Activismo azaroso e itinerante

Daniel Gershenson · 22 de noviembre de 2010

Activismo azaroso e itinerante

Parafraseando al paradigmático poeta francés que vivió demasiado joven y murió anticipadamente viejo: Saludo a mis semejantes. A mis herman@s.

Hasta ahora, la ciencia y arte del blogueo no ha sido mi fuerte. Agradezco la generosa oportunidad que me ofrece el joven y talentoso equipo de Animal Político, esperando sinceramente no defraudar.

El activismo itinerante y azaroso que llevo a la práctica desde hace algunos años, quizá se preste más a la frase espontánea que a una reflexión extensa. La naturaleza del medio elegido: pocas veces la computadora, en su lugar un teléfono móvil ‘inteligente’ que funge como oficina, cámara y diván o confesionario portátil (junto con el auge de plataformas sociales como Twitter, que privilegia la brevedad por sobre todas las cosas), abona también en ese sentido.

He intentado retratar -con escasas posibilidades de éxito, lo admito- aquellos contrastes que a veces escapan a nuestra visión periférica en este gran enjambre-ciudad (y nación) que me apasiona y exaspera por partes iguales.

El siempre cambiante vínculo yin/yang que tenemos con el entorno y la ilimitable voracidad de empresarios y políticos por agandallarse absolutamente todos los espacios (a costa de nuestro presente, pasado, futuro, economía, calidad de vida, salud y derecho a un medio ambiente sano), son temas que pueden justificar una inmersión profunda, ante la necesidad personal de compartir opiniones menos efímeras.

En fin: que espero con el tiempo someter a dieta rigurosa tanto rollo mareador. Para ese propósito, les pido a ustedes un poco de indulgencia. Ojalá que el actual trayecto que apenas inicia, sirva como pretexto para aprender juntos que nuestros problemas compartidos sí tienen solución. Cuestión de sumar esfuerzos y aplicar buenas dosis de perseverancia.

Ayuda mucho perderle el miedo a las causas que construyen ciudadanía. Ser fieles a nosotr@s mismos, y exigirnos -con idéntico rasero que aplicamos a gobiernos y proveedores- un Contrato Social que nos enaltezca, y del cual hemos sido consistentemente excluidos a lo largo de la Historia.

Goya era gran pintor y mejor profeta. En efecto: El sueño de la razón produce monstruos.

Algunos ejemplos, de botepronto.
Empresas concesionadas monopólicas o cartelizadas que fastidian impunemente -como no pueden hacerlo en otros países, pero sí en el nuestro- a millones de usuarios/rehenes con precios altísimos y pésimo servicio. Nula regulación: desinterés y complicidad manifiesta desde el gobierno.

Proveedores públicos de energía eléctrica ‘de clase mundial’ que devastan sin pudor el patrimonio ambiental que sobrevivió a asonadas, terremotos, inundaciones y otros desastres naturales, pero que se extingue ahora mismo -sin remedio a la vista- ante nuestros ojos.

Funcionarios inescrupulosos, en todos los niveles. Alcaldes-faraones ‘verdes’ y sus valedores seudoecologistas que abren la llave de la destrucción de áreas naturales (con el consiguiente caos vial e inmobiliario) en una urbe ‘progresista y de vanguardia’ en la que escasea el agua; que construyen carreteras anacrónicas por encima de las contadas reservas hídricas en el Valle de México, y que ‘permiten’ el ‘rescate’ de cientos de miles de árboles, derribándolos. Que presiden Asociaciones Mundiales de políticos ‘sustentables’, y organizan fastuosas Cumbres destinadas a exhibir las miserias de un discurso totalmente desconectado de la realidad ecocida que nos toca vivir. Evento donde, por cierto, se criminaliza la protesta social ante innumerables ultrajes a la naturaleza, y se arresta con cargos absurdos a aquell@s que no osan compartir esta visión chata, contradictoria e interesada.

Requerimos antídotos sociales contra simulaciones metódicas. Frenos institucionales a los abusos e injusticias que no tienen que seguir siendo nuestro estoico destino.

Se acaban los términos de referencia. Falta poco para llegar a la meta. Recapitulo: mi única encomienda es atisbar las espesas mismas de nuestra entropía mexicana. Aportar un mínimo testimonio, que se propone ser útil y ameno.

De nueva cuenta y para tod@s: gracias anticipadas, saludos cordiales.