Al fin y al cabo es una noticia, ¿no?

blogeditor · 28 de enero de 2013

 

Y los marcos referenciales os harán libres o… te harán pedir perdón con Oprah Winfrey.

 

Por: José Terrats

Después de ser testigos virtualmente de  uno de los actos de contrición más “grandes” de la historia -o por lo menos uno de los mediáticamente más esperados-, uno empieza a preguntarse cómo las narrativas mediáticas y sus enmarcamientos pueden relativizar tanto la construcción social de la realidad en un contexto donde la mentira es culturalmente rechazada y moralmente condenada, léase EUA.  La segunda entrevista de Lance Armstrong con Oprah Winfrey es una demostración clara y contundente de cómo, en contextos narrativos bien enmarcados, delimitados y controlados -¡¡bien hechos pues!!-, la sofisticación de las narrativas de simulación son perfectamente eficientes o al menos convincentes. Éstas son capaces de trasladarnos a un territorio donde todo lo que se diga será filtrado desde una perspectiva emocional mediáticamente formada, con elementos en su ADN narrativo de sitcom y reality show.

Independientemente de todos los factores de formato -más visto en Internet que propiamente en TV- no asistimos propiamente a la crucifixión del súper héroe, aún con todos los clichés mediáticos de vergüenza, desde la moraleja  hasta el clásico “ojito Remy”. Por el contrario, fuimos testigos de la posibilidad que tiene el “malo” de ser parte activa y reconstructiva en la narrativa que lo ensalzó y lo condenó -el mismo Amstrong lo dijo “intenté controlar la narrativa”-. No vimos un acto de justicia sino un acto de que es posible mentir siempre y cuando se cumplan las convenciones del enmarcamiento reinante.

Y así fue. Pudimos ser testigos de cómo la mentira tiene un valor mediático en estas formas narrativas de la simulación neoliberal, donde la excepción de la regla decantará en algún libro de marketing o ciencia política contemporánea como un caso de éxito, o simplemente en la pantalla grande como el caso de este ángel caído de la libertad estadounidense. Se antoja pensar en cómo la caída de un héroe que encarna todos los ideales de la sociedad norteamericana también lleva la semilla paradójica -destructiva esencialmente con fines de auto preservación- de la narrativa de nuestros vecinos del norte: el éxito al precio que sea; y en el espacio de éxito podemos sustituir todos esos conceptos “intercambiables” como democracia, libertad, paz, etc.

La pregunta correcta es si la mentira tiene un lugar privilegiadamente invisible pero contundente -en sus consecuencias-  en estas nuevas y sofisticadas narrativas del poder donde siempre se coquetea con lo pueril o con la fantasía de la co-creación con las audiencias. El antecedente más cercano es Clinton o Strauss-Kahn guardando las distancias temáticas de sus escándalos. Habría que decir que esencialmente las formas discursivas son lo verdaderamente interesantes aquí. Lo interesante sería saber qué tanto los procesos de enmarcamiento narrativo están modificando los marcos de referencia y/o viceversa, en otras palabras: cómo la forma de decir las cosas está cambiando las cosas y la forma como las convertimos en tema -“agenda” para decir algo más comunicativo-. En estos tiempos ponemos en nuestras  escalas de valor la sentencia de que el “fin justifica los medios”, por no decir “nomás tantito”.

Esto no es nuevo, decir que las formas en una lógica de simulación son lo más cercanos a lo real, aunque nos guste decirle “percepción”. Lo que sí es nuevo es cómo esto ratifica la necesidad de entender los marcos de referencia que le dan contexto a todo lo que se dice en estos tiempos. Es preciso entender esas intencionalidades comunicativas y poder analizar no sólo lo que se dice y cómo se dice, sino dentro de qué marco de referencias y con qué objetivos; más cuando los espacios comunicativos están cambiando y se puede decir y escuchar desde cualquier punto de vista. Estos espacios de comunicación esencialmente dejan de estar solamente en manos del poder, y se parecen más a happenings o intervenciones artísticas que irrumpen en la vida cotidiana, sin avisos, temporalidades o un puntos de acceso únicos, de cualquier habitante medianamente conectado. Las formas, los formatos y los recursos para trastocar los marcos de referencia son cada vez más sofisticados, más contundentemente relevantes y paradójicamente pertinentes. La intención es crear miradas para detectarlos y empezar a estudiarlos.

Si bien es cierto que deberíamos de estar hablando de los 100 días de gobierno de EPN, no está demás elegir el tema de Armstrong para poder ilustrar que no sólo la simulación es propia de ciertas culturas y de ciertas audiencias. También hay que decir que la simulación es parte de nuestra forma de relacionarnos con las narrativas cotidianas y no sólo es un proceso de construcción desde el emisor o de los pocos, muy pocos, que están ahí generando narrativas; sino también de este lado de los “muchos” que somos consumidores ávidos de narrativas como quiera que estas estén empaquetadas. Al fin y al cabo es una noticia, ¿no?

Para los que tenemos el oficio y la maña de estar decodificando discursos, esto implica darnos cuenta de que las teorías de comunicación deben incluir la ubicuidad como categoría de análisis y tal vez lo que nos queda es saber que estos escenarios pueden ser más asequibles desde una perspectiva de análisis de las narrativas, sus actores, sus conversaciones  y sus manifestaciones discursivas.  Deberíamos estar diciendo que este manejo y administración, negociación e intercambio de metáforas están cambiando la forma de consumir verdades y -por qué no decirlo- mentiras. Debería estar diciendo que nos puede ayudar a entender la realidad nacional, tal vez no en actos de contrición, sino en la forma sofisticada de empaquetar los discursos. Tal vez deberíamos estar leyendo esa clásica advertencia cada vez menos particular de que las similitudes que se puedan encontrar con realidades más cercanas, son mera coincidencia.

¿O ustedes qué opinan?

 

**José Terrats es Comunicólogo y antropólogo (UIA). Con una experiencia de más de 10 años en investigación cualitativa, antropológica y semiótica en agencias de la AMAI y ESOMAR. Especializado en desarrollo e innovación de técnicas de investigación y diseño metodológico. Actualmente es Maestro Insighter en LEXIA.