Joel Aguirre · 25 de agosto de 2026
En 1983 se estrenó la película De mendigo a millonario. La trama, dos hermanos magnates apuestan sobre la interrelación de la conducta humana con el entorno social. Despiden a un ejecutivo financiero y en su lugar colocan a un mendigo. En este largometraje se tratan diversos cuestionamientos filosóficos, sociológicos y conductuales ¿Es el ser humano malo por naturaleza? ¿Es el medio quien lo corrompe? ¿La conducta humana está más condicionada e influenciada por magnates que por su propio contexto?
Una historia con las mismas interrogantes, pero que supera la ficción, tiene lugar en Siria. El pasado 11 de agosto un tribunal penal condenó a muerte al expresidente Bashar al-Asad por crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra, homicidio intencional, asesinato deliberado, tortura extrema y privación de la libertad. Aunque la condena fue en ausencia porque Al-Asad vive, desde 2024, exiliado en Rusia, este hecho marcó una hoja de ruta.
En primer lugar, un rompimiento entre las élites de poder internas. El actual presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, llegó al poder después de liderar una ofensiva relámpago que derrocó a su antecesor en diciembre de 2024 después de 14 años de guerra civil en donde lideró al grupo Hayat Tahrir al-Sham, inicialmente filial de Al-Qaeda.
Dentro de sus primeras acciones de política exterior, Al-Sharaa sostuvo una reunión durante el Consejo de Cooperación del Golfo en Riad en mayo de 2025 con Donald Trump, Mohamed bin Salmán y Recep Erdogan, en donde la administración estadounidense anunció la suspensión de sanciones a Siria, además de mencionar que el nuevo líder sirio era un tipo duro con un pasado sólido y difícil. Un luchador.
El acuerdo entre los cuatro líderes se conjugó en la estabilidad regional, que bajo los términos de este mundo interconectado se traduce también en tranquilidad internacional. Con esta bandera, Al-Sharaa también visitó Moscú en octubre de 2025 para reunirse con Vladimir Putin.
En el marco de esta reunión se concluyó el respeto de acuerdos bilaterales de alimento, energía y funcionamiento de centrales eléctricas establecidas durante el mandato de Al-Asad, así como la solicitud de extradición de este último. El mensaje fue claro: a pesar de haber sido enemigos en el pasado, por el bien del statu quo y la reconstrucción de Siria se elegía el pragmatismo en aras de la estabilidad.
Uno de los agentes internacionales que apoyó al grupo sirio que se hizo del poder fue el gobierno de Erdogan. Si bien la campaña militar que derrocó al antiguo sistema sirio no fue coordinada directamente por Ankara, su ejecución no habría sido posible sin su respaldo ni permiso. Dicha situación le concede a la cúpula turca un peso específico en esta ecuación.
Además de la estabilidad regional que implica tener a un aliado como vecino, el apoyo turco se hizo fehaciente porque la caída de Al-Asad trajo oportunidades lucrativas para las industrias turcas de la construcción y de bienes de consumo, las acciones de las constructoras turcas se dispararon tras la noticia de la caída de Al-Assad. Esta cooperación amplió la zona de influencia de Turquía y al mismo tiempo le otorgó a Siria legitimidad internacional.
Ante esta alianza, y como forma de frenar la influencia de Ankara en la región, Siria ha sido blanco de ataques de agentes antagónicos a Turquía, el más reciente fue el 18 de agosto, cuando un dron israelí atacó bases de la fuerza aérea siria, en el noreste del país, que habían sido visitadas por una delegación turca días antes.
Para Israel, las fronteras con Siria representan límites estratégicos infranqueables. Tras el colapso del gobierno de Al-Asad las fuerzas israelíes tomaron el control de la zona desmilitarizada que había sido patrullada por la ONU incluyendo el monte Hermón, así como la mayoría de las zonas ricas en recursos hídricos del suroeste. En noviembre de 2025, la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación denunció públicamente que Israel estableció 10 bases militares fijas dentro de la zona de amortiguamiento de Siria, cometiendo violaciones directas y continuas al Acuerdo de Separación de 1974.
Además, Israel ha ejecutado bombardeos contra objetivos que consideran de riesgo. En julio de 2025, bajo la premisa de salvaguardar a la comunidad drusa frente a las hostilidades sectarias al sur de la nación, el ejército israelí justificó sus incursiones armadas. La justificación real: Tel Aviv ha enfatizado su rechazo total a la permanencia de milicias del régimen islamista en las cercanías de los Altos del Golán, un enclave estratégico que Israel retiene bajo su control desde el conflicto de 1967.
La ocupación de esta meseta, así como su zona adyacente, es usada por Israel para vigilar al Líbano, más específicamente a Hezbolá y evitar un ataque a territorio Israelí desde Siria. El recelo de la mancuerna entre Alepo y Ankara, el pasado del nuevo presidente sirio y parte de sus fuerzas armadas aunado a la cada vez mayor impopularidad en el escenario internacional agudizan los temores en Israel.
En medio de este contexto convulso, el 21 de agosto Turquía emitió una orden de arresto internacional contra el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y solicitó formalmente a la Interpol la activación de una alerta roja para su captura. Los cargos: genocidio, crímenes contra la humanidad, tortura, privación agravada de la libertad y saqueo agravado.
La historia de Ahmed al-Sharaa demuestra que, en Siria, la transformación personal también puede ser una estrategia de supervivencia política. Sin embargo, el verdadero riesgo no está únicamente en el pasado del nuevo presidente, sino en un presente disputado por potencias y vecinos con intereses contrapuestos. Alepo ya no es solo el símbolo de una guerra: es el laboratorio donde se decidirá si Siria puede escapar de su pasado o simplemente cambiar de protagonistas.♦