Joel Aguirre · 29 de julio de 2026
Por Xally Harumi Kauil Delfin*
Hoy en día existen 2,968 niñas, niños y adolescentes que se encuentran en la espera de tener una familia, de acuerdo con datos proporcionados por el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF). Esto es una clara muestra de la ineficiencia del sistema y de cómo un proceso fundamental para garantizar derechos de uno de los grupos más vulnerables se encuentra en el olvido. Lo que habla por sí mismo del lugar en el que se encuentra el país en la actualidad.
Se dice que este proceso está en el olvido como resultado de quedarse atrapado en el pasado; con esto se hace referencia a que durante 20 años no ha existido reforma alguna en el proceso de adopción, lo cual es indignante para el derecho porque este debe de ser cambiante para atender las necesidades de la sociedad actual. Por ende, al no existir cambios significativos en este proceso, se deja a la deriva. Es evidente que la sociedad actual no es la misma que hace 20 años.
Adicionalmente, hay que resaltar que este problema sistémico se sostiene en los estigmas y prejuicios que existen alrededor de este tema en el ámbito social, ya que, por mucho tiempo, pasar por un proceso de adopción era razón de burla y discriminación. Y aunque este problema ahora no se presenta con la misma regularidad, sí existe otro que está más presente: la lástima y la conmiseración. Ello debido a que, cuando alguien adopta, la sociedad lo ve como si le estuvieran haciendo un favor al niño o a la niña cuando en realidad no es así porque todos gozamos de los mismos derechos. El resultado de estos prejuicios y la desinformación provoca que la sociedad le ponga una barrera al tema, donde la gente interesada en adoptar no quiera intentarlo.
La respuesta a este problema sería una reforma y uniformar el proceso de adopción en todo el país, siguiendo esfuerzos como los vigentes Lineamientos en Materia de Adopción del SNDIF. Y si bien es la mejor solución, es una realidad que no es la más eficaz, ello porque esperar a que el Congreso reforme el ordenamiento jurídico lo hace tardado y, al ser un tema delicado por tratarse de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, se debe buscar una vía más rápida e incluso prioritaria.
Por lo que una solución alterna es dar difusión y promoción de la realidad de este sistema. Lo indignante acerca del hecho es que en más de 20 años no exista reforma alguna y, sobre todo, la cantidad de cada uno de esos niños en la espera de una familia. Hacer ruido acerca del tema puede generar presión en el Estado para que agilice el proceso y se desencadene así un futuro digno para todos aquellos niños, niñas y adolescentes. No hay acción pequeña: lee, infórmate y alza la voz. En la sociedad está la responsabilidad de hacer la diferencia.♦
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*Xally Harumi Kauil Delfin es estudiante en la licenciatura en Derecho con vocación en derechos humanos. Ha participado en el Concurso de Derechos Humanos “Sergio García Ramírez”, es voluntaria en causas sociales y actualmente realiza su servicio social como auxiliar de investigación en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán.