blogeditor · 12 de agosto de 2021
De 2010 a 2020, pasamos de tener 3.3 millones de hogares sin acceso agua potable a 7.8 millones de hogares, de acuerdo con datos del Censo de Población y Vivienda 2010 y 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). El dato es abrumador. Si en 2010 el 11.8 % de los hogares en México no tenían agua potable, en 2020 el porcentaje creció al 22.4 % de hogares. Eso, traducido en población con el promedio de ocupantes por vivienda, significa que pasamos de 12.9 millones de personas en 2010 a 28.3 millones de personas en 2020. El retroceso es enorme y la crisis actual -y la que se avecina- es aún mayor.
Las hipótesis del desabasto de agua pasan por el crecimiento demográfico, 14 millones de personas más en estos diez años; por la reducción de agua disponible debido a los efectos del cambio climático y por el aumento sostenido en el consumo promedio, así como por problemas de gestión y administración del agua de los gobiernos de Calderón, Peña Nieto y, ahora, López Obrador. No es una crisis heredada. La cobertura de agua potable en los hogares creció de manera sostenida hasta 2010, desde entonces a la fecha solo ha empeorado.
Como evidencia de una crisis con poca difusión, en las semanas posteriores a la elección, Andrés Manuel se reunió con la mayoría de gobernadores y gobernadoras electas en las elecciones del 6 de junio. En la mayoría de las reuniones trataron el tema del agua, pero no trascendió en medios de comunicación. Los gobernadores y las gobernadoras ahondaron poco en el tema ante medios de comunicación.
La conversación con Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, giró en torno a las soluciones de abasto de agua para la zona metropolitana de Guadalajara y el saneamiento del río Santiago. En el caso de Mauricio Kuri de Querétaro hablaron de los retos para garantizar el abasto en la entidad a partir del 1º de octubre. Con Samuel García de Nuevo León hablaron de la construcción de la Presa Libertad para abastecer al área metropolitana de Monterrey. De las conversaciones con Sheinbaum y del Mazo, de la CDMX y del Estado de México, no salió más información a la luz, pero ambos enfrentan conflictos graves de abastecimiento en Tlalpan, Iztapalapa, Ecatepec, Nezahualcóyotl y la mayor parte de ambas entidades. Con Javier Corral, de Chihuahua, limaron asperezas por el tema de envío de agua de la entidad a Estados Unidos por cumplir acuerdos internacionales.
El tema está latente y no es para menos. Los datos del censo de 2020 son poco esperanzadores. Únicamente Jalisco y Nuevo León mejoraron en la cobertura de agua para sus habitantes, mientras que el resto de las entidades cayó. Hay casos muy preocupantes: Oaxaca y Guerrero con coberturas de 40.62 % y 49.36 % respectivamente. Menos de la mitad de su población. Chiapas se acerca al mismo dato con una cobertura de apenas el 52.37 %; eso no es lo peor para Chiapas, sino que la cobertura cayó en 21.14 % desde 2010. Oaxaca cae en 28 %, Tlaxcala en 24m%, Puebla en 23m%, Morelos en 21m% y Campeche en 21 %. ¿Qué sucedió en estas entidades? Las autoridades deben una explicación detallada de esta caída abrupta que afecta a millones de personas. La caída en la cobertura de agua lleva a las familias a la precariedad, eleva los riesgos de enfermedades (combinado con un sistema de salud que también redujo su cobertura drásticamente) y eleva la probabilidad de conflictos comunitarios y, por tanto, problemas de gobernabilidad. A continuación comparto la tabla con los datos por entidad.

La gráfica que comparto a continuación refleja la caída en la cobertura nacional del 2000 a la fecha:

Si no se trata el tema como una crisis nacional, los problemas de acceso a agua potable seguirán minando la salud y la gobernabilidad. No se trata sólo de infraestructura física ni de control político por delimitación territorial, se trata también de políticas públicas de gestión que mejoren la eficiencia distributiva, los precios, los controles al consumidor final (ya sea ganadero, industrial, turístico o de consumo privado), la planeación de desarrollos urbanos, la racionalización por cambios demográficos, la captación de agua pluvial a gran escala, el desarrollo de tecnología para recuperación y saneamiento de aguas residuales, entre muchas cosas más. Seguir buscando nuevas fuentes de suministro sin las políticas públicas que lo acompañen y con la articulación de todas las autoridades en un acuerdo nacional, sólo profundizará la crisis. Ante esta bomba que puede estallar pronto, aguas con el agua.