blogeditor · 2 de agosto de 2021
La crisis ambiental que vivimos demanda acciones mundiales de gran escala y una transformación radical de nuestros sistemas económicos y sociales. Para lograr esto se requiere de amplia cooperación internacional, sobre todo si busca hacerse con perspectiva de justicia social. Desde la Conferencia Científica de las Naciones Unidas (también conocida como la Cumbre de la Tierra) en Estocolmo, Suecia, la comunidad internacional ha cooperado para establecer principios de conservación y administración de los recursos naturales.
En enero de 1998, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente organizó un seminario internacional para identificar los sectores medioambientales que podrían ser más vulnerables ante el cambio climático y se creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que desde entonces se dedica a estudiar las causas y consecuencias del aumento de las temperaturas. Los esfuerzos para informar científicamente sobre el cambio climático se incrementaron en la Segunda Conferencia Mundial sobre el Clima de 1990 y en 1992 ya más de 158 países habían firmado la Convención Marco de la Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), generada en esa Conferencia. A partir de esta Convención, se adoptó a nivel internacional el Protocolo de Kyoto en 1997, que tenía el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero a 5% de 2008 a 2012, con respecto a 1990. Lamentablemente, estos esfuerzos no surtieron el efecto necesario para reducir las emisiones ni para controlar el calentamiento de la atmósfera terrestre.
En el último par de décadas este diálogo se ha intensificado debido al aceleramiento del deterioro climático y ambiental. Diversos gobiernos han tomado acuerdos con el objetivo principal de mantener el aumento de la temperatura media global controlada y evitar consecuencias catastróficas. En 2015, 195 países firmaron el Acuerdo de París, el cual fue emitido por las Naciones Unidas con el fin de reforzar la respuesta mundial al cambio climático mediante el mantenimiento del aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de los 2ºC con respecto a los niveles preindustriales, aunado al aumento de la capacidad de adaptación a los efectos del cambio climático y flujos financieros que lleven al desarrollo sostenible. Este acuerdo ofrece una guía para que las naciones mitiguen y adapten el cambio climático, mediante las metas fijadas con base en información científica producida por el IPCC (Intergovernmental of Panel on Climate Change) y las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDCs) que asumió cada país.
El Acuerdo representa el principal compromiso mundial para hacerle frente al cambio climático, con 97 países suscritos, y las enormes consecuencias económicas y sociales que implica. El Acuerdo marca el inicio de un cambio hacia un mundo con bajas emisiones de carbono, guiando los esfuerzos mundiales a un desarrollo sostenible y neutralidad en las emisiones de carbono en 2050. Actualmente, el Acuerdo de París es el estándar más utilizado para definir metas ambientales ambiciosas, y se usa en el sector público, privado y académico.
La peculiaridad del Acuerdo de París, en comparación con sus antecesores, es la época en la que surgió. Por un lado, a pesar de que las presiones económicas de la industria de los combustibles fósiles siguen presentes, la dependencia de la economía a estos combustibles ha disminuido gracias al desarrollo de alternativas tecnológicas en el área de energía renovable. Gracias a estos avances, incluso grandes titanes de la industria petrolera actualmente están diseñando políticas para descarbonizar y transitar hacia la producción de energía limpia. Por otro lado, las consecuencias de décadas de emitir gases de efecto invernadero ya se están presentando. Es posible notar el incremento en la intensidad de las tormentas tropicales, de las inundaciones, de las olas de calor, entre otros fenómenos que matan a miles de personas y causan miles de pérdidas económicas. Es decir: el cambio climático se volvió inevitablemente visible.
A pesar del impulso que ha significado, este Acuerdo tiene algunas deficiencias importantes. Se estima que en 2017, ninguno de los países industrializados que firmaron el Acuerdo estaba implementando las políticas necesarias para cumplirlo, y no habían alcanzado a reducir sus emisiones tanto como habían prometido. Más aún, los compromisos asumidos por cada nación dentro del marco del Acuerdo no son suficientes para mantener el aumento en la temperatura por debajo de 2°C con respecto a niveles pre industriales.
En el mismo año en el que se firmó el Acuerdo de París, los Estados Miembros de las Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que es un plan de acción de 15 años que representa un cambio de paradigma en la agenda mundial de desarrollo porque se centra en las personas y abarca las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental.
La Agenda 2030 tiene como meta eliminar la pobreza, reducir la desigualdad, impulsar el crecimiento económico y proteger el ambiente, mediante 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que incluyen energía asequible y no contaminante, ciudades y comunidades sostenibles, acción por el clima, vida de ecosistemas submarinos y terrestres. Esta Agenda es de prioridad para acelerar la implementación de soluciones políticas, tecnológicas y financieras que frenen la huella ecológica mundial. Naciones Unidas estima que para lograr el cumplimiento de los 17 ODS se necesitan entre cinco y siete billones de dólares de inversión, por lo que la movilización de capital se ha vuelto un tema crucial en la agenda sostenible mundial.
La cooperación global es esencial para guiar a los países de forma uniforme con objetivos compartidos, lo que brinda mayor claridad para todos los reguladores del mundo sobre las prácticas a seguir y el camino que deben tomar.
* Rodrigo Osorio Díaz (@Rosoriodiaz) es director de la Agencia de Energía del Estado de Puebla (AEEP), egresado en negocios y finanzas de St. Edward’s University, experto de la red @ESG_Latam.
Referencias:
ESG Latam, Net zero: una oprtunidad de inversión.
Naciones Unidas, De Estocolmo a Kyoto: Breve historia del cambio climático.
Naciones Unidas, La Agenda para el Desarrollo Sostenible.
The Guardian, Domino-effect of climate events could move Earth into a ‘hothouse’ state.