¿Ahora se trata de trata de contar? Mejor dejen de contarnos cuentos

blogeditor · 2 de junio de 2020

¿Ahora se trata de trata de contar? Mejor dejen de contarnos cuentos

26 de mayo de 2020, el día transcurre de manera cotidiana. Se me va el tiempo escribiendo reportes, revisando correos, atendiendo mi Twitter, escuchando de fondo las noticias de la tarde que ve mi madre mientras cocina, y en este fenómeno de atención dividida brinca el tema de #CuentaHasta10 que es comentado por un reportero de televisión.

Mi primera reacción es de mofa ante una frase que me remite a la infancia, el spot de una madre que está a punto de pegarle a su hija porque se comió un pastelito que era para vender. Después de ese flashback, viene la incredulidad ante el video que veo en redes sociales, una campaña que además de tener una producción que se parece a la sección mercado de lágrimas, de la carabina de Ambrosio (boomer alert), destaca la insensibilidad del gobierno ante un tema que requiere medidas más contundentes que una técnica barata de control de ira.

Aquí es donde es prudente decirles a los responsables por qué su genial idea de revivir un “clásico” ha generado tantas críticas. Y es que lo primero que hay que tener claro al momento de generar una campaña de comunicación social es ¿de dónde surge la necesidad de generar una campaña?, ¿qué fenómeno, conducta o comportamiento se está tratando de eliminar, modificar o incentivar? Y sobre todo ¿quién está promoviendo la acción?

Queda claro que esto es un intento de reflexión ante actos violentos en el núcleo familiar desde la responsabilidad individual, pero la diferencia y el error del actual “cuenta hasta diez” versus la idea original de los ochentas-noventas es que, en ese entonces, el emisor era un canal de televisión privado no el gobierno de la República, y que eran otros tiempos de sumisión y justificación.

Para que una campaña conecte con la audiencia debe contar con elementos clave como asociaciones espontáneas a estímulos conocidos y detonar emociones que lleven a la acción en una composición congruente al contexto en el que se muestra.

Sin duda, el actual “cuenta hasta diez” es una antología de notables errores que carecen de un entendimiento profundo del problema de violencia intrafamiliar en México, pero sobre todo evidencia constantemente la insistencia del gobierno en turno en invisibilizar las agresiones que sufren mujeres y niñas en todo el país.

Para “acabarla de fregar”, las situaciones presentadas asocian el problema de violencia con un mal manejo del estrés, otro error garrafal, que resta responsabilidad al gobierno en cuanto a aplicación de la ley y desarrollo de políticas públicas adecuadas y delega la carga a la sociedad “estresada” y poco contenida, como si ese realmente fuera el problema.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la violencia familiar es un acto de poder u omisión intencional, dirigido a dominar, someter, controlar o agredir física, verbal, psicoemocional o sexualmente a cualquier integrante de la familia. Sin embargo, mujeres, niñas y niños son las personas más vulnerables.

Ante este último dato, enciende más la mecha que en su veta “creativa” se muestre a una mujer como agresora, cuando las mujeres son las principales víctimas y es de los temas más calientes en la agenda social por la cantidad de feminicidios que se dan en nuestro país desde hace ya varias décadas.

Adicional, con todo el brío de su refrito traído a la era actual, muestran una pareja homosexual para señalar que no hay quien se salve a la responsabilidad individual del manejo de la ira, en este caso, el gobierno sí es incluyente.

En cuanto al exagerado uso de símbolos de esta administración, hablemos de la bandera blanca de la paz, un elemento sobrado, que caricaturiza la situación de violencia, una burla a las víctimas de abusos, golpes y vejaciones, las cuales seguro no se imaginan sacando una bandera blanca de la paz mientras su marido las patea en la puerta de su casa porque la comida no tenía suficiente sal.

Finalmente, al analizar los gráficos, vemos que el arte muestra al agresor calmando su ímpetu con mensajes como: “para que la violencia no te gane, respira y cuenta hasta 10”, “no pierdas la paciencia, respira y cuenta hasta 10”, “no te desesperes, respira y cuenta hasta 10” y luego cierra con una frase de apoyo moral: “cuenta con nosotros, llama al 911”.

El mensaje está dirigido al agresor, así que la sugerencia de llamar al 911 se entiende que es para el agresor, ¿cuál es el plan?, ¿escuchar al agresor para que se calme? Porque en ningún momento se le habla a la víctima, ni se le respalda, ni se le ayuda, aunque de que serviría si el mismo presidente dijo el pasado 15 de mayo que el 90% de las llamadas al 911 relacionadas con violencia contra las mujeres son falsas… , aunque esto no es del todo cierto.

El rechazo generalizado a esta campaña no es exagerado y es absolutamente comprensibles porque el único mensaje que recibimos muchos mexicanos hartos de que nos den atole con el dedo es que “si sabes contar… mejor no cuentes con ellos”.

@LexiaGlobal