¡Ahora que estamos juntas…!

blogeditor · 23 de septiembre de 2020

¡Ahora que estamos juntas…!

¡…Ahora que si nos ven…! Pero, un momento, ¿Acaso todas las personas vemos lo mismo? Hoy quiero comentar lo que yo veo detrás de las protestas de las mujeres. Los motivos de la protesta, las reacciones ante las protestas de las mujeres y los alcances de su movilización.

1. Los motivos de la protesta

Los medios se han encargado de explicarnos las razones de la indignación y el enojo. Las mujeres están enojadas porque en los casos en los que sus hijas o parientes han sido víctimas de feminicidio o de abuso sexual, la autoridad ha hecho muy poco. Años y años en búsqueda de justicia y los casos apenas avanzan.

¿Qué es esto de que los casos apenas avancen?

En Amnistía Internacional acompañamos casos de feminicidio en los cuales constatamos que, en la fase de integración de las carpetas de investigación, las fiscalías frecuentemente incurren en hechos tales como la pérdida de pruebas –a veces evidencia importantísima para determinar si la víctima sufrió violencia sexual previa a la muerte−; inadecuado resguardo del lugar de los hechos; carencia de análisis del contexto, por lo que no se tiene en cuenta si las víctimas sufrieron violencia de género o si hubo una relación afectiva o de poder entre el presunto responsable y la víctima; no se habla con testigos relevantes para el caso. Sólo por mencionar algunas falencias1.

Los movimientos de protesta han surgido por la falta de justicia a las mujeres. (Foto: Amnistía Internacional México).

En los recuentos que hacen las madres es frecuente que describan un trato desdeñoso, por parte de las autoridades, al iniciar el proceso de búsqueda o de justicia para sus hijas. Una madre nos narró que se encontraba desesperada buscando a su hija, cuando llegó a la agencia del Ministerio Público no podía dejar de llorar, el funcionario que la atendió le dijo “señora, la voy a atender cuando se tranquilice”.

Algunas madres nos han contado que, con frecuencia, les hacen preguntas en las que ellas sienten que la suerte de sus hijas es responsabilidad de las víctimas (esto, en la criminología anglosajona se llama victim blaming)2. Les preguntan cosas como: si la joven tenía novio, si bebía, si era de noche, si tenía una vida sexual activa. Al final, se evocan sin ningún empacho los estereotipos de género y se termina responsabilizando a las víctimas de su destino.

Al enojo y al desconcierto se suman la dilación del proceso de investigación, las decenas de visitas al Ministerio Público que las madres y los familiares de las víctimas deben hacer para cumplir con alguna diligencia, el desgaste económico, pero sobre todo años −lustros y a veces décadas– sin conocer la verdad de los hechos y sin tener ningún tipo de reparación para ellas y sus familias.

2. La reacción ante la protesta de las mujeres

Desde mi perspectiva hay tres tipos de reacciones a las demandas de las mujeres.

La primera es la reacción de la opinión pública. Creo firmemente que la rabia de las mujeres nos interpela. Chimamanda Ngozi Adichie lo dice de forma muy elocuente en un texto brevísimo y de obligatoria lectura: Todas deberíamos ser feministas. En él, la escritora nigeriana reflexiona sobre la educación de las mujeres, la forma en la que constantemente se les enseña a las niñas a no mostrar el enojo, y, en cambio, a ser solícitas al punto de renunciar a sus sueños, a sus deseos y a sus luchas.

La rabia expresada por las mujeres resulta amenazadora. Las críticas a la toma del edificio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos no se han hecho esperar. En las redes sociales he encontrado expresiones como las siguientes:

“¿Qué no se supone que las feministas son pacifistas?”

“¿Qué opinión les merece las feministas destructoras?”

“¿Defienden a las pandilleras que violentan y toman instalaciones públicas?”

“Como si pintando cuadros y paredes se solucionaran los problemas”.

También hay reacciones favorables, por ejemplo:

“Tienen derecho a quemarlo todo”.

“Son el grito de quienes no tienen voz”.

“Vivas nos queremos”.

“Ellas si me representan”.

Las reacciones son un termómetro muy interesante de la polarización social en la que vivimos y también del entendimiento tan desigual que tenemos de los problemas que nos aquejan como sociedad.

En segundo lugar está la reacción de las instancias del Estado, especialmente la policía. Previo a la toma de la CNDH atestiguamos manifestaciones en otros estados del país, protagonizadas por mujeres que salieron a la calle en solidaridad con otras mujeres víctimas de violencias. El 22 de agosto de 2020 en León, Guanajuato, mujeres (casi todas jóvenes) salieron a manifestarse por el abuso sexual perpetrado por policías contra una joven. La policía salió a detenerlas. En Amnistía Internacional tenemos conocimiento de que durante ese proceso algunas de las mujeres fueron amenazadas con ser violadas o desaparecidas. A algunas de ellas les hicieron tocamientos mientras las amedrentaban sexualmente.

El 5 de septiembre de 2020 vimos un patrón similar en Ciudad Juárez, Chihuahua. Mujeres manifestándose y la policía deteniendo la protesta de forma violenta. Una violencia que suele pasar por los cuerpos y la integridad sexual de las mujeres.

Este 10 de septiembre, en Culiacán, mujeres salieron a protestar en respuesta a las declaraciones de una funcionaria, quien comentó que dos menores de edad víctimas de feminicidio, eran niñas, de esas, ingobernables. Al finalizar la protesta, cuando iban de regreso a sus coches, un contingente policial las detuvo y las estuvo “paseando” por lugares oscuros de la ciudad, mientras conducían a alta velocidad. Luego, las llevaron ante el juez de barandilla quien les preguntó: “¿pero qué hicieron? Los policías no suelen detener a mujeres en la madrugada…”. Las liberaron sin darles su expediente y previo pago de una fianza.

El jueves 10 de septiembre de 2020, un grupo de mujeres salieron a manifestarse en el Estado de México, (en Atizapán y Ecatepec). Al menos doce mujeres fueron detenidas, hoy sabemos que fueron golpeadas y amedrentadas. Les quitaron sus celulares y a la fecha no se los han devuelto. Tuvimos conocimiento de que el contingente policial fue desproporcionado, respecto del número de mujeres manifestantes que habían tomado la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Los agentes policiales actuaron sin portar identificación, pese a que los estándares internacionales determinan que la policía debe llevar, durante sus labores, distintivos con número y adscripción que les identifique.

En León, Ciudad Juárez, Culiacán y en el Estado de México, el patrón fue el mismo: detenciones, uso excesivo de la fuerza, amenazas sexuales que en ocasiones sí se acompañaron de violencia sexual y, siempre, en todos los casos, preguntas como “¿para qué salen a las calles?”

En 2016, Amnistía Internacional presentó el informe Sobrevivir a la Muerte. Tortura de mujeres por policías y fuerzas armadas en México3. El texto analiza las historias de 100 mujeres que denunciaron tortura y otras formas de violencia durante su arresto e interrogatorio a manos de la policía y las fuerzas armadas.

La experiencia de la violencia policial por supuesto que tiene un impacto en la vida y en las subjetividades de las mujeres, en la relación que mantenemos con el Estado. La ruptura de la confianza ciudadana en las instituciones que ostentan la fuerza del Estado no es un asunto menor.

Hay un entendimiento desigual de los problemas que nos aquejan como sociedad. (Foto: Amnistía Internacional México).

La tercera reacción a la protesta social, es poder conocer las experiencias de las mujeres. Es posible que un sector de la población se haya acercado a las dolorosas experiencias del (in)acceso a la justicia en México, gracias a los relatos personales de quienes hoy protestan. El feminismo ha otorgado importante análisis en sus estudios y reflexiones a la importancia de documentar las experiencias individuales y colectivas de las mujeres. Algunas académicas como Judith Grant4, han comentado que el estudio de las experiencias es esencial para el análisis político del patriarcado. En 1949 se publicó la obra de Simone de Beauvoir, El segundo sexo. En el segundo volumen denominado La experiencia vivida, la autora describe que la construcción social del significado mujer y feminidad crean una situación en que la mujer ocupa la posición del “Otro”, el otro respecto al hombre quien es definido como “El” ser humano. Así, la explicación del mundo suele tener un enfoque masculino porque son las experiencias de los hombres las que se privilegian para su comprensión.

Traigo esto a colación porque podría decirse que lo que sucede con las violencias hacia las mujeres no es tan trascendental en un país extremadamente violento, donde siguen muriendo más hombres que mujeres. Es aquí donde vale la pena tomar en consideración las experiencias de las mujeres, pues permiten analizar la diferencia de las violencias. Una de las enormes diferencias es la inclusión de las violencias en el ámbito y en sus relaciones privadas. Diciéndolo de otra manera, tenemos que politizar y problematizar sobre el entorno privado de las personas, haciendo lo personal político.

3. Mujeres en movimiento

Llevamos décadas de lucha por los derechos de las mujeres5, pero quizá la experiencia masiva y colectiva es relativamente nueva en nuestro país. Me viene a la cabeza el movimiento Me Too; la manifestación en la ciudad de México en 2017, cuando salimos a las calles para pedir justicia por el feminicidio de Mara; en febrero de este año, la activación en redes para desaparecer las imágenes del feminicidio de Ingrid Escamilla; la marcha multitudinaria del 8 de marzo de 2020 y el paro de mujeres del 9 de marzo.

Las mujeres no queremos ser víctimas de las violencias machistas y de la impunidad que les acompañan. Manuel Castells6 lo describe bien al decir que los movimientos surgen como resultado de un sentimiento colectivo de indignación por la injusticia.

De acuerdo con el autor, los movimientos suelen nacer en internet, mediante la afinidad a una causa (ojo, no es internet quien los crea). Un mensaje se viraliza y en ocasiones pasa a ocupar el espacio público. Trastocar el espacio público ha sido una estrategia de larga data de los movimientos sociales para ser escuchados, de esta manera se toman edificios, se pintan las paredes y obstruyen las calles.

El impacto de los movimientos sociales es diverso. Pero cuando las mujeres se ponen en movimiento buscan cambiar las lógicas de la burocracia, revertir la impunidad, hacer efectiva la justicia y lograr verdad para casos concretos. En Amnistía Internacional, cuando hemos hablado con las víctimas nos damos cuenta de que las madres desean justicia para su caso, pero que el deseo más repetido es: “no quiero que le vuelva a pasar esto a ninguna hija, y que ninguna madre pase por lo que yo estoy pasando”. Esta intención es la más digna y reivindicativa que yo escucho entre las víctimas.

Cuando en las calles las mujeres corean “Ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven” hemos de comprender que no todas las personas ven lo mismo, hay quienes miran el destrozo de bienes materiales y no el padecimiento que llevan encima las víctimas. Mi intención es que cuando veamos escenas que nos interpelan, por el enojo de las mujeres, nos preguntemos: ¿vemos mujeres enojadas y violentas? o ¿vemos las historias de dolor y resiliencia por la pérdida de una amiga, de una hija, de las libertades cotidianas? Ante la pregunta, cada quien elige qué puede y qué quiere ver.

Lo que si quiero asentar es que el silencio no protege a las mujeres.

* Tania Reneaum Panszi (@TaniaReneaum) es Directora Ejecutiva de @AIMexico.

 

 

1 Un ejemplo claro de la falta de prolijidad en la integración de un caso de feminicidio es el de Karla Pontigo. Más información puede encontrarse aquí y aquí.

2 Sobre la idea de una víctima ideal, sugiero la lectura de Nils Christie (1977). “Conflicts as property”, en The British Journal of Criminology. Vol.17, núm1, pp.1-15

3 El informe puede ser consultado aquí.

4 Grant, Judith (2016). “Experience and Epistemology in Feminist Theory” en Disch Lisa, Hawkesdworth Mary. The Oxford Handbook of Feminist Theory, Oxford: Oxford University Press, pp. 227−246

5 Una narración completa sobre la historia del feminismo puede encontrarse en Valcárcel, Amelia (2019). Ahora, Feminismo. Cuestiones candentes y frentes abiertos. Madrid: Ediciones Cátedra.

6 Castells, Manuel (2014). “El espacio y los movimientos sociales en red” en Revista Ciencia–Academia Mexicana de Ciencias, 65(4), pp. 58-64.