blogeditor · 11 de marzo de 2020
La mañana del #9M fue claramente atípica para todos los mexicanos, partidarios o no partidarios del movimiento #UnDiaSinMujeres. Al venir precedida de una de las movilizaciones sociales más impresionantes que hemos sido capaces de atestiguar, se podía percibir que la ciudad funcionaba diferente, estaba incompleta.
Como muchos lunes, acudí a cargar gasolina en mi camino rumbo al trabajo. En el momento de estar realizando el pago, tuve una fugaz pero reveladora conversación con el despachador, un hombre de unos 50 años aproximadamente, que inicio la conversación tomando la iniciativa como si quisiera contar algo:
Este es solo uno de los millones de ejemplos que ocurren a diario en nuestra sociedad, en donde los hombres no entendemos que no entendemos. Las mujeres acaban de dar una muestra de unión, de solidaridad, de valentía, para enfrentar un ecosistema que las está matando. Lo que hemos presenciado es un grito de hartazgo, de dolor y de miedo que debemos de escuchar, ahora nos toca a los hombres empatizar y analizar que es lo que las ha llevado a este punto límite.
El #8M y #9M debe representar un punto de inflexión en la forma como conceptualizamos nuestra sociedad actual, debe ser un punto de no retorno en el cual los hombres salgamos de nuestra zona de confort y privilegios que nos ha dado el simple hecho de haber nacido con el sexo más beneficiado, pero sin ningún mérito adicional de por medio.
En el mundo de marketing, particularmente en investigación de mercados, la proporción de mujeres es significativamente mayor a la de los hombres, tan solo en Lexia este balance esta en un 60% de mujeres por 40% de hombres. Estos números podrían llevarnos a pensar en automático que las industrias con mayor presencia de mujeres serán por defecto industrias más empáticas con el movimiento feminista. Sin embargo, los números son inútiles si los hombres no hacemos un ejercicio autorreflexivo para darnos cuenta de que somos la principal semilla que ha germinado el problema por el que ellas se han manifestado.
Ahora nos toca a los hombres no hacer oídos sordos. No solo porque de hacerlo así el reclamo de las mujeres con toda justicia será aún más fuerte; debemos hacerlo porque históricamente hemos gozado de una posición privilegiada y ya es momento de verdaderamente inclinar la balanza para lograr una sociedad más igualitaria y progresista.
Ahora nos toca a los hombres revalorizar el rol de las mujeres, en el plano personal y profesional. Es momento de darnos cuenta de que, sin ser un golpeador, violador o asesino, generamos muchas acciones que consciente o inconscientemente llevan a una relación de sometimiento de la mujer.
Ahora nos toca a los hombres interiorizar lo vivido estos días para dejar de normalizar todos esos micromachismos que nos han llevado al punto de inflexión en el que nos encontramos actualmente; debemos de trabajar por desactivar tanto la producción de éstos como los efectos que causan. Tenemos que atrevernos a cambiar nosotros, pero también empezar a cambiar nuestro entorno masculino, señalando a todos los familiares, amigos y colegas que sigan produciendo estos comportamientos, después de todo “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”.
Es una realidad que toda transformación social no será inmediata e implicará un periodo evolutivo de meses, años y quizás décadas. Pero ya es momento de empezar a gestar un verdadero cambio que pueda ser evidente para las generaciones futuras.
Muchas de las reflexiones del presente artículo se derivan del taller: El rol de los hombres en la lucha feminista impulsado por @LexiaGlobal.