blogeditor · 8 de marzo de 2019
Durante 2018 vimos una serie de movimientos a nivel mundial que denunciaron distintos niveles de violencia de género en esferas laborales y estudiantiles. En México, las compañeras del CIDE, El COLMEX y la UNAM denunciaron sus casos particulares. Sin embargo, el ITAM había logrado pasar desapercibido, pero el acoso que sufren las estudiantes es cada vez más grave y las medidas se quedan cortas.
El año pasado la organización estudiantil y feminista del ITAM, Cuarta Ola, hizo una campaña para recolectar testimonios de miembros de la comunidad que fueron víctimas de acoso. En apenas unos días lograron recabar 130 testimonios. Concluyeron ahí mismo que el 43% de los casos de hostigamiento fueron perpetuados por profesores y 45% de los casos se dieron en los salones de clase.

Tiempo atrás colectivos estudiantiles habían presentado una serie de propuestas sobre las cuales trabajar un protocolo. Estas propuestas habían sido discutidas y entregadas a las autoridades del ITAM para que se tuvieran en cuenta durante la elaboración del documento.
En 2017, luego de entregar el primer borrador del protocolo, los colectivos presentaron propuestas de mejora a este documento pero a finales de 2017 el Consejo de Alumnos Expande publicó en su página de Facebook el mismo documento que el ITAM había proporcionado previamente.
A pesar de nuevas recomendaciones para mejorar el documento y de promesas del ITAM por revisarlas, en noviembre de 2018, y bajo presión mediática, la universidad hizo de acceso público el protocolo en cuestión así como al formato de denuncia. El documento publicado en 2018 no tiene ninguna diferencia sustancial con el publicado durante 2017.
Lo anterior nos ha hecho pensar a las autoras de este texto –exalumnas y víctimas de acoso por parte de profesores– que el ITAM no pretende hacerle frente a un problema que excede niveles impensables y que ignora deliberadamente las demandas de su comunidad. Le pide a las víctimas que denuncien con base en un protocolo de acoso falto de perspectiva de género y de acompañamiento a la víctima.
A continuación se enlistan los problemas y las omisiones que hemos encontrado en el protocolo:
¿El ITAM va a frenar el acoso institucionalizado llamando a las víctimas a denunciar sin acompañamiento legal, sin perspectiva de género, sin protección durante el proceso y sin garantías de acceso a la justicia? No queda duda de por qué la mayoría de las víctimas prefiere no denunciar: no confían en las autoridades del ITAM.
Luego de revisar el protocolo, creemos que las demandas son claras y que hay puntos fundamentales que se tienen que revisar a la brevedad, es decir, las alumnas no queremos tardar otros seis años en ser escuchadas.
Nos cansamos de ver cómo ignoran el problema y siguen protegiendo a esos que todas sabemos que acosan. Confiamos en que si realmente les interesa la comunidad, las autoridades escucharán. No vamos a seguirles cubriendo la espalda, si los nombres y las denuncias de todas aquellas que fuimos acosadas se tienen que hacer públicos para que el ITAM asuma su responsabilidad en esto, nos faltará tinta.
* Algunas exalumnas del ITAM.