blogeditor · 2 de octubre de 2014
Dos recientes decisiones constitucionales respecto a los derechos de las personas LGBT en Colombia han mostrado una vez más los fuertes contrastes del país: la arraigada y poderosa moral católica convive con una de las cortes constitucionales más liberales del hemisferio. Durante años la Corte Constitucional ha defendido el espíritu democrático, pluralista e incluyente de la Constitución colombiana contra poderosas fuerzas autoritarias y conservadoras. En 2007 y 2008 extendió beneficios pensionales, patrimoniales y de seguridad social a las parejas del mismo sexo en uniones maritales de hecho, y en 2011 declaró que las parejas del mismo sexo “sí constituyen familia”. Pese a que algunas decisiones recientes han mancillado el récord liberal y la solidez jurídica de la Corte, el mes pasado ésta tomó dos decisiones de implicaciones históricas, aunque limitadas:
El impacto de estas decisiones es de gran alcance. En el caso de Bermúdez la Corte esencialmente priorizó la identidad de género sobre el sexo asignado al nacer. Se declaró inconstitucional exigirle la libreta militar a las mujeres trans porque esto viola el derecho de las personas a definir su propio género. Además, la Corte pidió al Congreso que redacte una propuesta de ley que regule los derechos de las personas trans en Colombia, abonando el camino para una muy necesitada Ley de Identidad de Género.
[contextly_sidebar id=”heSDsd8zqG8Yypr5psgqg263QkAdpo2c”]La decisión también tiene implicaciones profundas para la región. Desde que Argentina aprobó su histórica Ley de identidad de género en 2012, varios países han luchado para logar resultados parecidos y el precedente legal colombiano podría ser una alternativa viable para hacer litigio de impacto. En la actualidad al menos diez países latinoamericanos tienen servicio militar obligatorio con distintos niveles de penalización por falta de cumplimiento. El caso de Bermúdez muestra que la conscripción militar puede volverse un inusual pero eficaz aliado para resaltar la manera en la que el estado impone a sus ciudadanos una identidad de género que no siempre coincide con su propia identidad, y catalizar reformas legales que avancen los derechos de las personas de orientaciones e identidades de género diversas en la región.
*Juliana Martínez, PhD, es profesora de género, sexualidad y literatura latinoamericana en el Departamento de Lenguas y Culturas del Mundo de American University en Washington D. C.