económico será fundamentalmente el mismo, ojalá las personas que sobrevivan cambien y cambien también las relaciones económicas y sociales.
* Alejandro Tlacaélel Ramírez De León (@Tlacaelelmx) es Economista y especialista en Sistemas de Información Geográfica. Interesado en temas de Desarrollo Regional, Seguridad y Drogas.
1 Johns Hopkins University CSSE, 2019 Novel Coronavirus COVID-19 (2019-nCoV) Data Repository.