Del activismo y la investigación

blogeditor · 22 de agosto de 2017

Del activismo y la investigación

Por: Anne-Julie Kerebel

El activismo es polimorfo y a menudo fuente de discusiones agresivas: nocivas o generadoras de avances sociales. Pero ¿es de todos y para todos?

Según Larousse:

Activismo: A. Sistema de conducta que privilegia la acción directa, en particular en el ámbito político y social / B. Actitud moral que insiste en las necesidades de la vida y de la acción y en compromisos con principios demasiado estrictos.[1]

Formar parte de una sociedad, como individuo, es actuar. Todos actuamos, aunque de forma y con grados y fines distintos. Muchos de nosotros incluso somos activistas; empeñados y directos, o sutiles e implícitos… Nuestras tomas de posición cotidianas nos llevan a pelear por derechos, por un modelo social, económico, político y sus convicciones respectivas, mismos que queremos ver aplicados en nuestras vidas y, de ser posible, en las de todos los demás.

El activismo es… artístico, cinematográfico: cuando se premia 120 battements par minute[2], de Robin Campillo, por el Grand Prix de Cannes. La película francesa retrata en sus golpes, humor negro, entusiasmos, rabias y decepciones, el combate de la asociación civil Act Up Paris, a principios de los noventa, contra el SIDA y en pro de su reconocimiento (por gobiernos e industria farmacéutica) como epidemia mortal entre la comunidad homosexual. La película se posiciona de forma radical, como activista actual, agradeciendo a los activistas de la época. “Se estrena en los cines franceses este miércoles 23 de agosto, prometiendo ser detonadora, veinte años después, de otros debates mediático-sociales y de sus repercusiones positivas (o negativas) correspondientes”. Estemos atentos y no la dejemos de ver cuando llegue a nuestras salas en México.

El activismo también es… comercial, y se inserta sutilmente en campañas de comunicación de marcas. Mientras Robin Campillo quiso recordar la importancia de los derechos (ante todo a la salud) de los homosexuales, Benetton ganó premios por su video clip denunciando la violencia de género, en asociación con ONU Mujeres[3]. Asimismo, en México, la editorial Larousse lanzó su campaña contra el acoso sexual, redefiniendo palabras asociadas a la violencia (tanto verbal como física) en contra de las mujeres: “Bombón es un dulce esponjado de azúcar, no una mujer.”, “No es no”[4]. Desde los transportes públicos, la campaña se hizo viral y se lanzó en otros países de Latinoamérica.

El activismo, en sí, es… social y por lo tanto polémico. A modo de respuesta a la campaña de Larousse, otro componente del cuerpo social que forman las organizaciones civiles entró a la cancha. El Frente Nacional por la Familia (que nació a raíz de la propuesta presidencial para reconocer las uniones entre personas del mismo sexo) reafirmó su activismo en contra de lo que llaman “ideología de género”, a la cual asociaron el propósito de la campaña Larousse, plagiándola: “No es no, Sí es sí, Mamá es mamá, Papá es papá, Niño es niño, Niña es niña, Biología es biología”[5], difundiendo su firme oposición al matrimonio igualitario, al aborto, etc.

El activismo cumple un rol de detractor social, agente del cambio o guardián del orden establecido. Desde las artes hasta las organizaciones civiles -habituales organizadoras de movimientos sociales-, pasando por campañas marketing, tomar posición y actuar en pro del cambio social y/o del mantenimiento de ciertas normas es el pan de cada día de los activistas. Serlo también implica luchar contra la desinformación y la estigmatización, tener un impacto positivo en las estructuras y normas. En este sentido, el investigador, tanto en marketing como en ciencias sociales, ¿puede asumir un papel de activista?

El investigador, ante todo, se dedica a leer la sociedad, de la cual es parte. Se acerca a las realidades del cotidiano a través de métodos distintos que le permiten palpar tanto las grandes estructuras como los debates de hogar. Al escucharlas y analizarlas, genera sabiduría. Pero esta sabiduría o conocimiento ¿tiene vocación de utilizarse para la acción (activismo) buscando repercusiones concretas, o es un saber, una información que se pone a disposición de los demás actores sociales?

Si vemos la investigación del lado positivista, es decir persiguiendo la mayor objetividad posible, se trata de buscar los hechos o causas de los fenómenos sociales independientemente de la subjetividad de los individuos (creencias, valores…) tanto de los investigadores como de los investigados[6]. Lo cual resulta más fácil en las ciencias duras, donde distanciarse del objeto de estudio es posible. Sin embargo, el investigador, siendo parte de la sociedad que estudia, no puede pretender desprenderse del todo del molde cultural y social en el que vive.

¿El Investigador podría ser aséptico?[7]. La respuesta sería negativa si consideramos la necesaria e inevitable participación del investigador en las relaciones sociales, con sus presupuestos culturales, la influencia de su formación académica, sus opiniones y valores. Esta subjetividad es con la que, como individuos, los investigadores perciben las realidades, por ser parte de la sociedad que investigan, y son partícipes y portadores de sus valores. Por ende, no pueden realizar su trabajo al margen de cualquier ideología o modelo de pensamiento. Según esta visión, las recomendaciones que formula el investigador se tintan del color de su pluma. Entonces, el posicionamiento es inevitable, aunque no siempre requerido o deseado por parte del investigador.

El investigador, generalmente, no busca trasladar a sus clientes su subjetividad al abordar los proyectos, sino por el contrario, plasmar el análisis de la realidad de una manera objetiva -en la medida de lo posible-; el consultor, por su parte, privilegia la obtención de soluciones eficaces a partir del análisis realizado (también “objetivo”). Sin embargo, ni uno ni otro pueden ser totalmente asépticos, y podríamos incluso afirmar que no deben, pues la empatía que implica ser parte de la sociedad auscultada es una forma de acercarse más y mejor a la realidad de los informantes/individuos y obtener insights más potentes y reveladores.

¿Podemos entonces los consultores-investigadores asumirnos como activistas? Creo que sí, a nuestra manera, de una forma a veces no tan explícita…. Pero asumiendo que, con nuestra actividad diaria, transformamos la sociedad que nos rodea, en mayor o menor medida.

Pero no es necesario ser investigador, ni consultor, ni artista o miembro de una asociación civil para estar activos en nuestra sociedad y luchar por lo que creemos. Hay muchas formas de hacerlo, elijamos la nuestra. La investigación es la mía.

 

@LexiaGlobal

 

[1] Diccionario Larousse.

[2] Trailer de 120 battements par minute, Robin Campillo.

[3] Campaña contra la violencia de género, por Benetton y ONU Mujeres.

[4] El Universal, Campaña de Larousse en contra del acoso sexual de las mujeres.

[5] Buzzfeed.

[6] Juan Baez y Pérez de Tudela, Investigación cualitativa, Madrid, 2007.

[7] Idem.